•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Cinco años es el período de un Parlamento británico moderno y de uno de los planes económicos de Stalin. Aparentemente, también es el tiempo necesario para introducir una nueva regulación financiera estadounidense.

Cuando la Ley Dodd-Frank fue aprobada en 2010, la llamada regla de Volcker fue vista como una de sus estipulaciones clave. Pero la regla apenas entró en vigor formalmente el 21 de julio.

La cláusula pertinente de Dodd-Frank contiene, en inglés, un total de 165 palabras (y 40 de ellas cubren los puntos clave). Se prohíben a los bancos dos actividades: la administración de cartera propia y los nexos (a través de inversión o relaciones) con fondos compensatorios y de capital privado.

Poner eso en práctica involucró una colaboración de cinco agencias reguladoras: la Reserva Federal, la Comisión de Valores y Cambios, la Comisión de Compraventa de Futuros de Materias Primas, la Corporación Federal de Seguro de Depósitos y la Oficina del Contralor Monetario (OCC, por su sigla en inglés). Este grupo produjo un preámbulo de 891 páginas que condujo a una regla de 71 páginas, todas escritas en un denso lenguaje burocrático.

El objetivo de la regla es impedir que los bancos (y sus filiales en el mundo) con el apoyo implícito del Gobierno de Estados Unidos se den gusto con la especulación y se involucren en conflictos de interés. En realidad, distinguir esas actividades de operaciones financieras más benéficas ha resultado abrumador.

Cerrar o vender

“Es imposible que los bancos sepan si están cumpliendo completamente con la regla, porque sigue habiendo demasiadas cuestiones interpretativas”, dijo Gabriel Rosenberg, de Davis Polk & Wardwell, un despacho legal.

Se han hecho excepciones para la creación de mercados, la mitigación de riesgos, las suscripciones y la compraventa de bonos del Gobierno de Estados Unidos. Pero cumplir con la regla ha forzado a los bancos a cerrar o vender divisiones enteras. Goldman Sachs ha cerrado dos operaciones de administración de cartera propia sin mucho alboroto, y reducido varios fondos en los cuales coinvirtió con clientes, sin sufrir alguna calamidad visible. JPMorgan Chase ha hecho lo mismo.

Los bancos han creado sistemas de cumplimiento designados para asegurarse de que todas las transacciones cumplan con el estándar de Volcker. Esto no ha sido fácil. Cada vez que un banco compra o vende un valor de hecho está tomando parte de una operación de cartera propia. Esto es cierto, por ejemplo, cuando amplía sus tenencias de divisas extranjeras en anticipación de la demanda. Los examinadores bancarios no solo tendrán que juzgar los activos y obligaciones, sino también las intenciones.

Algunos bancos extranjeros, juzgando que simplemente carecen de la influencia política para navegar por un ambiente regulatorio complejo, han reducido sus operaciones estadounidenses, para complacencia de sus competidores estadounidenses.

Costos y beneficios

¿Esta revisión ha valido la pena? Aunque muchas estipulaciones de la Ley Dodd-Frank requieren un análisis de costo-beneficio, no así la regla de Volcker. La OCC ha ofrecido algunas estimaciones de costo-beneficio, las cuales pudieran ser la base de investigación adicional.

Los beneficios, concluye la OCC, son en gran medida incuantificables, pero incluyen una mejor supervisión, una mejor gestión del riesgo, una mayor seguridad, menos conflictos de interés y la esperanza de que se evite una crisis. Los costos del incumplimiento, inevitablemente, conllevan un precio más explícito.

La OCC estima que siete bancos “hacedores del mercado” (es decir, los más grandes) habrán gastado colectivamente más de 400 millones de dólares en 2014 y un poco menos a futuro. Los costos de supervisión anual de la OCC aumentarán en 10 millones de dólares. Otros 39 bancos a los cuales examina tendrán costos directos adicionales de apenas varios millones de dólares al año.

Menos valores

Sin embargo, los costos más grandes, como los beneficios más grandes, pueden ser difíciles de cuantificar. Podría haber menos competencia para los grandes bancos, porque los rivales más pequeños querrán evitar los costos de cumplimiento más elevados. Como los bancos ahora son forzados a limitar sus esfuerzos a crear mercados en valores solo para actividades que pueden ser estrictamente vinculadas con sus clientes, su inventario de valores ha declinado.

Los reducidos inventarios de operación en los mercados de bonos corporativos ya se han vuelto tema de preocupación para los inversionistas. Reducen la posibilidades de grandes pérdidas bancarias en una crisis, pero también reducen la liquidez del mercado. Los inversionistas habitualmente han requerido un rendimiento más alto para compensar la tenencia de valores menos líquidos, elevando el costo del capital para algunas compañías y haciendo más difícil recaudar dinero para otras.

Quizá el resultado más probable es que esas operaciones se trasladen a firmas no reguladas en el sector de la “banca sombra”.

En vez de extinguirse, los riesgos financieros quizá simplemente se vuelvan más difíciles de detectar.

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus