Sortilegio de una noche en llamas
Emilio Zambrana*
“La noche en llamas” es el poemario del Raúl Xavier García (Nandaime, Granada, 1931), ese “pobre y oscuro carpintero que era”, quien se transformó en uno de los más importantes poetas surgidos en Nicaragua durante los años sesenta, y ahora nos coloca y propone una aventajada colección de poemas llenos de una lírica en la cual la búsqueda de la expresión rítmica trasciende sus primeros versos publicados en los suplementos literarios y en su libro “No Podemos Detenernos” (poemas de un carpintero), editorial El Autor, Granada, Nicaragua, 1987; habida cuenta y gracias a nuestro polígrafo y gran amigo y camarada de letras, Jorge Eduardo Arellano.
“La noche en llamas” es un poemario que trasmite magia mediante la revelación de una tradición simbolista, en la que se observa la preocupación por el ejercicio obsequioso de la forma, la brillantez verbal en la que construye su propia autonomía…de allí deviene esa carga de misterio, alegorías, sortilegios de contenida elocución. Ilustrado por el maestro Orlando Sobalvarro, una muestra fehaciente de estos fulgores vivientes y permanentes la observamos precisamente en el poema que le da título al poemario: “La noche en llamas”:
“En la noche nació el invierno
y del polvo se hizo el hombre
para sembrar la semilla en la tierra.
Por sus venas corre el fuego
aunque jugar con el fuego es buscar
la muerte, sino es que vives
como lo estuvieras. Busca, y talvez
en el rostro de otro hombre
te encuentres a ti mismo”.
Magia, ritual enervado, lo que demuestra a un poeta, Raúl Xavier, dotado de una percepción lírica, atento a esas voces de su mundo interior; las insoslayables voces que proclaman su verdad, su fatalidad y su estigma. García es un poeta que le canta al amor, con una pasión implícita pero fiel a una autenticidad que como ningún otro poeta ha podido cantarnos hasta llegar ardoroso, como sólo él, a esa Noche en llamas que alumbra su existencia poética. Notemos pues esta sincronía entre la noche-verso-poesía-existencia, en los últimos versos del poema “La noche en llamas”:
“Ya no existe el invierno
ni el polvo. Ahora la palabra
nos llega húmeda de las raíces,
y no hay más fuego que el que nace de
en la noche”.
Y como jugando con la noche en llamas, en donde a veces la oscuridad es la sintonía “incesante de lo incierto”, el poeta busca, y como un ave enjaulada, logra esculpir “feroces deseos”, desenfreno, pasión, lujuria, existencia, vida…todo ello cantado a los cuatro vientos en el secreto y la clave de sus versos. En el poema “Lo oscuro desolado”, García invoca sus raíces, llenas de autenticidad, en las que se puede encontrar la explicación de su poesía: soberana, clara, segura de sí misma… sencilla pero sin regir al misterio y la profundidad. Quizás por esa elocución revela imágenes de ascendencia surrealistas:
“Toma esta búsqueda incesante
de lo incierto.
Dame esa oscura jaula donde
habitan feroces deseos.
Aquí vive lo que fue inquietud
o asombro.
Y no es que yo no quiera irme,
sino que soy el hijo huérfano
del silencio,
y me destroza el aire.
Me hiere el barro tierno
y el lenguaje llano,
y misterioso”.
García deja atrás el “probarse uno mismo en un momento/determinado./Fallar y otra vez empezar”, a como escribió en Ars Poética del poemario “No Podemos Detenernos”. Por ello el fallecido poeta y crítico Beltrán Morales, al escribir sobre la poesía de Raúl Xavier, se refirió a que los poetas juegan con la ventaja, porque se les puede conocer por sus frutos literarios. Y de allí que Morales agrega que en la poesía de Raúl Xavier “había un mesurado balance”, el mismo que podemos notar en “La Noche en Llamas”, como testimonio fiel a esa autenticidad de sus raíces poéticas.
Granada, Nicaragua 2007
* Poeta y Periodista
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