Quedamos mano a mano
Pedro León Carvajal
He soñado que me habían crecido cuatro, seis, hasta ocho manos nuevas. Estas mis nuevas manos extras eran más largas, más ágiles, más fuertes que las originales. Por tanto, necesitaban ejercitarse mucho más.
Con dos de ellas yo me calentaba los sobacos, porque estaba haciendo demasiado frío. Sobándome, frotándome, palmeándome, calentaba mis costillas, mis ijares, la ingles, los alarmados compañones, que dijera César Vallejo. Mientras con otra mano zurda embarraba de pintura verde, morada y amarilla el retrato póstumo de unos que me habían odiado con ejemplar entusiasmo, hasta que un día se murieron.
Con otras dos manos de reserva yo batía palmas todo el tiempo, con energía sonora y rítmica. Pero tampoco se trataba de aplaudir a nadie. Mucho menos a mí mismo. Porque con otras manos sueltas, independientes, yo abofeteaba a los gansos epigramáticos, a los ratones líricos y a las urracas bravas, y era como si todos aplaudiéramos en coro.
Con una séptima mano de reserva yo me rascaba el cogote, desconfiado, dubitativo, irresoluto. Me acariciaba reflexivo, con el dorso de los dedos, una barba demasiado crecida.
Porque todavía me quedaban cuatro manos más, guardadas en los bolsillos, de reserva. Aunque yo no quería recurrir a utilizarlas desde un primer momento, sino hasta que luego la ocasión se presentara sola.
Desperté mutilado, es decir, normal, humano, con apenas dos extremidades superiores. Pero no importa tanto, pensé, porque multiplicando el movimiento de estas manos que me quedan, deberá ser suficiente para todo. Y alcancé con ellas esta pluma y unas hojas de papel. Con el celo naturalDespierto y ya se han ido. Las ideas que suelen visitarme por las madrugadas se han escurrido por ahí. Unas, al parecer, eran noticias de otros relojes anticipados en las fechas.
Culminaciones provisionales, una exposición de mis pinturas, grabados y dibujos. Entre “el selecto público asistente”, a cuatro metros de distancia, una mujer caucásica, narradora de ficción, fotógrafa de arte, animadora de TV o algo parecido, vaporoso y leve vestido blanco, de minifalda, luciendo unas piernas largas, musculosas, y la tersa piel de rosa y nácar (igual que en Prosas Profanas. ¿No?).
La muchacha, la joven señora, recién había regresado de quién sabe dónde, acompañada por un marido elegante, atlético y olvidadizo. Uno conversaba con cada uno de ellos por aparte. Ella, ya de cerca, tenía la memoria fresca, intensa y muda, a flor de piel. Cada vez que mis ademanes se acercaban a su torso, a la tibieza todavía remota de sus senos, era un peligro delicioso.
El pulcro marido, en cambio, se negaba a recordar acontecimientos decisivos. Ni nombres de lugares, ni fechas objetivas, mucho menos que reconociera algunos detalles banales que pudieron complicar o hacer inevitables otras justificaciones duras de tragar. ¿De qué recuerdos tácitos provenía la alegría de volvernos a encontrar con su mujer?
La perfecta indiferencia masculina se llamaba en este caso desconfianza, temor velado, celos escondidos, historia aparte en la que preferimos no insistir. Como consecuencia, resultaba inevitable referirnos siempre en plural a él y a “su” mujer. ¿Ustedes quieren? ¿Pueden ustedes? ¿Les gustaría a ustedes?
Porque quedaba suelta ella, súbitamente esquiva, haciendo margen, procrastinando sus nostalgias epidérmicas, hurtándose (¿de mí, o del esposo?), escurriéndose entre el manso deambular de las otras personas anónimas y neutras. Mientras el cielo nublado, afuera de los ventanales, comenzaba sordamente a retumbar.
“Es muy posible que esta noche llueva”, anuncié yo, “la naturaleza entera, al parecer, ha entrado en época de celo”. El esposo insistió en responderme nada. Nada más palideció, lo que (hay que reconocer) hacía juego con su impecable camisa de etiqueta.
