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  • EFE

Corea del Norte se está abriendo al exterior. Lo dice el esloveno Matjaz Tancic, uno de los primeros fotógrafos extranjeros en exponer en Pyongyang y en poder viajar, cámara en mano, por múltiples partes del hermético país persiguiendo un único objetivo: retratar a personas "corrientes".

Diez días de viaje no suena a mucho, pero la percepción cambia si se trata de una visita a Corea del Norte. Lo sabe bien Tancic, que sentado en una cafetería de Pekín, la ciudad en la que vive desde 2012, rememora "su breve pero intenso" viaje al reino de los Kim.

"Es como viajar en el tiempo. Volver a los 60", cuenta el joven fotógrafo sobre la visita que realizó en 2014 y que dio como fruto "3DPRK", una serie de retratos de norcoreanos que se fue encontrando en el camino y que ha sido expuesta recientemente en Pyongyang.

Foto 3D en la que se muestra a un boxeador norcoreano que el fotógrafo se encontró en una pista de hielo.En un signo de apertura, Corea del Norte inauguró su primera muestra con obras de extranjeros, entre las que incluyó las del esloveno, que escogió un formato -el 3D- con el que cree que la gente "se puede envolver" en la imagen.

Desde estudiantes de instituto, un doctor de un hospital de maternidad hasta un boxeador que había competido en Kazajistán y que se encontró en una pista de hielo a la que le llevaron. Tancic fotografió a aquellas personas que más le llamaban la atención, aunque tenía prohibido tomar fotos de construcciones.

"Quería mostrar a la gente que nunca ves. La gente normal que no es utilizada por la propaganda y tampoco por la antipropaganda", explica.

Recorrido

La historia detrás de las instantáneas es igual e incluso más interesante que las imágenes en sí, pues para tomarlas Tancic recorrió el país de sur a este y hacia el norte, pasando por ciudades recién abiertas al turismo, junto a dos guías que le ayudaban y controlaban y con los que acabó entablando amistad.

"Yo intentaba sacar fotos de gente normal. Ellos no me dejaban. Manteníamos siempre una especie de lucha, querían que tomara fotos de edificios turísticos bonitos", explica el esloveno sobre sus acompañantes, la señorita Kim y el señor Kan.

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El fotógrafo recuerda a Kim como "una catedrática", siempre "muy correcta". Kim había estudiado en Viena y era más abierta que Kan, quien acababa de empezar a trabajar y, aunque hacía bromas, no contaba mucho de sí mismo.

A pesar de la confianza que logró, el fotógrafo tuvo varios enfrentamientos. "Después de muchos días de trabajo muy duro, obedeciendo las normas, bajé a la recepción y cuando les saludé vi que algo iba mal. Me volvieron a preguntar por qué estaba haciendo fotos de la gente", recuerda.

Kim y Kan, explica, tenían que pasar una especie de informe a Pyongyang cada noche sobre sus movimientos y, según cree Tancic, "les tenían que haber presionado".

"Estaba muy enfadado. Así que les dije 'todo el mundo ha visto vuestra arquitectura, pero siguen hablando de vuestras bombas nucleares... Si queréis enseñar al mundo que sois un país como cualquier otro, la gente tiene que ver a gente'", les espetó.

Lugares turísticos

En su viaje, el esloveno recorrió zonas rurales, distintas ciudades e incluso visitó dos "resorts" turísticos con todo tipo de lujos y en los que no recuerda ver a mucha gente.

Uno de los momentos que destaca fue el único paseo que dio por la tarde, de manera "más o menos libre", por una ciudad costera. Normalmente, debía quedarse en el hotel al acabar la jornada.

"Kan vino conmigo. Para mí fue muy bueno, aunque él estaba un poco incómodo. Fue el paseo más interesante. Vi a gente haciendo picnic, a muchos pescadores", comenta Tancic, quien asegura que "no era un montaje".

"Habrá gente que diga que todo lo que vi lo fue (un montaje). Pero no lo creo. A veces, nos perdíamos. Si vas en un grupo de turistas o periodistas, claro que te van a llevar por la mejor carretera", destaca el artista, nacido en la antigua Yugoslavia, a la que le recordaba Corea del Norte.

"Muchas cosas me eran súper familiares. Aunque Yugoslavia no era tan extremo", indica el fotógrafo, a quien le llamó la atención las bandas que se encontró en cada construcción o fábrica, "tocando para animar a los trabajadores".

A pesar de que fue mucho tiempo en un país tan cerrado como Corea del Norte, Tancic se quedó con ganas de saber más: "Todo está muy cerca y muy lejos. Ves pero no entiendes".

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