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Se han encadenado a la reja de la Casa Blanca, han bloqueado los puertos carboníferos australianos con canoas hechas de troncos y han enseñado el trasero ante las oficinas de un ministro británico. Sin embargo, los manifestantes de un grupo de presión ecologista llamado 350.org han tenido su mayor éxito haciendo algo mucho más aburrido: solicitando a los inversionistas institucionales que "desinviertan" de acciones y bonos emitidos por las compañías que comercian con combustibles fósiles.

Los oponentes de la desinversión reúnen argumentos que van de la teoría a la práctica para desestimar esas campañas. Pero cuando lo hacen, malinterpretan los objetivos de los activistas y eluden las preguntas difíciles sobre cómo servir mejor a los intereses de sus clientes.

Correctamente, los denigradores de la desinversión señalan que vender un valor no reduce materialmente el precio si sigue habiendo muchos compradores. Algún comprador probablemente tendrá menos reparos sobre la compañía o país involucrado que el vendedor, así que la presión para el cambio inmediato realmente pudiera disiparse conforme avance la desinversión. Esa es la razón por la cual algunas administradoras de fondos, como Hermes, argumentan que el involucramiento con empresas contaminantes es mejor que alejarse de ellas.

CRÍTICAS Y ARGUMENTOS
En el caso de los combustibles fósiles, añaden los escépticos, la desinversión tiene el objetivo equivocado: las compañías de propiedad estatal, no las enlistadas en bolsa, controlan el grueso de las reservas.

Los críticos tienen razón en que es difícil detectar mucho impacto en el costo de capital de las empresas debido a las campañas de desinversión. Los primeros reclutas de la campaña contra los combustibles fósiles fueron las organizaciones de caridad y las universidades con inversiones relativamente pequeñas. Su mayor golpe ocurrió a principios de este año, cuando el enorme fondo de riqueza soberana de Noruega resolvió vender sus inversiones en carbón y las formas más sucias de producción petrolera. Unos cuantos fondos de pensiones grandes, como PFZW de Holanda, han prometido reducir la huella de carbono de sus tenencias accionarias. No obstante, las consecuencias para los precios accionarios o los rendimientos de los bonos de las empresas despreciadas, si las hay, no son discernibles en medio de las mucho más grandes oscilaciones atribuibles a los cambios en el precio del petróleo, el gas y el carbón.

Más o menos lo mismo aplica a otras campañas similares. Las acciones de los fabricantes de cigarrillos se desempeñaron de manera brillante en los últimos años, pese a una gran campaña de desinversión. El precio declinante del oro y la creciente intranquilidad popular probablemente tuvieron más que ver con los crecientes costos del endeudamiento de Sudáfrica en los últimos días del apartheid que con la desinversión. Los costos del endeudamiento de Israel han caído y su mercado bursátil ha estado en auge pese al movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones), que pretende presionarle para que haga la paz con los palestinos.

Los escépticos de la desinversión en combustibles fósiles argumentan que las campañas por esta causa tienen el objetivo equivocado, debido a que el grueso de las reservas en el sector lo tienen las compañías de propiedad estatal y no las enlistadas en la bolsa.

IMAGEN DE UNA REFINERÍA DE PETRÓLEO.  COMPLICACIONES
 Sin embargo, los defensores de la desinversión realmente no esperan elevar el costo de capital de sus blancos. Más bien, quieren crear la sensación de que una empresa o un país es un paria.

Si uno cree que el calentamiento global es una amenaza mortal para la humanidad, y que los intentos del mundo para desactivarlo son inadecuados, entonces tiene sentido hacer más o menos todo lo que se pueda para producir el cambio. Los activistas usan la desinversión no como una herramienta de las finanzas corporativas, sino como una faceta de la libre expresión; parte de una campaña más amplia, que involucra boicots, protestas, cabildeo y activismo público, para influir en la opinión pública e influenciar la regulación.

Que tengan buena suerte. Tienen todo el derecho de formular su argumento.

Es menos claro si los activistas debieran prevalecer. Los inversionistas individuales pueden resolver el asunto por su cuenta. La complicación con las campañas de desinversión es que los comités de inversión están velando por el dinero de otras personas. Discernir sobre sus preferencias a menudo es difícil y en ocasiones es imposible. Los inversionistas finales frecuentemente quieren lo mejor de dos mundos, demandando que los fondos sean excesivamente ecologistas y profundamente rentables. Los fondos de los legados universitarios pueden escuchar las opiniones de los estudiantes de hoy, pero no las de las futuras generaciones.

Ocasionalmente, como con el tabaquismo, los temas morales son suficientemente claros para que las administradoras actúen siguiendo las instrucciones poco ambiguas de sus inversionistas. Sin embargo, muchos temas son más complejos, e incluso en los días de las comunicaciones instantáneas y sin costo, las administradoras de dinero no pueden perder su tiempo encuestando a los inversionistas y esperando recibir una respuesta útil.

Por tanto, con mucha frecuencia, deberían ser conservadoras y establecerse objetivos claros. Eso significa maximizar los rendimientos.

 

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