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  CON TODO EL PODER DE LA INFORMACIONManagua, Nicaragua - Viernes 09 de Junio de 2006 - Edición 9273
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La vieja izquierda frente a la nueva izquierda en América Latina


Hay dos maneras de interpretar los últimos resultados electorales en América Latina. La primera y más obvia es que el supuesto giro a la izquierda está perdiendo fuerza rápidamente. En las últimas semanas el ultranacionalista Ollanta Humala, un clon del presidente venezolano Hugo Chávez, fue derrotado en el Perú; el conservador Álvaro Uribe obtuvo una arrolladora victoria en Colombia, con un 62% de los votos; y Andrés Manuel López Obrador ha perdido terreno en vista a las elecciones presidenciales del 2 de julio en México. Todos estos sucesos parecen contradecir la tendencia hacia la izquierda en América Latina.

Sin embargo, es posible mirarlos de otra manera. Sí, el presidente Uribe ganó la reelección, pero la gran sorpresa en Colombia fue el fin del sistema bipartidista que había dominado el país por décadas, y el surgimiento del izquierdista Polo Democrático como la segunda fuerza política de la nación.

De manera similar, si bien Alan García ganó en el Perú, no proviene de un partido de izquierda dura que ha terminado por seguir el buen camino (como Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y Tabaré Vázquez en Uruguay). Pertenece al APRA, partido fundado en los años 20 por Víctor Raúl Haya de la Torre y que sigue siendo una de las organizaciones populistas más antiguas y anacrónicas de la región.

Al igual que Chávez en Venezuela, Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y López Obrador en México, el presidente García pertenece a la izquierda no reestructurada que tiene sus raíces en la gran tradición populista de América Latina. Puede haber aprendido varias lecciones de su desastrosa presidencia en los años 80, pero está mucho más cerca de la izquierda equivocada que de la correcta. En México, López Obrador ha repuntado en las encuestas en los últimos días y, mostrando su verdadera cara, ha comenzado a prometer el cielo y las estrellas al electorado mexicano.

De hecho, las tendencias más importantes ocurridas en América Latina en los últimos tiempos pueden encontrarse no tanto en los resultados electorales, sino en las crecientes diferencias entre modernizadores y revanchistas, entre intereses nacionales e ideología. Mientras Morales se entiende con Chávez y Fidel Castro más rápido de lo que la mayoría esperaba --nacionalizando el gas natural de Bolivia, invitando a una gran cantidad de médicos y asesores cubanos a su país y firmando incontables acuerdos de cooperación con Venezuela-- está también generando mayores tensiones con Brasil y Chile.

Ambos países son sus vecinos y, al menos en teoría, sus gobernantes son sus hermanos de ideología. No obstante, las diferencias entre la izquierda moderna y la arcaica, y los intereses nacionales opuestos de los tres países, parecen estar jugando en contra de las afinidades políticas más superficiales.

Por ejemplo, Saõ Paulo, el centro industrial de Brasil, hoy depende del gas natural boliviano para casi todas sus necesidades de energía. Como resultado, Petrobras, la compañía brasileña de energía, ha invertido enormes sumas en Bolivia en todo tipo de áreas, desde la exploración hasta el tendido de tuberías. Ahora, con la elección de Evo Morales, de un día para el otro se ha nacionalizado la principal fuente de gas natural de Petrobras.

De hecho, los derechos locales sobre la producción de gas boliviano se están elevando en más de un 50%, y el precio que Bolivia cobra a los clientes extranjeros bien puede duplicarse. Los contratos no se están observando y los técnicos y abogados de Pdvsa, el gigante petrolero venezolano, están auditando las instalaciones de Petrobras en Bolivia. Lula quiere ser amable con Morales, pero no puede ser cordial con su vecino expropiador y al mismo tiempo tener contentos a los industriales y consumidores de Saõ Paulo.

Fricciones parecidas están ocurriendo con Chile. La presidenta Bachelet quisiera solucionar el problema del enclaustramiento geográfico de Bolivia, cuya falta de acceso al Pacífico se prolonga por más de un siglo, pero está viendo que esta tarea es más compleja de lo previsto, a medida que Morales aumenta los precios del gas y reduce las exportaciones de este recurso a Argentina, el mayor proveedor externo de energía de Chile. Tampoco ayuda mucho la retórica de Morales: acusar a los Estados Unidos de intentar asesinarlo, como hizo la semana pasada, no lo hace demasiado querido entre las elites de un país que ha firmado un Tratado de Libre Comercio con EU y cuya presidenta pronto visitará Washington.

