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A veces, no hacer nada realmente es mejor que hacer algo. El 17 de septiembre, la Reserva Federal tomó la decisión correcta de dejar cerca de cero su tasa de interés de referencia, que no ha cambiado desde 2008. Como la inflación se sitúa muy por debajo de la meta del 2% de la Fed y prevalecen las dudas sobre la economía de China, un aumento habría sido un riesgo innecesario.

No obstante, la presidenta de la Fed, Janet Yellen, enfrentará una decisión similarmente difícil en octubre, y posiblemente durante muchos meses después de eso. Siempre que ocurre un “despegue”, los mercados financieros esperan que las tasas permanezcan históricamente bajas en los años siguientes. La era de las condiciones monetarias poco convencionales no muestra signos de terminar. Para que los bancos centrales del mundo rico regresen a la normalidad que anhelan, su caja de herramientas estándar quizá no sea suficiente. Es hora de pensar más audazmente, en especial acerca de la idea de la meta inflacionaria.

Termostato inflacionario

Eso es porque parece haberse roto la relación habitual entre inflación y desempleo. A corto plazo, según piensan los economistas, estas dos variables deben moverse en direcciones opuestas. Un alto desempleo debería pesar sobre los precios, mientras que un bajo desempleo debería hacer subir la inflación al elevar los salarios.

Desafortunadamente, en muchos países ricos este termostato inflacionario estándar no está funcionando bien. En 2008, el crecimiento económico colapsó y el desempleo aumentó, pero la inflación solo se hundió gradualmente por debajo de la meta. Ahora, por el contrario, el desempleo ha caído a niveles notablemente bajos, pero la inflación sigue anémica.

Eso ha tomado por sorpresa a los bancos centrales. Suponiendo que el aumento de precios seguiría al auge en el empleo, tanto la Fed como el Banco de Inglaterra pusieron fin a programas de estímulo de compra de bonos y prepararon a los mercados para inminentes aumentos de tasas. Sin embargo, sus recuperaciones más bien han resultado casi libres de inflación. Peor aún, como las tasas de interés son de casi cero por ciento, los banqueros centrales tienen menos espacio para responder que si hubieran malinterpretado los riesgos inflacionarios y hubieran subido las tasas demasiado pronto. Dado este doble apuro, tiene sentido mirar más allá de la inflación y considerar más bien fijar una meta para el PIB nominal.

Críticos preocupados

Una meta para el PIB nominal --la suma de todo el dinero percibido en una economía cada año, antes de tomar en cuenta la inflación-- es menos radical de lo que suena. Fue una alternativa factible cuando las metas inflacionarias se volvieron comunes en los años 90.

Una meta para el crecimiento del PIBN, es decir el crecimiento en el ingreso en efectivo, maneja mejor las importaciones baratas, las cuales estimulan el crecimiento, pero deprime los precios, tirando de los bancos centrales de hoy en dos direcciones a la vez. El ingreso nominal también es más importante para la salud económica de los deudores que la inflación o el crecimiento, porque las deudas se fijan en términos de efectivo.

A los críticos les preocupa que el PIBN sea difícil de medir, esté sujeto a revisión y resulte alucinantemente poco familiar para el público. Sin embargo, si el PIBN suena difícil, el crecimiento en el ingreso no lo es. Aunque la inflación puede medirse con bastante facilidad, los bancos centrales ahora dependen casi demasiado de las estimaciones de la “inactividad” del mercado laboral, una cifra imposiblemente vaga.

Tendencias

Lo más importante es que una meta del PIBN liberaría a los bancos centrales de la confusión causada por el medidor inflacionario averiado. Actualmente, para establecer su política, los bancos centrales deben determinar cómo piensan que responderá la inflación al descenso en el desempleo y los mercados deben intentar adivinar su razonamiento. Una meta del PIBN no requeriría una distinción entre los pronósticos para el crecimiento y por tanto, del empleo, y las predicciones para la inflación.

¿Qué significaría en la práctica una meta del PIBN? La mayoría de las economías se han quedado muy cortas de su tendencia previa a la recesión en cuanto al crecimiento del ingreso nominal. Antes de la crisis financiera, un crecimiento del PIBN del 5% era considerado normal en Estados Unidos. Hoy, sin embargo, la economía está 16% por debajo del umbral de ingreso que hubiera alcanzado si hubiera crecido a ese ritmo desde 2006. En Gran Bretaña, también el PIBN está 15% por debajo de donde podía haber estado. La zona del euro y Japón están todavía peor.

Esos déficits son demasiado grandes para que se puedan compensar rápidamente, porque hacerlo implicaría tasas inflacionarias peligrosamente altas.

Crecimientos menores

En relación con las tendencias recientes, las economías ricas se están quedando cortas. El PIBN estadounidense está 5% por debajo de lo que se habría anticipado en 2010.

Un crecimiento más rápido del PIBN pudiera provenir de una mejor productividad, más contrataciones o una inflación más rápida; de todo lo cual las economías ricas pudieran hacer un poco más de uso.

Establecer una meta diferente no significa que los bancos centrales automáticamente la alcancen. Sin embargo, su caja de herramientas poco convencionales parece vacía. La relajación cuantitativa, que sigue en uso en Europa y Japón, está perdiendo efectividad debido a las preocupaciones en torno a los precios de los activos. Las tasas de interés no pueden recortarse mucho más por debajo de cero sin cambios radicales en la naturaleza del dinero; el economista en jefe del Banco de Inglaterra sugirió recientemente eliminar el efectivo.

No obstante, corregir la meta es un comienzo importante. Esperar pacientemente a que la inflación suba ya no es lo suficientemente bueno.

  • 2008 en ese año el crecimiento económico colapsó en Estados Unidos y el desempleo aumentó.
  • 15 por ciento por debajo de lo proyectado está el crecimiento de Gran Bretaña.

 

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