La honrosa tarea de perpetuar Managua
Faustino Sáenz
Durante el acto de presentación del tomo 65 de su revista, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua reconoció a sus colaboradores y a quienes se acreditan la categoría de “managüistas”. Es decir, a personas y personalidades que han escrito sobre la capital de Nicaragua. O se han inspirado literariamente en ella. O han contribuido, a través de otros medios, a difundir su historia y a evitar que sus valores humanos se disuelvan en el olvido.
Para el Secretario de la Academia, Jorge Eduardo Arellano, esa tarea “no daña a nadie; al contrario, es honrosa para nuestra corporación”. Doce fueron los intelectuales (incluyendo dos mujeres) que recibieron dicha distinción. A saber, según el mismo Secretario:
“Erick Aguirre (Managua, 1961), el más joven de todos, por sus numerosos artículos y reportajes --siendo uno de ellos el de la experiencia de un pizarrero en el juego que Nicaragua le ganó a Cuba 2 a 0 el 3l de diciembre de 1972-- y, especialmente, por su novela Un sol sobre Managua (1999 y 2000). Mediante un entramado histórico y social, Erick rescata voces, retrata personajes del mundo literario y periodístico, evoca el terremoto del 72, critica la sociedad “made in USA” de los 90, facilitando a las nuevas generaciones la comprensión de su entorno y un examen profundo del pasado reciente.
Ignacio Briones Torres (Managua, 1927), el más viejo de todos, pero siempre combativo y vital, por su experiencia como excelente comunicador. A Nacho se deben, entre otras muchas, aportaciones históricas sobre Managua en sus Cuadernos de Impacto, aparte de incontables textos dispersos sobre el acontecer capitalino.
Bayardo Cuadra (Corinto, 1936), quien completó la biografía anotada y clasificada del tomo 65 de la RAGHN, por su empeño en mantener viva la tradición oral de nuestra capital y corregir caballerosamente las imprecisiones y datos erróneos que se nos escapan. Bayardo es casi ágrafo, pero su información es vasta. Así lo ha reflejado en su programa en Radio 580: “Perfiles de Managua”, que lleva ocho años de continua transmisión dominical, habiendo logrado una notable audiencia.
Adolfo Díaz Lacayo (Managua, 1940), por su estudio científico del último terremoto, su apoyo en la Alcaldía de Managua al rescate de su historia --traducido en el libro de Marcia Traña Galeano, que prologó-- y por su afán de genealogista. Las familias fundadoras de la capital ocupan un privilegiado lugar en sus investigaciones.
Mario Fulvio Espinosa (Nindirí, 1933), veterano cronista, por sus dos colecciones de anécdotas y recuerdos: Managua, la inolvidable 2001 y Cosas Veredes, Sancho amigo: Managua 1900 (2003). Naturalmente, la nostalgia preside esos relatos y recreaciones de la Managua de anteayer --finales del siglo XIX y principios del XX-- y la de ayer. La gente humilde --o sus personajes representativos-- es constantemente destacada por Fulvio.
Mercedes Gordillo (Managua, 1938) por hacer de nuestra capital su leitmotiv creativo. En efecto, si existe una narradora managüista de tiempo completo y de largo alcance, esa es Mercedes Gordillo, como lo ha revelado en cuatro de sus obras: El cometa del fin del mundo y otros cuentos (1994), Luna que se quiebra (1995) --testimonio sobre Agustín Lara en Managua--; Vida y milagros (2002) --fluida autobiografía-- y Una perfecta desconocida (2003).
Julio C. Miranda (Managua, 1952) por su constancia y entusiasmo para reconstruir la memoria histórica de nuestro béisbol. Julio no sólo ha publicado artículos interesantes en esa dirección. También ha concluido una monografía: 100 años del Bóer (1905-2005), mantiene --desde hace siete años-- en la radio 580 el programa “Glorias del Deporte” y organiza un evento anual cada último sábado de noviembre en honor y beneficio de esas mismas glorias.
Armando Ñurinda (Masaya, 1937), otro interesado en nuestras glorias beisboleras, por su obra de 300 páginas La novia del Xolotlán (1998), apreciable monografía sobre Managua, escrita “como un deber cívico”. Asimismo, un deber de la Academia de Geografía e Historia ha sido reconocer su esfuerzo compilatorio de información no exento de recuerdos personales, pues no es nativo de Managua. Armando ha vivido aquí la mayor parte de su vida: 68 años.
Joaquín Absalón Pastora (León, 1938), otra gloria del periodismo nacional, tanto radiofónico como escrito, por su obra Medio siglo de radio (2006). Se trata de unas memorias que su autor llama vivencias iniciadas en Managua como locutor de “La Voz de la América Central” a mediados de los 40, y comprende su labor consagratoria en “Radio Mundial”, fundada el 1 de marzo de 1948, como también algunas semblanzas de artistas y colegas.
Eduardo Pérez Valle h. (Managua, 1953) por sus variados e importantes aspectos históricos (entre ellos sobre el desarrollo del arte en la Managua de los años 30) y, sobre todo, por conservar, clasificar y digitalizar el archivo vertical (recortes de periódicos) más valioso del país, heredado de su padre, el historiador homónimo e ilustre miembro de la AGHN.
Roberto Sánchez Ramírez (Masatepe, 1940) por su sostenida labor promocional en la Dirección de Patrimonio Histórico Municipal y su difusión en reportajes especiales. Dos libros acreditan su labor: Cementerio San Pedro: resurrección del recuerdo (2004) y Tino López Guerra: cantor de la novia del Xolotlán (2006).
Finalmente, Marcia Traña Galeano (Chinandega, 1959) por ser la autora de la última obra de conjunto sobre la materia: Apuntes sobre la historia de Managua (2000). En trece capítulos, Marcia logró una síntesis que llenaría un vacío en la historiografía managüense, auxiliada por la revisión meticulosa y los comentarios de Aldo Díaz Lacayo. Además, elaboró en su práctica municipalista monografías de los barrios de Managua”.
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