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Hace poco más de un año los neozelandeses aún hablaban de una “fiebre del oro blanco”. Los fuertes precios de la leche estaban provocando que los criadores de ovejas y ganado se convirtieran a la producción de lácteos, y estaban llegando empresas chinas a comprar tierras agrícolas y procesadoras de leche.

Inevitablemente, la afluencia ha llevado a la saturación. Los precios han caído a sus niveles más bajos en 10 años. Recientemente, los granjeros en Bélgica, Gran Bretaña y Francia han estado protagonizando protestas contra los bajos precios de la leche, pero pocos lugares se han visto más afectados que Nueva Zelandia, cuya industria láctea produce una cuarta parte de sus ingresos por exportación.

El 7 de agosto, Fonterra, una cooperativa propiedad de granjeros neozelandeses que es la compañía exportadora de lácteos más grande del mundo, anunció que esperaba pagar a sus miembros 2.55 dólares por kilo de sólidos lácteos en la temporada actual, que termina en mayo de 2016. Eso es menos de la mitad del precio récord de 5.51 dólares que estaba pagando hace dos años, y está muy por debajo del nivel que permitiría a muchos granjeros no registrar pérdidas.

Hay tres razones principales por las cuales el comercio de la leche se ha agriado. Una es la desaceleración económica en China, un mercado gigantesco donde la demanda de productos lácteos había estado creciendo fuertemente hasta ahora.

Otros mercados

Otra es la abolición de las cuotas de producción de leche de la Unión Europea a principios de este año, lo cual está alentando a los grandes productores en Alemania, Holanda y otras partes a impulsar su producción y sus exportaciones.

Una tercera es la prohibición de Rusia sobre los productos lácteos de la UE, en represalia por las sanciones europeas, lo cual está forzando a los granjeros europeos que habían estado vendiendo a Rusia a buscar otros mercados.

Andrew Little, el líder del opositor Partido Laborista de Nueva Zelandia, dijo que teme que los precios permanezcan bajos y que los banqueros de la industria pierdan la paciencia. Si esto conduce a que las granjas endeudadas sean puestas en venta, muchas podrían caer en manos extranjeras, especialmente chinas y estadounidenses; algo que no les gustaría a los neozelandeses.

Como un recurso temporal, Fonterra está ofreciendo a los granjeros un préstamo de 50 centavos de dólar por cada kilo de sólidos que vendan a la empresa entre junio y diciembre. El préstamo será libre de intereses durante los primeros dos años, y los granjeros tendrán que pagarlo solo si y cuando el precio se recupere a 3.94 dólares.

Señalan a Fonterra

También ha habido llamados para que Fonterra suspenda las subastas en internet quincenales de Global Dairy Trade, un sistema comercial del que es dueña, el cual es usado para establecer precios de referencia, hasta que los precios repunten. El jefe de Fonterra, Theo Spierings, ha dicho que le gustaría que Nueva Zelandia tuviera algo como el programa de intervención de precios de Europa, en el cual la UE compra las existencias de los granjeros cuando los precios de la leche en polvo, la mantequilla y otros productos lácteos alcanzan ciertos niveles.

Algunos piensan que la propia Fonterra es el problema. Jacqueline Rowarth, profesora de agroindustria en la Universidad de Waikato, argumenta que la cooperativa se ha concentrado demasiado en tratar de ser grande y dominar el comercio de lácteos, en vez de poner atención en la demanda del consumidor.

Su información de mercado parece haber sido insuficiente: parece haber subestimado los efectos de la desaceleración de China en las existencias de leche en polvo en ese país y el impacto del fin de las cuotas de la UE en las exportaciones de las granjas europeas. Si hubiera ofrecido a los granjeros más advertencia sobre la inminente caída, quizá no estarían en tales problemas ahora.

Tanto Fonterra como el Gobierno están instando a los granjeros a no entrar en pánico, y asegurándoles que la demanda de productos lácteos se recuperará en un año más o menos. Sin embargo, China continúa estimulando su producción interna de leche, mientras aprovecha las sanciones occidentales para vender más productos lácteos a los rusos. Por ejemplo, una enorme granja con 100,000 vacas está siendo establecida en Mudanjian, una ciudad china cercana a la frontera con Rusia.

Como las granjas de China se están ampliando, en una época de demanda interna débil, y como las europeas ya no tienen cuotas de producción, los precios de la leche pudieran deslizarse más. Eso pudiera hacer imposible que sigan adelante algunos granjeros en Nueva Zelandia y otras partes.

 

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