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En 2012, cuando Latinoamérica estaba disfrutando de un periodo de rápido crecimiento económico y progreso social, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) decidieron celebrar su reunión anual de este año en la región, algo que no habían hecho desde 1967. Eligieron Lima, la capital de Perú, una de las estrellas económicas de la región.

Esas decisiones siempre son rehenes de la fortuna, la cual en este caso ha sido cruel.

Durante los últimos meses, la mayoría de las monedas y bolsas de valores de Latinoamérica han sufrido una golpiza. El FMI ahora espera que la economía de la región se contraiga ligeramente este año. Como los mercados emergentes en general se están encaminando a la baja, y la economía mundial mantiene el equilibrio de manera incierta entre la desaceleración de China y un inminente aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, el estado de ánimo de muchos de los 12,000 asistentes a la reunión es tan gris como las densas y bajas nubes invernales en Lima. Cuando comenzó el evento, el FMI recortó su predicción para el crecimiento mundial.

¿Qué salió mal en Latinoamérica? La respuesta corta es la desaceleración de China, que ha desinflado los precios de las materias primas y, con ellos, las exportaciones y la inversión en Sudamérica.

En algunos casos, los males son principalmente autoinflingidos. Brasil y Venezuela siguieron gastando aun después de que el auge de las materias primas comenzó a menguar. Ambos están sufriendo ahora profundas recesiones. Si se excluye a estos dos, según el FMI, los países latinoamericanos crecerán en 2.6% en promedio este año.

Ligadas a EE.UU.

Desde el Canal de Panamá hacia el norte, las economías de la región están vinculadas más estrechamente con Estados Unidos que con China. México, Centroamérica y el Caribe son importadores netos de materias primas. El crecimiento ahí es constante, aunque en su mayor parte poco espectacular.

Las economías bien administradas en Sudamérica, como las de Chile, Colombia y Perú, están adaptándose gradualmente a un mundo más difícil. Siguen creciendo, aunque solo a un ritmo de entre 2 y 3 por ciento, porque han podido aplicar una modesta cantidad de estímulo monetario y fiscal. Las depreciaciones monetarias eventualmente deberían allanar el camino a la recuperación. A corto plazo, sin embargo, han avivado la inflación. Los bancos centrales de Colombia y Perú elevaron sus tasas de interés el mes pasado, y Chile podría seguirles.

¿Cuán rápidamente pudiera darse la recuperación? En Latinoamérica, las divisas más débiles siempre traen consigo una restricción en las importaciones antes de un aumento en las exportaciones, advirtió Alejandro Werner, el máximo funcionario del FMI para la región. Las reformas estructurales necesarias para estimular la productividad, como mercados laborales más flexibles y mejores condiciones empresariales e infraestructura, toman tiempo. No obstante, predijo una modesta recuperación este año.

Eso depende en parte del mundo exterior.

“La demanda externa debe acudir al rescate para que la desaceleración no sea tan pronunciada y prolongada”, dijo Augusto de la Torre, el economista en jefe para Latinoamérica del Banco Mundial.

Dada la debilidad del comercio mundial, eso podría tomar tiempo.

Deben economizar

La recuperación también depende de un regreso de la confianza. Chile ha reducido su déficit de cuenta corriente, pero la inversión sigue siendo débil debido a la incertidumbre política. La mayoría de los pronosticadores espera que Brasil se recupere hacia finales del año próximo, pero eso requiere una restricción fiscal creíble.

Tras pedir prestado para financiar la expansión en los buenos tiempos, muchas compañías latinoamericanas deben economizar también. El FMI concluye que la proporción deuda-capital social en una muestra de 450 compañías no financieras en cinco de las economías más grandes de la región ha aumentado a 6.5, respecto de cuatro en 2011.

Latinoamérica no es tan afortunada como imaginaba. La pobreza está en ascenso de nuevo. Aun así, no es la mala vieja región del pasado, un terreno de volatilidad e hiperinflación. La desaceleración no ha llevado a crisis financieras. Aún hay reductos de crecimiento; no menos en Lima, donde está teniendo lugar la reunión anual en un reluciente centro de convenciones nuevo.

  • 2.6 por ciento crecerán los países de América Latina este año sin incluir a Brasil y Venezuela.

 

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