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Al otro lado de la autopista frente a los jardines del Muthaiga Country Club de Naironi está Mathare, un barrio pobre que se extiende hasta donde se pierde la vista. Aunque Mathare virtualmente no tiene servicios, como calles pavimentadas y recolección de basura, tiene un considerable y creciente número de salones de clases. No gracias al Estado --el medio millón de habitantes de la barriada solo cuenta con cuatro escuelas públicas-- sino porque el sector privado ha intervenido. Mathare se jacta de tener 120 escuelas privadas.

Este patrón se repite en toda África, Medio Oriente y el sur de Asia. El fracaso del Estado para ofrecer a los niños una educación decente está llevando a una expansión de los lugares privados, que pueden costar apenas un dólar a la semana.

Los padres que envían a sus hijos a estas escuelas por millones dan la bienvenida a esto. Sin embargo, los gobiernos, los sindicatos de maestros y las ONG tienden a adoptar la opinión de que la educación privada debería ser desalentada o fuertemente regulada. Eso debe cambiar.

La educación en la mayor parte del mundo en desarrollo es indignante. La mitad de los niños en el sur de Asia, que completan cuatro años de escolaridad, y un tercio de ellos en África, no saben leer adecuadamente. En India, 60 por ciento de los niños de entre 6 y 14 años de edad no saben leer al nivel de un niño que ha terminado dos años de escolaridad.

Maestros ausentes
La mayoría de los gobiernos ha prometido ofrecer educación primaria universal y promover la educación secundaria. Sin embargo, aun cuando existan escuelas públicas, a menudo fracasan. En un sondeo de las escuelas indias rurales, una cuarta parte de los maestros estaban ausentes. En África, el Banco Mundial encontró tasas de ausentismo de los maestros de entre 15 y 25 por ciento. Pakistán descubrió recientemente que tenía más de 8,000 escuelas estatales inexistentes, 17 por ciento del total.

Sierra Leona detectó 6,000 maestros fantasmas, casi una quinta parte del número en la nómina estatal.

Los poderosos sindicatos de maestros son parte del problema. A menudo ven a los empleos como sinecuras hereditarias, al presupuesto educativo estatal como un flujo de ingresos al cual ordeñar y a cualquier intento de monitorear la calidad de la educación como una intrusión. Los sindicatos pueden ser enemigos temibles, ya que los gobiernos los dejan operar las escuelas a beneficio de los maestros en vez del de los alumnos.

El fracaso de la educación estatal, combinado con el cambio en las economías emergentes de la agricultura a los empleos que necesitan al menos un mínimo de educación, ha causado un auge en las escuelas privadas. Según el Banco Mundial, en todo el mundo en desarrollo una quinta parte de todos los alumnos de escuelas primarias está inscrita en escuelas privadas, el doble que hace 20 años. Tantas escuelas privadas carecen de registro que la cifra real probablemente sea mucho más alta. Un censo en Lagos encontró 12,000 escuelas privadas, cuatro veces más que las registradas ante el Gobierno.

En toda Nigeria, 26 por ciento de los niños en edad de ir a la primaria estaba en escuelas privadas en 2010, un incremento respecto del 18 por ciento en 2004. En India, en 2013 lo estaba el 29 por ciento, en comparación con el 19 por ciento en 2006. En Liberia y Sierra Leona, alrededor del 60 y el 50 por ciento, respectivamente, de las inscripciones en escuelas secundarias eran en instituciones privadas.

Niños perjudicados
En general, los políticos y educadores se muestran poco entusiastas. Los gobiernos ven la educación como la labor del Estado. A los sindicatos de maestros les disgustan las escuelas privadas porque pagan menos y son más difíciles de organizar. Las ONG tienden a oponerse ideológicamente al sector privado. El relator especial de Naciones Unidas sobre la educación, Kishore Singh, ha dicho que “no debería permitirse la educación con fines de lucro para salvaguardar la causa noble de la educación”.

Esta actitud perjudica a aquellos a quienes sus defensores afirman servir: los niños. El auge en la educación privada es excelente noticia para ellos y para sus países, por tres razones.

Primera, está atrayendo dinero; no solo de los padres, sino también de inversionistas, algunos en busca de utilidades. La mayoría de las escuelas privadas en el mundo en desarrollo son simples operadores que cobran unos cuantos dólares al mes, pero ahora están surgiendo cadenas. Bridge International Academies, por ejemplo, tiene 400 guarderías y escuelas primarias en Kenia y Uganda que enseñan en salones de clases hechos a partir de contenedores de transporte. Planea ampliarse a Nigeria e India. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, Bill Gates de Microsoft y la Corporación Internacional de Finanzas, la filial del sector privado del Banco Mundial, están entre sus inversionistas.

Las cadenas son un acontecimiento saludable, porque tienen una reputación que proteger.

Segundo, las escuelas privadas a menudo ofrecen un mejor valor por el dinero que las estatales. Medir esto es difícil, ya que los niños que van a escuelas privadas tienden a estar mejor y, por lo tanto, a desempeñarse mejor, pero un riguroso estudio de cuatro años de 6,000 alumnos en Andhra Pradesh, en el sur de India, sugirió que los alumnos de escuelas privadas se desempeñaban mejor en inglés y ciencias que los alumnos de escuelas públicas, y a un nivel similar en matemáticas y telugu, el idioma local. Las escuelas privadas lograron estos resultados a un tercio del costo de las escuelas públicas.

Por último, las escuelas privadas son innovadoras. Ya que en la educación la tecnología tiene gran potencial, aunque aún en su mayor parte no se ha desarrollado, esto pudiera ser importante. Bridge da a los maestros tabletas vinculadas a un sistema central que ofrece materiales de enseñanza y monitorea su trabajo. Esa enseñanza robotizada quizá no sea ideal, pero es mejor que las lecciones sin materiales ni supervisión.

Los críticos del sector privado tienen razón en que tiene problemas. La calidad varía desde estándares internacionales superiores hasta no mucho más que una guardería barata. Sin embargo, la alternativa a menudo es una escuela pública que es peor o ni siquiera existe.

Gobiernos deberían impulsar la educación

COMPROMISO • Por tanto, los gobiernos deberían estarse preguntando no la manera de desalentar la educación privada, sino la manera de impulsarla. Idealmente, subsidiarían las escuelas privadas, preferiblemente a través de un vale que los padres utilizaran en la escuela de su elección y luego pagaran la diferencia extra que fuera necesaria. Regularían las escuelas para asegurar la calidad, y realizarían exámenes públicos para ayudar a los padres a tomar decisiones informadas.

Sin embargo, los gobiernos que no pueden dirigir escuelas públicas decentes quizá no puedan hacer tampoco estas cosas, y hacerlas mal sería peor que no hacerlas. Esos gobiernos harían mejor en dar el dinero a los padres y dejar en paz a las escuelas. Donde los exámenes públicos sean corruptos, los donantes y las ONG deberían considerar ofrecer pruebas confiables que ayuden a los padres a tomar decisiones bien informadas y por tanto a elevar los estándares.

El crecimiento de las escuelas privadas es una manifestación del más sano de los instintos: el deseo de los padres de hacer lo mejor por sus hijos. Los gobiernos que sean demasiado desorganizados o corruptos, para fomentar esta tendencia, deberían apartarse del camino.

 

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