De todos modos, puede que la alianza estratégica de Morales con Cuba y Venezuela dé respuesta a los intereses nacionales inmediatos de Bolivia. Por otra parte, la descarada injerencia de Chávez en las elecciones peruanas puede haber hecho que García se aleje tanto de él que realmente se convierta en un socialdemócrata al estilo europeo, y López Obrador puede cumplir sus promesas de respetar el Nafta, adherir a la ortodoxia macroeconómica y buscar mantener buenas relaciones con los Estados Unidos.

Sin embargo, la división entre las dos izquierdas de América Latina se hace más profunda cada día. Es inevitable, ya que la ruptura está impulsada por el simple reconocimiento de que los gobiernos responsables deben poner los intereses nacionales por delante de la nostalgia, la retórica grandilocuente y las ideologías estridentes.

Jorge G. Castañeda, ex ministro de Relaciones Exteriores de México (2000-2003), es profesor benemérito global de Política y Estudios latinoamericanos en la Universidad de Nueva York.

Copyright: Project Syndicate, 2006.

www.project-syndicate.org



Comentarios de nuestros lectores

Maximo Treminio.
Lo tangible son las grandes desigualdades sociales a partir de la acumulacion de riquezas en manos de unos pocos y por otro lado las grandes mayorias son mas emporbrecidas cada dia.

La tal division de la izquierda no existe en terminos de: dura y otra suave. Las diferencias tienen un contexto tactico, que se expresan en la concepcion ,de como; se debe ejecutar cada paso para lograr la equidad y la justicia social y por ende resolver el problema de las desigualdades. La izquierda seguira siendo unidad en terminos estrategicos y los interesados en crear division, experimentaran metodos ; como ese de izquierda suave y dura.

Ahora la social democracia tiene sus propios conceptos gallo-gallina, que en determinado momento coincidira temporalmente con un izquierda real. Ojo; que esta retorica al estilo Jorge Castañeda, lo que pretende es dividir a la izquierda, sobre todo en escenarios electorales en donde por la via del voto pretende alcanzar el poder; tal es el caso en Nicaragua en donde una agrupacion que tiene como candidato a Herty Lewites , persigue retarle votos al FSLN .


Shahib Pedroso
Ahora resulta que el ex-canciller de Fox, es el que sabe la diferencia entre arcaico y moderno. Lo que dice son un montón de tonterías ideológicas, caracterizados por la división entre buenos y malos, que nunca funciona para explicar la política.
Espero que esto no sea el catecismo de Herty, aunque se le parece bastante.


Jesus Escar
El discurso de Nueva Izquierda en contraposición a la Vieja Izquierda parece sacada de alguna novela de Hitchcock, buscando el lado misterioso y de suspense, sin olvidarnos el mensaje subliminal que acarrea, como bien podría ser el de deslegitimar cualquier cosa que se haya formado antes de lo nuevo, si bien yo me pregunto: ¿qué es lo nuevo?, si ya casi todo esta inventado sobre todo respecto a lo concerniente a las formas de comunicación y los estudios del comportamiento de las sociedades, casi nada es imprevisible exceptuando la muerte.
Al final lo que vale no es lo nuevo sino el cómo lo van a poner en práctica, además de las capacidades y alcances de los nuevos valores en alza, sin embargo en Nicaragüa lo nuevo se parece a lo de siempre, tanto la Izquierda como la Derecha. Por poner un ejemplo, la derecha entro a gobernar este país vendiendo el cuento de lo nuevo, así vino uno y otro, pero todos lo mismo, robaron faraónicamente, se lucraron y continuan riéndose del pueblo, como en la época pasada de donde son originarios y de lo que se amamantaron ideológicamente.
Si a estos neoliberales herederos de la derecha presandinista, ya se les dió la oportunidad para cambiar Nicaragüa y gobiernan desde 1990 siendo su lema la novedad, pues habrá que pensar si mejor regresamos a los 80, para reformar lo viejo y mejorar las cosas que se tenían pensadas, osea que todos tenemos otra oportunidad, aunque hay unos que no la aprovechen para bien, esos tenemos que cambiarlos no por viejos y caducos, sino por corruptos y malas personas.




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