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El presidente Barack Obama y los líderes republicanos en el Congreso mostraron qué es la política bipartidista, recientemente. Después de días de maniobras, incluida una rebelión por parte de muchos demócratas, el Congreso votó para otorgar a Obama autoridad para promover el comercio; un mandato de "vía rápida" para buscar pactos comerciales, los cuales el Congreso podría aprobar o rechazar, pero no reabrir y modificar.

Los negociadores podrían ahora avanzar con el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), un convenio comercial que une a Estados Unidos y a 11 países de la Cuenca del Pacífico, los cuales representan entre ellos 40% de la producción económica mundial. Ahora viene la tarea de llegar a un buen acuerdo.

Cuando promueven el TPP en el Capitolio, los enviados comerciales a menudo hablan sobre reducir las barreras arancelarias en el extranjero. Los ejemplos favoritos incluyen un arancel de 40% impuesto a las aves de corral estadounidenses en Malasia y un arancel de 27% sobre las partes automovilísticas estadounidenses en Vietnam. Es hora de nivelar el campo de juego, argumentan: Los mercados estadounidenses ya están abiertos, y la mayoría de las importaciones entran al país libres de derechos y con aranceles aplicados promedio de 1.4%.

China no está incluida en las negociaciones del TPP, pero está buscando su propio pacto con 15 países del Asia-Pacífico; Estados Unidos no está entre ellos.

LIBERALIZAR EL COMERCIO
Sin embargo, las mayores ganancias probablemente involucren a las barreras no arancelarias, desde el papeleo burocrático hasta las pruebas de "seguridad" diseñadas para frenar las importaciones. Obama argumenta, con una franqueza que hace que se estremezcan sus aliados asiáticos, que sin el TPP China escribirá las reglas del comercio y la inversión para la región. Estados Unidos quiere que el TPP liberalice el comercio en servicios, en el cual sus empresas disfrutan de una ventaja, para dar mejores protecciones a la propiedad intelectual y promover la competencia justa entre compañías privadas y empresas de propiedad estatal. Estados Unidos también quiere una prohibición sobre las reglas que obligan a las empresas de Internet a instalar servidores y otro hardware en los países donde desean operar.

Si eso suena como una visión de libre comercio basada en reglas, contrarrestando al enfoque chino mercantilista y dirigido por el Estado, esa es la intención. China no está incluida en las negociaciones del TPP, pero está buscando su propio pacto con 15 países del Asia-Pacífico; Estados Unidos no está entre ellos.

Mientras los sindicatos siguen oponiéndose con vehemencia al TPP, Obama promete que el nuevo pacto incluirá estándares laborales y ambientales de cumplimiento obligatorio, los cuales fueron voluntarios en tratados anteriores. Si eso puede garantizarse, el TPP ofrece "importantes mejoras" sobre el statu quo, dice el representante Beto O'Rourke (demócrata por Texas), uno de los 28 demócratas que respaldaron la autoridad de vía rápida en la cámara baja.

Su distrito incluye a El Paso, el cual, dijo, perdió la "traumática" cantidad de 30,000 empleos poco después de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte hace dos décadas, notablemente en fábricas de ropa. Luego, El Paso se convirtió en un centro de producción transfronterizo con su vecino mexicano, Ciudad Juárez, más que compensando las pérdidas de empleos anteriores y elevando los ingresos per cápita reales en El Paso en alrededor de 50% desde 1994. El acceso a los mercados asiáticos de rápido crecimiento es una gran oportunidad para Estados Unidos, dijo O'Rourke.

Esperemos más debates como ese: el Congreso aún debe aprobar o rechazar un convenio final sobre el TPP. Al menos, gracias a la votación reciente, Estados Unidos sigue en la mesa de negociaciones.

  • 40 por ciento de la producción económica mundial representan Estados Unidos y 11 países de la Cuenca del Pacífico, que une el Acuerdo de Asociación Transpacífico.

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