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 Las listas negras han sido un elemento de la diplomacia fiscal desde que comenzó un ataque internacionalmente coordinado contra los refugios fiscales a fines de los años 90. Una de las primeras listas, producida por el organismo mundial contra el lavado de dinero, incluía, entre otros, a Panamá. El país centroamericano blandió el único sable que tenía --su canal-- y pronto fue retirado de la lista después de que algunos gobiernos occidentales protestaron porque sus compañías podrían perder contratos de ingeniería.

Aunque la elaboración de listas negras quizá esté politizada, no es menos popular actualmente. La presión para mencionar y avergonzar es alta en una época de austeridad posterior a la crisis. La más reciente de esas listas, publicada en junio por la Unión Europea, señala a 30 países a los que considera “poco cooperativos” en cuestiones fiscales.

Los mencionados se han quejado. Lejos de ser exhaustivamente investigada, la lista es una suma de listas nacionales: incluye a cualquier país enlistado por 10 o más miembros de la UE. No solo eso parece arbitrario a muchos, sino que los criterios de inclusión difieren de un

Estado a otro de la UE: algunos consideran una tasa impositiva baja como base suficiente, otros requieren también la secrecía y la opacidad. Los elaboradores de listas negras más ávidos son los pececillos financieros como los Estados bálticos y Bulgaria; Alemania y Gran Bretaña están entre aquellos sin aportes.

Peor aún, parecen haberse cometido errores en la generalización; y estos quedaron sin rectificación aun después de haber sido señalados. Guernsey está en la lista en virtud de ser incluido en listas negras por precisamente 10 países de la UE; pero uno de ellos, Polonia, tiene

una queja no contra Guernsey sino contra la cercana isla de Sark.

Choca con la realidad

El gobierno de Guernsey dijo que puso en claro antes de que se publicara la lista que no tenía autoridad legal sobre Sark en cuestiones fiscales, pero que esto cayó en oídos sordos.

La lista choca con la realidad en otras formas también. En ella están Nauru y Niue, dos microestados del Pacífico. Ambos han tenido problemas con sospechosos bancos fantasma en el pasado, sin duda, pero estos fueron cerrados hace una década bajo presión internacional. Hoy, la única institución financiera formal de Nauru, según un grupo contra el lavado de dinero, es una sucursal de Western Union, un transmisor de dinero, en una ferretería. El sector financiero de Niue es, de acuerdo con este parámetro, al menos el doble de grande: se jacta de nada menos que dos sucursales de Western Union, más un banco comercial.

“Es difícil imaginar esquemas complejos de evasión fiscal que sean operados desde esos lugares”, dijo Jason Sharman, un experto en finanzas extraterritoriales en la Universidad de Griffith, en Australia.

Aunque las listas negras carecen de credibilidad entre los conocedores fiscales, sí importan. Afectan a las percepciones públicas y dan a las ONG una vara con la cual golpear a los percibidos infractores.

Agrava problema

Además, la inclusión en una lista daña a más que solo la reputación. La información es introducida en el software de riesgo comercial, haciendo que los bancos que lo usan estén menos dispuestos a tratar con países incluidos en listas negras. Pocos querrán abrir subsidiarias locales en lugares habitualmente denunciados como infractores financieros.

Una lista recopilada por un país o región a menudo es usada como un aporte para las de otros, agravando el problema. Eso puede pasar por alto el progreso hecho por algunos lugares para librarse de su estatus de parias aceptando, por ejemplo, intercambiar información sistemáticamente. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, que supervisa ese proceso, ha llamado “desafortunada” a la lista de la UE.

Las jurisdicciones más avanzadas en la lista, como Guernsey y Bermudas, están particularmente enojadas. Aunque no son ángeles, han hecho progresos y ahora cumplen con estándares fiscales y contra el lavado de dinero más globales que muchos países de la OCDE.

Bermudas señala que al menos 5 de los 11 países de la UE que le han incluido en listas negras no cumplen con las obligaciones fiscales internacionales. En realidad, si la UE hubiera evaluado a sus propios miembros honestamente, es difícil imaginar que no estuvieran en ella Holanda, Luxemburgo e Irlanda, que alberga a esquemas fiscales particularmente rebuscados que son atractivos para los grupos tecnológicos estadounidenses. Algunos podrían añadir también a Gran Bretaña.

Consolidación de listas

La Comisión Europea ha respondido a las críticas argumentando que la lista no debería ser considerada como una lista negra central, ya que el agrupamiento de los 30 nombres es meramente una “consolidación” de las listas nacionales. Eso es falso, dado que los propios funcionarios se refieren a ella como “la lista pan-EU”. Insisten en que la remoción o adición de países corresponde a los Estados miembros individuales.

Un funcionario dijo que la lista ya está teniendo un efecto positivo, al hacer que los centros extraterritoriales estén más dispuestos a entablar conversaciones con los países pequeños de la UE que los han incluido en listas negras. Después de todo, ¿quién sabe a dónde conduciría una cooperación más estrecha entre Guernsey y Estonia?

Sin embargo, conforme ha crecido la presión, Bruselas se ha retractado. En una reunión con los 30 Estados condenados el mes pasado, aceptó hacer una referencia más clara a los esfuerzos que algunos han hecho para cumplir los nuevos estándares de transparencia fiscal; aunque no está claro si descartará la etiqueta de “poco cooperativo”.

Funcionarios han asegurado a Guernsey que no es considerado un reprobado fiscal, pero la isla permanece en la isla; al menos hasta que sea formalmente actualizada a fines de este año.

“Este tipo de cosas le hacen uno sentir que sus esfuerzos nunca serán recompensados”, dijo Steve Wakelin, quien maneja las relaciones internacionales de Guernsey.

 

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