Tegucigalpa, jueves 270907
|
Cultural
Desenmascarando la “identidad nacional”
El nuevo “mesorrelato” latinoamericano
Presentan en Guatemala poesía del Che Guevara
Tesis doctoral de Karlos Navarro compite por premio en España
Dichosa Edad Media
Lección particular
El Canto Errante
Una poética de nuestro tiempo
La promesa cumplida de un gran poeta
Juan José Millás gana el Premio Planeta, de novela
Carlos Martínez Rivas: ¿Poeta maldito?
Los saberes fronterizos del giro decolonial
La mirada radical de Doris Lessing
Morir soñando
Sortilegio de una noche en llamas
Las lecciones de Fritongo Morongo
De Mesías a Cirineos
La británica Doris Lessing gana el premio Novel de Literatura
Para comprender el giro decolonial
Mujeres que han abierto brecha y quebrado esquemas
Presentarán colección miniatura de El Güegüence
Ensayo o novela
Lanzamiento de las 100 novelas para siempre
Entregan Premio “Ildefonso Palma Martínez”
Quedamos mano a mano
La omisión de la tradición
Contra los descoloniales
La piscina
Sólidos heridos
Mira si yo te querré
Feria Internacional del Libro con novedosas recopilaciones
Isolda Rodríguez en la Academia
Un Festival que promueve la paz en Colombia
Cuatro nuevos autores
María Moliner se lava la cara
Nuevas reflexiones sobre nuestra historia
Coronel Urtecho, su in terpretación histórica y la independencia centroamericana
Iván Uriarte y sus Imágenes para Dalí
El pretexto de Guillermo
Fritongo Morongo: una novela excepcional
Ensayista George Steiner galardonado en México
El profundo silencio de la historia
La honrosa tarea de perpetuar Managua
El desierto de Texas
Fernando del Paso gana Premio FIL 2007
Managua volverá a tener corazón
George Orwell nunca fue un comunista ortodoxo
Los nuevos intelectuales
Managua en el tiempo
Pinceladas de Nicaragua
Murió el escritor Francisco Umbral
Entregan Premio “Miguel Ángel Asturias” a Mario Roberto Morales
Banco Central convoca a concurso de narrativa joven
Las máscaras del texto
Perturbados por la nostalgia
X Feria Internacional del Libro en Centroamérica
Poemínimos completos I
Nueva generación de escritores latinoamericanos invade Bogotá
Recorrido cultural integral en Banco Central
Vargas Llosa, Pérez Esquivel y Mario Molina en Fórum de Monterrey
Desconexión editorial y creación universal
Jóvenes escritores creen que literatura extranjera los alimenta
Las 100 novelas para siempre del siglo XX
La fortuna de Matilda Turpin
Las pesadillas de un Patrimonio Cultural
Los héroes del algodón
Salomón de la Selva en una carta de Gabriela Mistral
Fritongo Morongo ¿la novela del Oriental?
Elecciones indirectas y disputa de poder en Nicaragua
Tierra sin tiempo, de Álvaro Urtecho
Tres comerciales para probar las carencias de Youtube
Bodegón de la luna
Relatos vertiginosos
Sandino e Idiáquez en el último libro de JEA
Un clown tras bambalinas
La aventura llegó a su fin
Al otro lado del San Juan
Ratatouille y otros gozos subversivos
Los Simpsons y el mito del calentamiento global
El Nobel para Ernesto Cardenal
En la ciudad de la furia
“Terminemos el cuento”
La Fantasma
Descolonialidad: el regreso de la emancipación
Comentarios al libro libertad y socialismo
Una ofrenda de palabras
Y la historia se hizo carne
Máscaras, muerte y escritura en Tierra sin tiempo
Viva la Lengua
Los vicios de nuestra administración pública
“Pensar sintiendo y sentir pensando”
El sonido de los aromas
Imagen e imaginación inodoras
Cultura Viva
El Despertar
Los dominios del aprendiz
“La poesía es una lógica inalienable”
Bibliografía rubendariana de los últimos diez años
Chaplin: el dolor de reír
Una forma de novela y de ser feliz
Elena Poniatowska gana el premio Rómulo Gallegos
Luz y sombra del desierto
Narrativa de la nación desde el arte y la cultura
Roberto Bolaño o la libertad de escribir
Escenarios
Diccionario del Español de Nicaragua
|