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  • The Economist

Durante demasiado tiempo, Europa ha cerrado los ojos ante la cruenta e infame guerra civil de Siria, y tratado de mantener alejadas a las multitudes que sufren. Repentinamente, las puertas del continente han sido abiertas de par en par por dos fuerzas políticas.

Una es la conciencia moral, que despertó tardíamente con la imagen de un niño sirio ahogado en una playa turca. La otra es el valor político de Angela Merkel, la Canciller alemana, quien dijo a su pueblo que dejara de lado su temor a los inmigrantes y mostrara compasión por los necesitados.

Decenas de miles de solicitantes de asilo fluyeron hacia Alemania por tren, autobús y a pie, entonando “¡Alemania! ¡Alemania!” para ser recibidos por multitudes que les vitorearon. Alemania está demostrando que la vieja Europa, también puede acoger a los cansados, los pobres y las masas que anhelan respirar libremente. Dice que puede absorber no a miles, sino a cientos de miles de refugiados.

Esas cifras inevitablemente plantearán muchas inquietudes: que las culturas se vean abrumadas por los extranjeros, las economías se vean sobrecargadas, los beneficios sociales tengan que ser recortados e incluso que se cuelen terroristas. Los partidos antiinmigrantes han estado en ascenso en toda Europa. En Estados Unidos, también algunos políticos quieren construir muros para mantener fuera a los extranjeros.

La atractiva Europa

Sin embargo, el impulso para ver a los migrantes como principalmente una carga es profundamente erróneo. La respuesta a estos temores conocidos no es erigir más barreras, sino gestionar las presiones y los riesgos para asegurar que la migración mejore la vida de los inmigrantes y de sus anfitriones. El punto de partida es un sentido de perspectiva.

Como un continente rico y pacífico rodeado de grandes áreas de pobreza y caos, Europa es un imán poderoso para muchos que buscan una vida mejor. Los cuatro millones de refugiados sirios no se comparan con los 1.2 millones de las guerras de los Balcanes de los años 90 y los 15 millones tras la Segunda Guerra Mundial.

La agencia de Naciones Unidas para los refugiados, la Acnur, cuenta a 59.5 millones de refugiados y otras personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo. 

Europa no puede recibir a todos. Pero, realmente, la mayoría de la gente prefiere una vida decente en casa. Además, la historia de la migración es un catálogo de temores exagerados, con incontables ejemplos de exiliados que forman comunidades vibrantes que enriquecen a sus países anfitriones: los judíos, los armenios, los balseros vietnamitas y los ugandeses de origen asiático, por mencionar a unas cuantas.

Temor de persecución

La política de Willkommenskultur de Alemania es correcta moral, económica y políticamente. Le pone un ejemplo al mundo.

Los formuladores de políticas necesitan pensar en tres grupos: los refugiados, los migrantes económicos y los votantes nacionales.

Empecemos con los refugiados. Los sirios conforman el mayor contingente de buscadores de asilo en Europa. Oprimidos por las bombas del gobierno del Presidente Basar Assad y los yihadistas del Estado Islámico, los sirios cumplen cualquier estándar para ser reconocidos como refugiados con un “bien fundado temor de persecución”, según los términos de la convención de la ONU sobre los refugiados de 1951. Ayudar a los sirios es un claro deber moral.

Esa responsabilidad no recae únicamente en Europa, sino en el mundo entero. Se necesita una política coordinada para manejar la crisis siria junto con toda la cadena del desplazamiento. Debe haber un esfuerzo concertado para contener la guerra, empezando con la creación de refugios protegidos.

Las agencias de la ONU, cediendo bajo la presión, deben ser financiadas adecuadamente. Los vecinos de Siria, que han recibido a la mayor parte de los refugiados, necesitan ayuda para ofrecer educación y empleos, no solo campamentos en el desierto.

Reparto justo

Estados Unidos, los países occidentales y especialmente las monarquías ricas del Golfo deberían reubicar a muchos más sirios; así como 1.8 millones de refugiados indochinos fueron reubicados en los años 70 y 80. Los países de tránsito necesitan ayuda para manejar los flujos humanos y absorber al menos a algunas personas.

Los refugiados deberían poder solicitar asilo en Europa sin poner en riesgo sus vidas a manos de los contrabandistas de personas; eso significaría establecer centros de procesamiento en los países de tránsito.

En Europa, los refugiados deberían ser compartidos en toda la Unión Europea de manera justa; otros migrantes a los que se negara el ingreso deberían ser repatriados rápidamente. Los países del oeste de los Balcanes (Albania, Kosovo, Serbia) deberían ser considerados seguros.

Los refugiados están entrelazados con los migrantes económicos. Llegan en los mismos barcos y el resentimiento hacia los migrantes erosiona el apoyo a los refugiados. ¿Cómo, entonces, hacer frente a quienes quieren una vida mejor en vez de una vida más segura?

Migrantes necesarios

Considerando que los Estados quizá no puedan diferenciar a quienes acudan en busca de protección, quieren elegir a quienes acuden a trabajar. Una disposición a aceptar a los migrantes legales da a los países más libertad para devolver a los ilegales; emitir más visas de trabajo da a los países vecinos un interés en el sistema y, por tanto, una razón para cooperar para frenar los flujos ilegales.

Pero el punto fundamental es que Europa necesita a los migrantes económicos. Tiene menos trabajadores que paguen el retiro de sus ciudadanos y ofrezcan los servicios que quieren. Los migrantes son contribuyentes netos a las arcas públicas. Inyectan dinamismo económico. Son, casi por definición, emprendedores.

Sin embargo, los votantes quizá no sean tan optimistas. Los recién llegados necesitan viviendas, escuelas y atención médica. Hay evidencia de que deprimen los salarios para los de ingresos bajos; aunque de manera mínima. 

Donde los mercados laborales son rígidos, los migrantes pueden volverse una subclase. Sin embargo, esto refuerza el argumento no a favor de la “fortaleza Europa”, sino a favor de la política pública; y especialmente del tipo de mercados laborales abiertos y flexibles que Europa necesita ya sea que acepte o no a los migrantes.

Temor a relacionarse con musulmanes

Los votantes temen que los inmigrantes no encajen. Una antigua idea del cristianismo aun acecha a la identidad europea moderna. Desde los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, y los asesinatos terroristas en Europa, las relaciones con las minorías musulmanes se han vuelto tensas.

No obstante, la compasión hacia los musulmanes necesitados es parte del antídoto para una ideología yihadista de odio. En contraste, millones de sirios sometidos a brutalidades que fueran dejados al garete en los límites de Europa se convertirían en una fuente de extremismo que no respetará frontera alguna.

Seguramente hay topes a cuántos migrantes aceptará cualquier sociedad. Pero las cifras que Europa propone recibir no se acercan a ellos. Los límites de la tolerancia social son borrosos. Cambian con el tiempo, las circunstancias y el liderazgo.

La política del Willkommenskultur muestra que las personas de Europa son más acogedoras de lo que suponen sus nerviosos políticos. La política del temor puede ser vencida por la política de la dignidad. Merkel lo comprendió, y así debería hacerlo el resto del mundo.

  • 4 millones es la estimación del número de refugiados sirios.
  • 1.2 millones de refugiados dejaron las guerras de los Balcanes de los años 90.

  • 15 millones de refugiados provocó la Segunda Guerra Mundial.

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