Luz y sombra del desierto
(Mira si yo te querré, de Luis Leante) Moisés Elías Fuentes
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| El escritor español Luis Leante. |
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Mira si yo te querré (Alfaguara. Santillana Ediciones Generales, México, 2007. 308 pp.) relata la historia de dos pérdidas: la del Sahara español y la de un amor. Escribí pérdidas pero mejor debería escribir desencuentros, porque se trata del desencuentro de España con su realidad a la muerte del dictador Francisco Franco, y del desencuentro de dos amantes que sólo llegan a conocerse plenamente cuando son un par de desconocidos que deambulan entre las jaimas de una comunidad saharaui en Argelia.
Premio Alfaguara de Novela 2007, Mira si yo te querré marca los diez primeros años de existencia del Premio, y la segunda ocasión en que es entregado a un narrador español –en 1999 lo recibió Manuel Vicent, por Son de mar-. Escrita por Luis Leante (España, 1963), Mira si yo te querré insinúa las huellas de dos Españas: la que, fastidiada de sí misma, decidió exiliarse del anquilosamiento franquista y tejer su propia historia, y la que fascinada por la ilusión de tener un futuro, decidió creérselo y construirlo.
Digo insinuar porque Leante no se preocupa ni se ocupa de reconstrucciones históricas improbables, pues la decadencia y la caída del franquismo y el subsiguiente “destape español” no podrían elucidarse cómodamente en una novela que no quiere ser profusa, aunque su tema, los encuentros y
desencuentros amorosos de la señorita de clase alta Monserrat Cambra y el mecánico de automóviles Santiago San Román, es en sí profuso. Leante insinúa porque a los lectores nos corresponde sentirnos o no aludidos por las insinuaciones, sentirnos o no heridos por los encuentros o los desencuentros. El lector debe o no identificar su historia en la historia de Montserrat y Santiago.
Hay competencia técnica en Leante, dominio de los recursos narratológicos para velar y develar la historia de Montserrat y Santiago, y para insertarla en el ocaso del franquismo, ocaso al que se rebelan y se le adelantan. Montserrat y Santiago viven y mueren en el lapso de unos meses su propio cenit y su crepúsculo, su “destape español” íntimo y el desconcierto y las incertidumbres de la libertad absoluta. Una “movida” no madrileña sino barcelonesa –“barceloneta”- que desemboca, como tantos amores que en verdad lo son, en una ruptura violenta, motivada por una causa intrascendente.
A otro escritor menos experimentado la trama de Mira si yo te querré se le habría ido de las manos, derivada quizá en páginas de informaciones farragosas, o, en el otro extremo, en cursilerías autocomplacientes. Pero Luis Leante es un escritor con oficio y oficioso que se puede dar el lujo de ser deliberadamente cursi e históricamente impreciso.
Escritor con ojo cinematográfico, hecho al manejo de planos fílmicos y de rupturas de ritmo, Leante redacta una historia en diversos planos, de los generales en que ofrece una visión en perspectiva del Sahara revuelto contra el dominio español y la incursión marroquí, a los planos americanos en que advertimos a los enamorados viviendo y muriendo su mundo alterno en las calles de una Barcelona aún aletargada, mal preparada para recibir al mundo de la modernidad y la posmodernidad en que derivaría España tras el Pacto de la Moncloa.
Deliberadamente cursi, Leante hace que la historia de la aristócrata Montserrat y el plebeyo Santiago gire hacia las historias amorosas de la doctora Cambra y el doctor Alberto, y del legionario Santiago y la saharaui Andía, dos amores que de lo idílico pasan a lo común, lo corriente, lo llanamente fatal.
Contrapuntístico, en deuda con Mario Vargas Llosa –a quien rinde tributo a través del teniente Panta, comisionado para proveer de prostitutas al regimiento-, Leante mantiene con seguridad el ritmo narrativo y su discurso fluye líquido y arenoso a un tiempo, sin detenerse demasiado en el tiempo histórico, pues aunque se hace referencia a la muerte de Franco y al final del siglo XX, lo que interesa es la muerte de los individuos anónimos, la agonía intemporal de los amores vencidos.
Leante se torna deliberada y engañosamente impreciso al abordar la macrohistoria, pues los trazos son fuertes y decididos, puntillosos y hechos con convicción, pero sirven únicamente de telón de fondo para representar la microhistoria, siempre en primer plano. Los personajes anónimos, que pueden llamarse Santiago, Montserrat, Alberto o Andía, son los que trascienden, los que tienen una existencia factible ante los lectores.
Son los mejores registros de Mira si yo te querré. Sin embargo, también son anecdóticos. Dotado para la narrativa, Leante batalla muchísimo para mantener la verosimilitud del discurso, que apenas crece lo suficiente para tener una voz personal.
Mira si yo te querré es una novela sólidamente armada pero despojada de profundidad, a pesar de lo seductor de la trama. Me parece un acierto que el curtido Leante no ceda a la exposición histórica, así como es un acierto el juego contrapuntístico de la novela. Sin embargo, el autor desacierta al no permitir el crecimiento emocional de los personajes, hermosos en su ingenuidad y en sus arrebatos, pero inverosímiles, empobrecidos por clichés y poses de las que el autor no los desata y que a la larga devienen en lastres. Los saharauis devienen en legendarios habitantes del desierto y los españoles en dubitativos héroes de ocasión, y en ambos casos la evolución emocional ocurre a las malas, sin cadencia.
Dotado para la tensión dramática, Leante no pareciera estarlo para la creación de personajes consumados, lo que mengua un discurso por lo demás interesante y aun intenso. La anécdota se queda en anécdota, y los hechos se estancan en hechos. Desaparece el otro, y sólo queda lo evidente.
Mira si yo te querré es una novela sólida, pero menor, inteligente, pero sin los arrestos suficientes para ser más propositiva y lúdica.
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