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Hay muchas maneras de que un Gobierno dé la noticia de que la economía que administra podría haber entrado en recesión. El primer ministro Stephen Harper, de Canadá, probó la despreocupación. “He visto situaciones mucho peores”, dijo en el Calgary Stampede, un rodeo que atrae a alrededor de un millón de visitantes.

El ministro de Finanzas, Joe Oliver, se decidió por el optimismo obstinado.

“Vamos a ver un crecimiento económico sólido este año”, insistió Oliver.

Las cifras hablan en su contra. La economía se contrajo en una tasa anual de 0.6% en el primer trimestre de 2015. El segundo no fue mejor, dijo Emanuella Enenajor, economista del Bank of America. De ser así, la economía estaba técnicamente en recesión.

Esto es complicado para Harper, un conservador que espera ganar otro período en el poder en una elección nacional que se celebrará el 19 de octubre. Había planeado lograrlo jactándose del historial económico de los conservadores. Hasta hace poco, tenía bases para ello. Canadá se entregó menos que otros al frenesí de crédito que condujo a la crisis financiera de 2008 en Europa y Estados Unidos. Cuando la crisis menguó, el país creció más rápidamente que la mayoría de las otras grandes economías, gracias a un auge en las materias primas, especialmente el petróleo.

Sin embargo, con la significativa caída en los precios del petróleo durante el último año, Canadá ahora amenaza con pasar de líder a rezagado. El pronóstico de consenso para el crecimiento económico es de alrededor de 2% en 2015, lo cual colocaría a Canadá en medio del conjunto de economías del G7, pero esa cifra probablemente será revisada a la baja. En ese grupo de países ricos, solo Francia e Italia tienen tasas de desempleo más altas.

Riesgo de endeudamiento

El crecimiento ahora depende peligrosamente del crédito de consumo y los crecientes precios de la vivienda, y ambos pudieran caer rápidamente. El precio promedio de una vivienda independiente en Vancouver es de 1.1 millones de dólares estadounidenses, y en Toronto es de 865,000 dólares. El Banco Central piensa que la vivienda está sobrevaluada en hasta 30%. El mayor riesgo interno para el crecimiento es el endeudamiento excesivo por parte de los consumidores, advierte, y la mayor parte del mismo está relacionado con la vivienda.

Philip Cross, execonomista en jefe en Statistics Canada, señala que la parte del ingreso que las familias necesitan para pagar el servicio de su deuda está en su nivel más bajo. Sin embargo, le preocupa lo que sucederá si las tasas de interés o el desempleo suben repentinamente. Canadá, que escapó de los peores efectos de la burbuja crediticia del mundo rico, quizá esté creando su propia burbuja más pequeña.

Conforme las industrias energéticas se desaceleraban, se suponía que otras ocuparían su lugar. Economistas esperaban que un dólar canadiense más débil impulsaría la demanda de productos manufacturados, especialmente de parte de Estados Unidos. Eso no ha sucedido. Las exportaciones hacia el vecino del sur de Canadá, incluyendo el petróleo, fueron 6.5% más bajas en mayo que durante el mismo mes el año pasado. La producción manufacturera se contrajo en abril por cuarto mes consecutivo.

En parte como resultado, la inversión privada está cayendo. Se espera que las compañías energéticas, que representan alrededor de un tercio de todo el gasto de capital canadiense, reduzcan la inversión en casi 40% este año. Esta es solo la primera ola de recortes, advirtió Jock Finlayson, del Consejo Empresarial de Columbia Británica.

Los manufactureros no tienen más gusto por el riesgo. En 2012, Mark Carney, entonces gobernador del Banco Central, reprendió a las compañías por sentarse sobre “dinero muerto”.

Solo esperanza

“Ese dinero sigue muerto”, dijo Glen Hodgson, del Consejo de Conferencias de Canadá, un grupo de análisis.

El único punto brillante es el turismo, que no es una industria lo suficientemente grande para iluminar el sombrío panorama nacional.

Harper pudiera, si lo decidiera, ofrecer un estímulo. La carga de deuda gubernamental de Canadá como participación del PIB es la más baja entre los países del G7. Por tanto, tiene espacio para endeudarse y construir más carreteras y puentes. Sin embargo, los conservadores creen en el gobierno pequeño y los impuestos bajos, y por tanto son reacios a hacer eso. Oliver ha descartado gastar más en infraestructura que los 4,500 millones de dólares estadounidenses que prometió en noviembre pasado.

El Banco Central enfrenta una tarea más difícil. Recortó inesperadamente su tasa de préstamos de referencia a 0.75% en enero, cuando la economía ya se veía enfermiza. Hay especulación de que el banco la reducirá de nuevo en la próxima oportunidad, pero eso pudiera hacer subir todavía más los precios de la vivienda y alentaría a los consumidores a pedir prestado aún más.

La principal táctica del Gobierno para hacer frente a la desaceleración parece ser la esperanza. Una posibilidad es que la caída en las exportaciones hacia Estados Unidos, por mucho el mercado extranjero más grande del país, resulte ser temporal. Cross argumentó que el reciente descenso se debía en gran medida al clima frío en el este de Estados Unidos y a una ahora concluida huelga en los muelles en el oeste. De ser así, las exportaciones deberían repuntar, elevando la producción y la inversión.

Harper debe rezar para que suceda pronto. Si no resulta así, corre el riesgo de ser derrocado por los enojados votantes.

6.5 por ciento cayeron las exportaciones canadienses hacia EE.UU. en mayo, en comparación con el mismo mes de 2014.

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