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Desde que Bill Clinton era presidente y Barack Obama era un profesor de derecho con una actividad complementaria en la política local, las playas de Bali y Langkawi no habían parecido tan invitadoras a los estadounidenses. Hace cuatro años, un dólar valía ligeramente más de 8,500 rupias indonesias y ligeramente menos de tres ringgits malasios. Hoy, el dólar alcanza un valor de casi 14,000 rupias y casi cuatro ringgits. Ambas divisas alcanzaron sus niveles más bajos en 17 años este verano, y siguen cayendo.

En cierto sentido, Indonesia y Malasia están lejos de ser únicas: La declinación de los precios de las materias primas, la desaceleración en China y la creciente probabilidad de un aumento en las tasas de interés en Estados Unidos se han combinado para hacer de 2015 un año miserable para las divisas de los mercados emergentes. Brasil y Rusia están en recesión, lo que ha hecho caer al real y al rublo. Turquía, con su economía en desaceleración, su enorme déficit de cuenta corriente y su creciente inestabilidad política, ha visto declinar significativamente a la lira. Los pesos chileno, colombiano y mexicano también han caído.

En Asia, sin embargo, la rupia y el ringgit encabezan la competencia a la baja, habiendo caído en 8.4% y 9.8%, respectivamente, frente al dólar este año; mucho más que el baht tailandés en 6.4% y el peso filipino en 2.2%. Sus problemas son agravados no solo por la fuerte dependencia de las economías indonesia y malasia de las materias primas, sino también por los conflictos políticos en ambos países.

Empecemos con las materias primas. La reducción a la mitad de los precios del petróleo en el último año ha perjudicado a Malasia, que depende del petróleo para alrededor de 30% de sus ingresos. Indonesia es un importador neto de petróleo, pero otras materias primas aún comprenden alrededor de 60% de sus exportaciones; un motivo de preocupación, dado que el índice de materias primas de The Economist, el cual excluye al petróleo, ha declinado en casi 20% en el último año. Tanto Tailandia como Filipinas, en comparación, tienen considerables sectores manufactureros avanzados. Sus principales exportaciones son computadoras y componentes electrónicos.

SERVICIO DE LA DEUDA

El crecimiento más lento y el menguante apetito de las materias primas en China también han sido un lastre para Indonesia y Malasia. China es el destino principal para las exportaciones de Filipinas también, pero las remesas de los millones de filipinos que trabajan en el extranjero han ayudado a apuntalar la demanda interna, amortiguando por tanto el golpe de los declinantes ingresos provenientes de las exportaciones.

El déficit de cuenta corriente de Indonesia y la gran parte de la deuda de su gobierno en manos extranjeras le harán particularmente susceptible a las salidas de capital en caso de un aumento de las tasas en Estados Unidos. Los extranjeros también poseen una gran parte de la deuda de Malasia. Aún más preocupante es el hecho de que mucho del endeudamiento indonesio, tanto corporativo como soberano, está denominado en dólares, lo que significa que, conforme cae la rupia, aumenta el costo de su servicio de la deuda.

En respuesta a estos males, Indonesia ha recaído en el proteccionismo, como es habitual. En julio, impuso aranceles de importación sobre una variedad de productos de consumo, incluidos café, autos y condones. Pese a muchas declaraciones del presidente Joko Widodo sobre mejorar la infraestructura de su país, poco se ha hecho. Llegó al poder hace casi un año con grandes promesas, pero algunos inversionistas han empezado a preguntarse si está a la altura de la tarea de impulsar las reformas que su país necesita desesperadamente.

En cuanto a Malasia, sus reservas extranjeras parecen encaminarse a descender por debajo de los 100,000 millones de dólares, lo que le priva de un colchón muy necesario, y lo cual sugiere que el gobierno podría haber tratado de apuntalar al ringgit. Los males del primer ministro Najib Razak, que durante meses ha estado tratando de disipar denuncias de corrupción, podrían intensificar el nerviosismo de los inversionistas.

El interrogante ahora, para ambos países, es cuánto tiempo durará el dolor. Muchos predicen que los precios de las materias primas se recuperarán, aunque pocos predicen cuándo. Mientras tanto, la depreciación debería hacer a sus exportaciones más competitivas, pero los bajos precios de las materias primas parecen estar compensando esa ganancia. Indonesia está creciendo al ritmo más lento desde 2009. Las divisas en declive en ambos lugares también están avivando la inflación.

Si la Fed actúa y eleva las tasas, estos males presumiblemente empeorarán.

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