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Hasta hace pocas semanas, el mundo no había visto un nuevo gran pacto comercial multilateral en más de 20 años. El convenio que puso fin a la sequía --el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), que comprende a 12 países en Asia y el continente americano, incluidos Estados Unidos y Japón-- es bienvenido.

Sin embargo, quienes creen en el libre comercio, y los beneficios que este trae consigo, no deben pasar por alto el panorama completo. El telón de fondo del convenio en mención es oscuro.

Primero, el pacto mismo. Tiene defectos --¿qué compromiso no los tiene?--, pero las ventajas son mayores. Los negociadores que concertaron el acuerdo en Atlanta no solo redujeron los aranceles en sectores mimados como la agricultura, sino que también redactaron reglas para todo, desde visas para viajeros de negocios hasta política de competencia. 

El acuerdo limita las formas veladas de proteccionismo, como el trato especial para las empresas estatales y las prohibiciones arbitrarias a las importaciones tras temores de seguridad.

Los beneficios de esas medidas son difíciles de cuantificar, especialmente porque los detalles del acuerdo aún no se dan a conocer, pero la evaluación más amplia hasta ahora estima que el pacto pudiera estimular el PIB de sus miembros en 1 por ciento para 2025. El impacto sobre los signatarios del acuerdo que son mercados emergentes probablemente será mucho mayor.

Muchas dificultades

Visto desde un ángulo diferente, sin embargo, el TPP cuenta una historia diferente.

Primero, está el hecho de que el acuerdo ha sido muy difícil de promover en Estados Unidos. Tomó meses, y varios reveses legislativos, antes de que el presidente Barack Obama consiguiera la autoridad de vía rápida para una votación congresal sobre el TPP. El acuerdo aún podría ser rechazado, en Estados Unidos y en otras partes. Quienes pudieran suceder a Obama como presidente saben que el acuerdo atrae pocos votos. En días recientes, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, la favorita demócrata y alguna vez promotora del pacto, se lanzó contra el mismo.

Los beneficiarios del TPP, tanto consumidores como exportadores, son numerosos, pero sus logros potenciales son difusos. En comparación, las compañías y granjas ineficientes, a punto de quedar expuestas a una mayor competencia extranjera, son obvias y tienen una voz fuerte. Canadá, por ejemplo, limitó la amenaza a sus productores de leche y ofreció un gran nuevo subsidio. Esto es un recordatorio de cuán difícil es defender el libre comercio.

Segundo, el TPP subraya el alejamiento respecto de los acuerdos mundiales. La Organización Mundial de Comercio, que es responsable de los convenios mundiales, ha estado tratando --en gran medida infructuosamente-- de negociar uno desde 2001. Alcanzar un acuerdo entre sus 161 miembros, especialmente ahora que los aranceles promedio en todo el mundo son relativamente bajos y las negociaciones se centran en obstáculos más contenciosos para el comercio, ha resultado casi imposible.

Eficiencia

Los acuerdos regionales son lo que le siguen en importancia, pero, por definición, excluyen a algunos países y, por tanto, pudieran alejar el comercio del productor más eficiente. En el caso del TPP, el excluido más destacado es China, el eje de la mayoría de las cadenas de suministro mundiales.

Tercero, las buenas noticias sobre el TPP contrastan con las malas noticias en otras partes. El comercio transfronterizo hoy gira tanto en torno al intercambio de datos como en torno al flujo de bienes y servicios, y en días pasados se dio la anulación dictaminada por un tribunal europeo de un acuerdo que habría permitido a las compañías estadounidenses transferir datos de clientes a través del Atlántico.

El comercio convencional enfrenta vientos en contra aún más fuertes. El volumen de productos embarcados en el primer semestre de este año fue solo 1.9 por ciento más alto que en el mismo periodo de 2014, muy por debajo de su crecimiento promedio a largo plazo de 5 por ciento. Esto refleja no solo la debilitada demanda de importaciones en China, una amenaza para las economías en desarrollo que le proveen, sino también la acumulación de medidas menores que obstruyen al comercio mundial.

Los acuerdos como el TPP son la forma más efectiva de revertir esta lamentable tendencia, al reducir los aranceles y otros obstáculos para el comercio. Los optimistas esperan que ahora pueda extenderse a China y otras naciones. Tristemente, la experiencia sugiere que esto será difícil.

Bachelet: El TPP generará beneficios importantes

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, respaldó el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) y aseguró que generará “beneficios importantes” para el país, especialmente en sectores como el agrícola, agroindustrial o forestal.

“Hemos defendido el interés nacional asegurando que no iremos más allá de los estándares que impone la norma vigente del país, y respetando los compromisos que están incorporados en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos”, señaló este viernes Bachelet en una rueda de prensa.

La mandataria chilena recalcó los logros alcanzados por las negociaciones y recordó que los acuerdos salvaguardarán “aspectos importantes y sensibles, especialmente en el ámbito de propiedad intelectual”.

El acuerdo, que creará la mayor zona de libre comercio del mundo, fue pactado por Chile, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam.

Uno de los puntos más controvertidos para Chile fue el referido a la protección de los medicamentos biológicos, que frenó hasta última hora el cierre de la negociación.

“Este asunto finalmente fue resuelto manteniendo el periodo de protección de cinco años de exclusividad de datos que se aplica en Chile”, señaló Bachelet.

El Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, uno de los más ambiciosos en el ámbito comercial jamás alcanzado y que representa el 40% de la
economía mundial, abrirá nuevas oportunidades a los exportadores, incorporando productos que han quedado fuera de acuerdos anteriores.

“Los sectores beneficiados serán especialmente el agrícola, agroindustrial, forestal, con el consiguiente efecto positivo en el empleo de esos sectores”, dijo Bachelet.

En tanto, la presidenta chilena destacó que el acuerdo alcanzado permitirá optimizar el uso de internet para las empresas y consumidores, pues los miembros se comprometieron a no establecer barreras a las transacciones comerciales y a facilitar el comercio remoto que permite el internet.

El TPP reducirá las barreras arancelarias y establecerá estándares comunes en distintas áreas de acceso a mercados entre las que destacan reglas de origen, defensa comercial, competencia, compras públicas o propiedad intelectual.

También se incorporaron los denominados temas horizontales que incluyen coherencia regulatoria, competitividad, desarrollo y pequeñas y medianas empresas.

En los cinco años que han durado las negociaciones, un proceso que se ha llevado a cabo con gran reserva y discreción, el TPP ha sido cuestionado en distintas ocasiones por sectores sociales y grupos de interés que lo consideran lesivo para sus intereses.

Para ser aprobado, el acuerdo debe ser ratificado por los Parlamentos de los doce países miembros.

Bachelet expresó su confianza de que en el Congreso, donde se tendrá que votar el acuerdo una vez finalizado y suscrito, “primará el interés de Chile”.

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