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Tras redefinir a las industrias de las computadoras personales y los teléfonos móviles, Apple ha puesto la mira en un nuevo blanco en movimiento. La consentida de la industria tecnológica está apuntando al debut de un auto eléctrico en 2019, según un artículo de The Wall Street Journal.

Durante años, ha habido especulación de que Apple tenía ambiciones automovilísticas. Ha estado contratando a enjambres de ingenieros para trabajar en el proyecto, llamado en código Titán, el cual emplea ahora a alrededor de 600 personas.

Con alrededor de 200,000 millones de dólares acumulados, Apple ciertamente tiene suficiente efectivo para gastar en una nueva empresa. Sus legiones de fanáticos siempre están ansiosos de verle lanzar un nuevo producto que cause sensación. Su oferta más reciente, el Apple Watch, no ha sido el éxito masivo que algunos analistas esperaban, y el último evento de lanzamiento de Apple fue más bien soso, exhibiendo principalmente cambios en productos existentes.

Para que tenga sentido empresarial, los autos de Apple necesitarían tener rendimientos del 40%, comparables a los de sus productos existentes.

Lanzar un auto sería mucho más audaz y, en teoría, altamente lucrativo. Las ventas mundiales de autos alcanzaron los dos billones de dólares el año pasado.

Sin embargo, hay muchas cosas en la industria automovilística que le hacen diferente a vender teléfonos. El ciclo de reemplazo de un iPhone es de apenas dos años. Los consumidores se quedan con sus autos mucho más tiempo.

LA RENTABILIDAD

Para que tenga sentido empresarial, los autos de Apple necesitarían tener rendimientos comparables a los de sus productos existentes, pero márgenes de utilidad bruta como el actual 40 por ciento de Apple son algo con lo que la mayoría de los grandes fabricantes de autos solo pueden soñar. En BMW, una de las más rentables, los márgenes son de alrededor del 20 por ciento.

Un factor incluso más importante es que, como lo demostró toda la atención puesta en días recientes en Volkswagen, los autos están mucho más regulados que la electrónica de consumo. El cumplimiento de los estándares de seguridad y las reglas de emisiones probablemente serán supervisados más rigurosamente en el futuro. Esa es una perspectiva difícil incluso para el fabricante de autos más experimentado, ya no digamos para un novato en la industria.

UN PELIGRO

Las capacidades de la compañía en dispositivos móviles serán una ventaja, a medida que los autos se conecten más a internet. Sin embargo, los riesgos asociados con los autos conectados son de un orden diferente a los de los teléfonos móviles.

Hace pocos días se reveló que un malware había infiltrado algunas de las aplicaciones para smartphones vendidas en la tienda de Apple, incluidas dos de las aplicaciones más populares en China. Esto fue embarazoso, pero no desastroso. Si un malware similar se introdujera en un auto Apple, sin embargo, los resultados pudieran ser fatales.

Esas inquietudes no son suficientes para desalentar a las empresas tecnológicas de dirigirse a toda velocidad hacia la industria automovilística. Encabeza al grupo Tesla, un fabricante de vehículos eléctricos de lujo establecido por Elon Musk, un exitoso emprendedor tecnológico. Google está trabajando en un vehículo autónomo y un sistema operativo para autos, y recientemente contrató a un exejecutivo de la industria automovilística para dirigir su proyecto del auto sin conductor.

La decisión de Apple, de entrar en la industria automovilística, podría ser motivada en parte por no querer dejar a Google el control del tablero y los sistemas operativos de los autos. Su rivalidad se está convirtiendo en una carrera de velocidad.

 

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