Fotografía de Elena Poniatowska
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| Elena Poniatowska. |
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Eunice Shade
Su curiosidad llegó hasta mi pueblo y su gente. Me escaneó la mirada, la voz, la forma de empuñar la pluma y anotar. Pero mi curiosidad y mi sorpresa eran mayores y de otra índole. Este cuento empieza así:
Vive en una casita tapizada de flores por fuera. En el interior abundan los libros. Retengo en mi memoria adornos de porcelana china. El cuadro de una muchacha perdida en naturaleza amarilla me recibe elocuente en la sala de estar. Mientras espero alcanzo a distinguir un libro nicaragüense: Soles de eternos días.
Ella aparece y la primera impresión es diáfana. Pero también profesional. Ella responde como si conociera de antaño las preguntas, o tal vez mis preguntas fueron las mismas de siempre. A pesar de eso, y sin saber exactamente el misterioso origen de situaciones similares que bien pueden acabar en la cortesía indiferente, me atrevería a decir que hubo una chispa de simpatía mutua. Tal vez porque ella, además de narradora hasta la médula, es cronista y entrevistadora. Y según constaté de las más atrevidas. Entonces puede ser que un destino se cruce con otro en algún momento, puede ser que el pasado y el presente se encuentren en un punto, porque en Elena Poniatowska encontré una de las piezas paradigmáticas que faltaba en mi rompecabezas. Y eso que debo confesar que su parentesco con la realeza y con esos capítulos opulentos y dorados de familias europeas destronadas me pone los pelos de punta, es decir, me repele, me ahuyenta, me prejuicia. Pero después de conocerla la percepción cambia. Me recibe sencilla, como el color gris, sin atavíos relucientes ni ademanes ensayados. Elena a secas, sin título real, sin más corona que su cabello cano y libre al viento muerto del DF.
Hace muchísimo tiempo su tataratataratatarabuelo, Stanislaus Augusto Poniatowski, fue rey de Polonia y, según la tradición, todos los descendientes heredan los títulos de príncipes o princesas. Elena nació en Francia. Su padre se llamaba Juan E. Poniatowski y su madre Paula Amor, ambos, se conocieron en París. Elena vino a México desde muy pequeñita porque su madre era mexicana, pero también era de París. Desde entonces, Elena se reconoce y se siente ciento por ciento mexicana.
A pesar de su pasado real, a Elena nunca le ha preocupado defender los intereses de grupos aristocráticos. Más bien todo lo contrario. ¿Por qué? ¿No le gusta su pasado? ¿Lo reniega? “No, simplemente tengo conciencia de vivir en un país muy pobre donde hay grandes injusticias y yo siento que las padezco en carne propia y por eso me he interesado en ellas”. Pero cómo nace su interés por narrar historias que nada tienen que ver con castillos encantados, le pregunto.
“A mí me enseñaron a hablar español las personas que trabajaron en mi casa, que eran muchas mujeres; yo las acompañaba, las escuchaba, subía la azotea con ellas, recuerdo que se lavaban el pelo en los tinacos y me parecía fascinante todo lo que contaban, de ahí nace mi interés, y de ahí escribí la novela “Hasta no verte Jesús mío”, que narra la vida de una soldadera. En México a las soldaderas las llamaban colchones de tripa del ejército, de los capitanes, y a estas mujeres no se les agradecía nada, las consideraban como prostitutas que seguían a la tropa, y la verdad es que sin ellas no habría habido revolución, porque los soldados hubiesen desertado. Estas mujeres tenían a sus hijos, hijos de soldados, en la trinchera, hacían la comida y cuando los soldados morían ellas tomaban el máuser y disparaban, así que las heroicas soldaderas son importantes en México. Yo quise mucho a estas mujeres”.
Pero a usted de verdad nunca le atrajeron los castillos, ese mundo de nobles, continúo insistiendo. Y ella piensa un segundo y prosigue. “No, nunca me importó, aunque cuenta mi madre que un día me encontró rezando en un campo... y ella me preguntó con cariño así como se les pregunta a las niñas: Mi amor, ¿porqué tienes los ojos tan azules?, ¿por qué eres tan rubia?, y dice que yo le respondí: Porque voy a ser reina de Polonia”.
¿Y cómo anda su polaco? “No hablo polaco. Sólo sé decir algunas palabras, como “techo”, “piso”, “leche”, “pan”, y si me hablan en polaco tampoco entiendo nada. Supongo que si estuviera ahí aprendería a decir “buenos días” y cosas de ese tipo, pero aún así creo que no podría hablarlo”. Y Polonia, cómo está Polonia, los fantasmas de Polonia. “Fui una vez de visita en 1965 y yo no podía tener fantasmas, mi madre seguramente sí. A mí me invitó el gobierno polaco y yo le dije a mi madre que viniera, las dos teníamos interés en ir. Polonia estaba muy herida por los cambios, dicen que ahora ha cambiado mucho. Me encantaría volver a ir”.
Y así pusimos punto final al tema de las raíces. Entonces la interrogué sobre asuntos personales y accedió, dijo que amaba su casa, su jardín, sus amigos y que siempre trataba de hacerse una rutina: “porque el mejor remedio contra las dificultades de la vida es crearse una disciplina, la disciplina que nos enseñaron las monjas en la escuela, sobre todo en mi caso que tengo tendencia a pajarear”.
