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Cuando se escriban los libros de texto de economía del futuro, la prohibición de Estados Unidos sobre las exportaciones de petróleo crudo será un buen ejemplo de los efectos perversos del proteccionismo. 

De manera similar, una decisión del gobierno del presidente Barack Obama, el 14 de agosto, de permitir que las empresas estadounidenses intercambien algo de petróleo con México, relajando así la restricción, obtendrá una honorable nota de pie de página en el capítulo sobre la inevitable desaparición de la prohibición.

Geología, ingeniería, economía y política entran en juego. En 1975, justo antes de la primera sacudida petrolera, Estados Unidos prohibió las exportaciones de petróleo crudo para estabilizar los precios internos. 

Las refinerías petroleras del país siguen configuradas para manejar el petróleo crudo pesado y lleno de sulfuro que se importaba. Ahora, gracias a la revolución del esquisto, las importaciones petroleras se han desplomado conforme la producción ha aumentado. El petróleo de esquisto es más ligero y menos sulfúrico. No hay muchas refinerías en Estados Unidos que puedan manejarlo eficientemente. Sin embargo, la prohibición significa que tampoco puede ser exportado.

Mercados sacrificados

Esta regla arcaica ahora mantiene al precio del petróleo producido nacionalmente, señalado por el crudo de referencia West Texas Intermediate (WTI), con un fuerte descuento frente al precio mundial; actualmente de más de 6 dólares por barril. Eso se ha vuelto particularmente doloroso, ya que la producción excesiva de la OPEP ha hecho caer los precios. 

A los petroleros estadounidenses les enoja que sus potenciales mercados de exportación estén siendo sacrificados ante los intereses de la industria de refinación de Estados Unidos, la cual disfruta de suministros artificialmente baratos gracias a la prohibición.

Otros también se beneficiarían de su completa desaparición, incluidos los consumidores en todo el mundo y posiblemente los automovilistas estadounidenses. Los simpatizantes de la prohibición dicen que mantiene bajos los precios de la gasolina estadounidense. 

Pero el consenso entre los economistas es que los precios de productos refinados como la gasolina son establecidos en el mercado mundial. Como el crudo estadounidense está haciendo bajar ese precio, el costo del combustible quizá incluso caiga un poco para los estadounidenses.

Excepciones

La decisión del Gobierno pondrá a prueba esta teoría. La compañía petrolera nacional de México (Pemex) ha querido desde hace tiempo enviar su crudo pesado a Estados Unidos, e importar petróleo estadounidense más ligero para convertirlo en gasolina; actualmente importa alrededor de la mitad de la que vende en las bombas. En tanto eso se contaba como comercio exterior, era imposible. 

Pero el Departamento de Comercio permitirá que unos 100,000 barriles diarios de crudo ligero y condensados fluyan hacia México, a cambio de una cantidad similar de crudo mexicano más pesado dirigido a refinerías estadounidenses.

No es la primera excepción a la prohibición. La definición de lo que constituye petróleo crudo se debe más al arte (y al decreto burocrático) que a la ciencia. Estados Unidos ya ha permitido la exportación de algunos tipos de crudo extraligero. Canadá ha gozado de un privilegio similar al ahora concedido a México.

Alto costo

La oposición a la prohibición también está creciendo entre los legisladores: El Senado celebró audiencias en la primavera, y se espera que ambas cámaras del Congreso voten sobre el tema antes de fin de año. Su eliminación deleitaría a los aliados estadounidenses: la prohibición socava la autoridad moral de Estados Unidos sobre el comercio. Mejor aún, también perjudicaría a Estados poco amistosos como Rusia, Venezuela e Irán.

Los detalles aún serán complicados. Las mimadas refinerías de petróleo crudo estarían dispuestas a ver el fin de materias primas artificialmente baratas a cambio de otras concesiones. Estas pudieran incluir reglas ambientales más laxas, o un cambio en una ley incluso más arcaica, la Ley Jones, la cual prohíbe que barcos extranjeros transporten carga entre puertos estadounidenses. 

Esta ley complace a los navieros y los sindicatos, pero impone un alto costo a cualquiera que quiera enviar un buque tanque de, digamos, una refinería en la Costa del Golfo a un puerto en el noreste.

Esa solución general a esta peculiaridad en el mercado petrolero mundial podría estar aún a cierto tiempo de distancia. Pero al reducir las barreras comerciales al petróleo mexicano, el gobierno de Obama al menos mejorará el funcionamiento del mercado petrolero mundial; y destacará los beneficios potenciales de reformas más drásticas.

6 dólares por barril es el descuento que tiene el crudo de EE.UU. frente al precio mundial, debido a la prohibición de exportarlo.

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