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La gente que vive en São Paulo dice que sus restaurantes son el equivalente a las playas de Río de Janeiro: los principales sitios de recreación y refugio para descansar de la pululante ciudad. En estos días, están más vacíos que lo habitual. Cuando comen en casa, los residentes de la ciudad están cambiando la carne de res por el pollo y las verduras, que son más baratos.

Este cambio en los hábitos alimenticios es causado por el pesimismo que ha envuelto a Brasil durante gran parte del último año. Una recesión se avecina. La economía se contrajo en 0.2% en los primeros tres meses de 2015, y en 1.6% entre ese período y el mismo trimestre un año antes. El empleo y los ingresos reales se están contrayendo; las tasas de interés y la inflación están aumentando.

El país se siente carente de un líder: la presidenta Dilma Rousseff se ha visto debilitada por un gigantesco escándalo en Petrobras, la compañía petrolera controlada por el Estado, así como por el pésimo desempeño de la economía.

ESFUERZOS

Y, sin embargo, el asediado Gobierno de Brasil está haciendo progresos. En particular, está empezando a restablecer la credibilidad económica que 

Rousseff desperdició durante su primer mandato como presidenta, de 2011 a 2014. La mandataria ha dado un fuerte respaldo a su ministro de Finanzas, Joachim Levy, en su tarea de recortar el presupuesto. El Banco Central ha adoptado la seriedad en su combate contra la inflación desde que Rousseff fue reelegida en octubre reciente. El Congreso de Brasil, que está dominado por aliados del Gobierno poco confiables y abiertos oponentes, se las ha ingeniado hasta ahora para frenarlos.

"Esto es Brasil bajo una nueva administración", dijo Marcelo Carvalho de BNP Paribas, un banco de inversión.

La máxima prioridad de Levy, conservar la calificación de grado de inversión de Brasil reduciendo el déficit presupuestario, casi se cumplió a fines de mayo cuando el Congreso aprobó recortes al gasto de beneficencia, en particular al seguro de desempleo y las pensiones de sobrevivientes. Esto debería ahorrar al Gobierno 8,000 millones de reales (2,600 millones de dólares) en 2015. Antes, Levy había reducido en 70,000 millones de reales el gasto discrecional planeado para 2015, el mayor de tales recortes en la historia, y elevado los impuestos, incluido un gravamen al combustible, lo cual debería producir 26,000 millones de reales en ingresos este año.

Sin embargo, Levy no ha conseguido todo lo que quería. Un proyecto de ley para poner fin a costosas exenciones del impuesto sobre nómina enfrentará oposición en el Congreso de Brasil. Los legisladores también han añadido a la reforma de la beneficencia una medida que cambiaría la forma en que se calculan las pensiones para los servidores públicos que se retiran anticipadamente. Eso duplicaría la cuenta de pensiones del Gobierno a 15% del PIB en menos de una década, según Fabio Klein de Tendências, una consultora. Se espera que Rousseff lo vete.

Pocos analistas esperan que Levy alcance sus metas principales, un superávit primario  (antes de pagos de intereses) de 1.2% del PIB este año y 2% en 2016. Es probable que el superávit de este año sea de un poco más de la mitad de lo que prometió, comentó Mansueto Almeida, un experto en finanzas públicas.

Eso quizá sea suficiente para satisfacer a las calificadoras crediticias. El cambio de estrategia bajo la gestión de Levy ha sido mayor de lo esperado, expresó Lisa Schineller, de Standard & Poor’s.

OTRAS MEDIDAS

Los vigilantes financieros están igualmente impresionados con Alexandre Tombini, el gobernador del Banco Central, quien no ha permitido que la amenaza de recesión lo disuada de combatir la inflación, actualmente de más del 8%. El 3 de junio, el Banco Central elevó las tasas de interés en medio punto porcentual, a 13.75%. El objetivo de Tombini es bajar la inflación a 4.5%, el punto medio del rango meta del banco, para el año próximo. Eso requeriría más aumentos de tasas de interés.

A corto plazo, la diligencia de Levy y Tombini vaciará más los restaurante de São Paulo. La economía es incluso más débil de lo que parece a simple vista. La inversión, ya baja para los estándares de las economías emergentes, descendió por séptimo trimestre consecutivo en los primeros tres meses de 2015. El consumo familiar cayó por primera vez de un año a otro desde que el izquierdista Partido de los Trabajadores de Rousseff llegó al poder en 2003.

Sin una reducción en las importaciones, la declinación anual en la economía habría sido aún más grande. Levy ha hecho la mayoría de sus ahorros elevando los impuestos, lo cual deprimirá el crecimiento de hoy, y recortando la inversión, lo cual restringirá el de mañana.

Restablecer la credibilidad no es suficiente. Brasil también debe deshacerse de los "cuellos de botella ofertistas", reveló Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, quien visitó Brasil en mayo. Esos cuellos de botella incluyen un sistema fiscal que sofoca a las empresas, una infraestructura inadecuada y leyes laborales anticuadas. Los nuevos administradores de Brasil apenas han empezado a hacerle frente a eso.

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