También habló de su miedo y aseguró que siempre lo conserva, igual que la inseguridad y la poca fe en uno mismo: “Después de tanto tiempo sigo teniendo miedo, en especial cuando voy a hacer una entrevista, porque me da curiosidad y me pregunto si será buena o mala gente, si me tratará bien, si me dará café y todos los terrores que uno tiene”. Pero de esos terrores la muerte no forma parte y de nuevo evoca a su madre. “Mi madre esperó la muerte con mucha tranquilidad pero era muy religiosa y tenía varios muertos, y creía que los vería en el cielo. En mi muerte, pienso que ojalá tenga fuerza para esperarla con dignidad y pienso que moriré antes que mi madre, ella murió a los 92 años, pero no trabajó tanto”.
Y las voces interiores van apareciendo de una en una, Elena dice que le da coraje, rabia, desesperación, envidia. “Como a todos me salen mal las cosas, me caigo en una alcantarilla, se me tira la leche”... “lo importante en este tren de la vida es saber subirse, no tenerle miedo, no bajarse de inmediato, hay que quedarse en el tren, tomar decisiones y ser valiente y vivir en función de los demás, porque es muy triste vivir para uno mismo”. En mi cabeza resuena su formación en una escuela de monjas y le pregunto si esa formación afecta su apreciación sobre ciertos temas tabú para la iglesia.
“Bueno, yo no practico, pero si usted ve, vivo al lado de una iglesia, la de San Sebastián Mártir, una iglesia pequeña y bonita del siglo XVI. Dicen que está dedicada a los homosexuales, aunque no creo haber visto por allí a ningún homosexual, porque San Sebastián es el patrono de los homosexuales; le dispararon flechas en todos los órganos menos los vitales. Yo nunca he discriminado a un homosexual, ¡Ay no, Dios mío! tengo miles de amigos y también amigas lesbianas que adoro”. Elena Poniatowska y la política mexicana-Usted estuvo muy metida en la campaña del PRD, y el PRD fue derrotado...
“No lo considero una derrota, yo creo que se hizo una campaña extremadamente sucia para desacreditar a Andrés Manuel López Obrador, una campaña de los empresarios, se gastaron cantidades enormes de dinero, se amenazó al pueblo, se le metió terror, miedo, se aterrorizó al pueblo mexicano. Les decían a la gente: “Si ustedes votan por López Obrador perderán su casa, su cama y ya no tendrán dónde vivir. Se hizo una campaña sucia, se invirtió mucho dinero para aterrorizar a la gente”.
-¿Cómo es posible que amenazas y campañas de este tipo sean legales?
“Pues yo creo que en Estados Unidos se practican este tipo de cosas, pero yo creo que aquí los empresarios tuvieron terror a Juan Manuel López Obrador y a un gobierno de izquierda, creo que perdieron la brújula, la decencia y la honestidad con tal de que no ganara un gobierno de izquierda”.
-Usted salió en la televisión apoyando al PRD...
“A mí me insultaron en la televisión porque hice unos spots defendiendo a López Obrador, y manipularon esos spots para tergiversarlos e insultarme y la campaña de los empresarios en contra de López Obrador también se convirtió en una campaña en contra mía”.-¿Considera que la elección fue un fraude?“La elección fue un fraude, es obvio. No sólo por parte de los empresarios sino por parte del propio gobierno del Presidente Fox, que no vaciló en hacer campaña personal en contra de López Obrador”.
-¿Usted cree que pese a la manipulación mediática de parte de los empresarios, López Obrador tendría posibilidades de ganar en las próximas elecciones presidenciales?
“Yo no soy pitonisa para saber si López Obrador se relanzará de candidato en el 2012, probablemente habrá otros, probablemente Marcelo Ebrard, el actual jefe de gobierno, y Lázaro Cárdenas y alguno que otro que se saquen de la manga”.-¿Apoyaría de nuevo a López Obrador?“Yo estoy dispuesta a apoyar en todo, aunque finalmente mi oficio es escribir; pero hace poco estuve en una reunión en San Luis Potosí, sede donde se reúnen los partidarios de López Obrador”.
-¿Los escritores deben involucrarse en la política...?
“Cada quien sigue su afición y su inclinación, cada quien tiene su conciencia, aunque finalmente la primera obligación de un escritor es escribir bien”.Hasta pronto, Elena Después del paréntesis político hablamos de otras cosas. De su faceta como entrevistadora. Y me dijo que le encantaría entrevistar a Nelson Mandela. “Siempre he tenido mucha admiración por él”. También le hubiese encantado conversar con una filósofa francesa, Simone Weil. “Luego me dicen que es toda una abogada del sufrimiento, ella renunció a todo, nunca se hizo católica, era judía”. No estoy segura cómo pero de Simone Weil nos trasladamos a Costa Rica y hablamos buen rato de Carmen Naranjo, creo que recité un poema de Carmen Naranjo que a ella le gustó mucho.
El mismo procedimiento usamos para cambiar de tema y de Carmen Naranjo pasamos a García Márquez. Ella reveló un dato interesante: “A mí García Márquez me contó que a Remedios La Bella la levantó por los aires porque estaba cansado de su novela, entonces subió a la azotea y vio que una muchacha trataba de amarrar una sábana con unas pinzas porque la sábana se volaba con el aire, entonces él dijo: “voy a poner a volar a Remedios La Bella”.
Elena Poniatowska recién cumplió 75 años y adelantó que se va alejar de sus compromisos para terminar una novela que ya tiene empezada porque para escribir una novela, asegura, “hay que dejarse poseer por la novela, y yo me voy a dejar”.
Nuestra platica terminó con los pobres de México y de Nicaragua, con personajes marginales de países imposibles de creer. Luego un silencio pareció recordarnos algo.
Chimalistac, Distrito Federal, México,
Mayo 24 de 2007.
Comentarios de nuestros lectores LUISIN
Interesante entrevista a tal ilustre escritora. Cosas de la vida. Cada vida es una escuela y siempre se aprende algo interesante.
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