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Rusia tuvo al Sputnik y a Yuri Gagarin. En 2003, China puso a un hombre en el espacio. Incluso India está explorando los cielos: en septiembre pasado, una sonda india empezó a orbitar Marte. Brasil se considera como el igual de estas grandes economías emergentes, todas las cuales son miembros de la agrupación Brics. 

Cuando se trata del espacio, sin embargo, sus esfuerzos están muy pegados a la Tierra. Ha colocado solo seis satélites no comerciales bastante pequeños, cuatro construidos con ayuda china y lanzados con cohetes chinos.

El programa espacial de Brasil sufrió un golpe en julio, cuando la presidenta Dilma Rousseff desechó un acuerdo de 11 años de antigüedad con Ucrania para lanzar satélites a bordo de los cohetes ucranianos Cyclone-4 desde el puerto espacial Alcântara, de Brasil, en el nororiental estado de Maranhão. La explicación oficial insinuó que el muy retrasado proyecto, que había sido presupuestado en 290 millones de dólares, se había vuelto demasiado costoso. 

Brasil también quizá haya temido que Ucrania no cumpliera su parte del acuerdo, no menos porque su industria espacial está localizada cerca de Donetsk, que es controlada por los separatistas respaldados por Rusia.

Tragedia en lanzamientoLos satélites brasileños son pequeños.

Brasil empezó bien. En los años 50 y 60 envió cohetes a la atmósfera superior. Su Instituto Nacional para la Investigación Espacial opera una instalación de pruebas de satélites de clase mundial en São José dos Campos, a 100 kilómetros de São Paulo. Sin embargo, los intentos de Brasil por construir su propio cohete portador de satélites se interrumpieron trágicamente en 2003, cuando estalló un prototipo en Alcântara horas antes de su planeado lanzamiento, causando la muerte de 21 personas.

Aunque la ingeniería espacial es difícil, lo es más la diplomacia espacial. El historial de Brasil de compartir conocimientos con regímenes dudosos pone nervioso a Estados Unidos. En los 80, Brasil ayudó a Irak a duplicar el alcance de sus misiles Scud. Los estadounidenses convencieron a Francia y Alemania de no compartir tecnología de cohetes con Brasil. 

Con la mira en Alcántara

En 2000, el presidente Fernando Henrique Cardoso negoció un acuerdo para salvaguardar la tecnología estadounidense, pero el Congreso no lo ratificó. Su sucesor, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, lo desechó. En su lugar firmó el acuerdo con los ucranianos, el cual ofrecía las protecciones que había negado a Estados Unidos.

En su reciente viaje a Estados Unidos, Rousseff visitó un centro de investigación de la NASA, provocando especulación de que Brasil podría estar de nuevo ansioso por cooperar. Sin embargo, los estadounidenses no cederán hasta que existan salvaguardas. Mientras tanto, Francia y Rusia están poniendo la mira en Alcântara, uno de los mejores sitios del mundo desde el cual poner en órbita satélites porque, ubicado en el ecuador, aprovecha plenamente el giro de la Tierra.

Las propias ambiciones extraterrestres de Brasil siguen en tierra. Aun después de recientes recortes presupuestarios, su gobierno planeaba dedicar apenas 2,500 millones de dólares a las actividades relacionadas con el espacio entre 2012 y 2021. La austera India, cuya misión a Marte costó menos de la mitad de lo que Hollywood gastó en la película espacial “Interstellar” (2014), gasta eso en menos de tres años.

Si solo Brasil tuviera un vecino con armas nucleares como Pakistán, musitó un destacado burócrata espacial. Eso pudiera impulsarlo al infinito y más allá.

21 personas murieron en 2003 cuando estalló un cohete en Alcântara, horas antes de su lanzamiento.

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