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  • The Economist

En lo que respecta a las declaraciones religiosas, la del papa Francisco sobre el medioambiente es legible y, en partes, hermosa. Con la vista claramente puesta en la diplomacia del cambio climático mundial que llegará a su momento decisivo en diciembre, afirma que el carbono emitido por los humanos es la razón principal por la cual la Tierra se está calentando, e insta a una acción rápida, especialmente por parte de los países ricos, para frenarlo.

El documento fue presentado formalmente el 18 de junio, pero fue filtrado en forma de borrador tres días antes. Fue la primera vez que el organismo religioso más grande del mundo dedicó un gran pronunciamiento planificado al bienestar del planeta, y fue un nuevo estilo de declaración papal. Las encíclicas acostumbraban ser cartas a los obispos; luego se volvían misivas dirigidas a todos los católicos; esta parece dirigirse a la humanidad en general. Aunque a menudo cita las ideas ecológicas de la Iglesia ortodoxa, evita las declaraciones teológicas sobre el pecado y se basa en fuentes no cristianas así como no religiosas. Muchas de sus alrededor de 190 páginas pudieran haber provenido de una ONG laica; pero hay pasajes tiernos y líricos que llaman a un "cambio de actitud" entre los consumidores y quienes toman las decisiones.

La inspiración, como ha explicado el papa Francisco, provino de su experiencia en Latinoamérica; y su influencia depende mucho de la reacción en su región nativa, que alberga a 425 millones de católicos (casi 40% del total mundial) y es el escenario de algunos de los dilemas ambientales más agudos.

En los círculos católicos izquierdistas, especialmente los hispanos, el documento fue elogiado como una reivindicación de una nueva corriente de pensamiento, que pretende hablar por los pobres y el Sur mundial sin ser marxista; surgió primero claramente en una reunión de obispos latinoamericanos en la ciudad brasileña de Aparecida en 2007. El Papa actual, que entonces era el cardenal Jorge Bergoglio, de Argentina, fue una voz clave en esa reunión y ahora es visto como portador de su mensaje.

SALVANDO AL MUNDO

Y el espíritu anticolonial de Aparecida está evidentemente presente en su encíclica; cita la advertencia de los obispos de que las propuestas verdes para "internacionalizar" al Amazonas pudieran ser agresiones escasamente veladas contra la soberanía. Sin embargo, fue en Aparecida, ha dicho el pontífice, donde él se dio cuenta de que valía la pena salvar a los árboles. "Cuando escuché a los obispos brasileños hablar de la deforestación de la Amazonia, terminé comprendiendo que (los árboles de) la Amazonia es los pulmones del mundo", dijo Francisco en una conferencia de prensa a bordo de un avión a principios de este año.

Es cierto que muchos enemigos, incluida la deforestación, se ven mejor desde lo alto. Pero a nivel terrestre en algunos lugares ecológicamente afectados, la imagen de católicos inspirados papalmente que resistan a los contaminadores y taladores de árboles de Latinoamérica da paso a una realidad más compleja. Por un lado, la capacidad de la Iglesia católica para librar la pelea por cualquier causa colectiva se ve limitada por el ascenso de las sectas protestantes que ofrecen una vía atomística hacia la salvación y la riqueza; algunos católicos latinoamericanos ahora imitan ese estilo.

En Brasil, un país donde abundan muchas formas de cristianismo, algunas de las voces políticas más fuertes son las de los evangélicos con lazos con la agroindustria; y uno de los católicos más fervientes en la vida pública brasileña es Blairo Maggi, un senador del estado de Mato Grosso que es conocido como el rey de la soya y es escéptico sobre la conservación de los árboles.

OTRAS REALIDADES

Mientras tanto, Edilberto Sena, un sacerdote católico izquierdista en la ciudad de Santarém, reconoce que algunas personas pobres pasan apuros para comprender su preocupación por la tala ilegal en el bosque cercano; y tiene que competir con los predicadores que prometen ayuda con motivos de preocupación más personales. Elogia el hecho de que el Papa esté actuando como "pastor de todo el mundo, no solo de los católicos", pero duda de si cambiará a los amos de su país. Otros brasileños son más optimistas. Valdir Raupp, un senador devotamente católico, espera que, gracias a la encíclica, la educación reemplace a la represión como la mejor manera de preservar los bosques.

En Ecuador, las paradojas son incluso mayores. El presidente Rafael Correa ve la encíclica como un impulso a sus credenciales eco-católicas personales; asistió a una conferencia vaticana en abril que proclamó la iniciativa papal. Pero Correa enfrenta una ola de protestas en torno a su propia ley ambiental.

En 2013, rompió la promesa de no perforar en busca de petróleo en el parque nacional Yasuni, provocando que más de 750,000 personas firmaran un llamado a un referendo sobre el tema que fue rechazado por un tecnicismo. Disolvió una ONG, Pachamama, como una "amenaza a la seguridad nacional" después de que esta realizó una pequeña protesta contra los licitadores petroleros en el Amazonas. Su campaña para iniciar la minería a cielo abierto en remotos valles boscosos ha conducido a un conflicto abierto con líderes indígenas locales. En las últimas semanas, un plan que podría haber alterado el estatus del Parque Nacional de las Galápagos, en las islas, cuya fauna inspiró a Charles Darwin, fue un factor detrás de una ola de manifestaciones en las ciudades de Ecuador y el archipiélago.

Y en Argentina, también, los problemas ambientales pueden presentar ironías en vez de luchas directas entre el bien y el mal. Una de las mayores preocupaciones ecológicas en Buenos Aires es una fábrica de papel en Uruguay que descarga en el río entre los dos países; hubo furia en 2013 cuando Uruguay anunció un aumento en su producción. El principal blanco de la ira argentina no fue algún capitalista norteño sino el entonces presidente de Uruguay, José Mujica, quien regularmente es visto como un héroe liberal-izquierdista.

Pero estos enigmas ideológicos difícilmente desalientan a un Papa que toma todas las doctrinas terrenales con cierta reserva; pasó el inicio de su carrera eludiendo la furia de una junta derechista, y cuando visite Estados Unidos en el otoño, tendrá que convencer a algunas personas de que no es un comunista.

10 días ha cumplido la encíclica papal sobre el medioambiente desde su presentación.

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