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“Hundiéndose” podría ser una mejor descripción que “flotando” cuando se trata de muchas de las divisas del mundo.

Un desplome en los precios de las materias primas ha afectado duramente a los productores de recursos naturales. Los débiles precios del petróleo, en particular, han socavado la posición de cuenta corriente de los exportadores de crudo.

La Unidad de Inteligencia de The Economist espera que la cuenta corriente noruega se deteriore en 3.3 puntos porcentuales entre 2013 y 2015. Muchas divisas han seguido a los precios del petróleo a la baja. Desde junio de 2014, la corona noruega ha declinado en 26 por ciento, el real brasileño en 40 por ciento y el rublo ruso en 45 por ciento frente al dólar.

Quienes creen que los tipos de cambio competitivos estimulan el crecimiento económico deberían sentirse complacidos. No obstante, no todos los países están dispuestos a permitir que su moneda se ajuste libremente.

La revisión anual del Fondo Monetario Internacional de los regímenes monetarios, publicada este mes, reveló que, a principios de 2015, solo 35 por ciento de los países miembros dejaron que sus monedas flotaran y solo 16 por ciento intervino lo suficientemente poco para que el FMI los clasificara como de “libre flotación”. El resto, desde la fijación incuestionable de Hong Kong con el dólar hasta la tambaleante naira nigeriana, son manejadas con mayor firmeza.

DESEQUILIBRIOS SE ACUMULAN

Esta inclinación por las fijaciones puede tener sentido. Muchos grandes exportadores de petróleo fijan sus tipos de cambio con el dólar porque el precio del crudo se determina en esa moneda.

Anclar el tipo de cambio de un país con otra moneda estable permite a un banco central débil enlazarse con la credibilidad de una institución más fuerte y, por tanto, mantener estables las expectativas inflacionarias. Pregunte a un zimbabuense si prefiere el antiguo régimen --cuando 175 cuatrillones de dólares zimbabuenses se cambiaban por 5 dólares estadounidenses-- o la nueva moneda fuerte.

Sin embargo, las fijaciones conllevan condiciones. En un mercado libre, una sacudida como el colapso en el valor de las exportaciones impulsaría una relativa demanda en el mercado de divisas, lo cual a su vez causaría que la moneda local se depreciara.

El peligro de una fijación es que, en vez de permitir que el tipo de cambio se ajuste gradualmente, los desequilibrios se acumulan. Los especuladores detectan el problema y atacan a la divisa. Si el país tiene que elevar las tasas de interés para defender la fijación, eso perjudica a la economía subyacente, pero la devaluación significa la ruina potencial para las compañías que han pedido prestado en divisas extranjeras.

LOS ESPECULADORES

Si el tipo de cambio no se ajusta ante una sacudida, entonces algo más tiene que cambiar. Algunos lugares, como Hong Kong, tienen suficiente flexibilidad para salir adelante; su firme fijación con el dólar funciona porque los salarios de los trabajadores pueden bajar así como subir. Sin embargo, no todos son tan ágiles.

Un enfoque alternativo es formar enormes reservas para mantener a raya a los especuladores, como ha hecho Arabia Saudita. Según estimaciones de Jadwa Investment, una administradora de fondos saudita, el gobierno ha amasado suficientes reservas para cubrir un cómodo periodo de 48 meses de importaciones. Pocos parecen pensar que la fijación saudita vaya a caer pronto.

Otras fijaciones han estado cediendo bajo las presiones mundiales. Tanto el tenge kazajo como el dong vietnamita han visto sus fijaciones romperse tras la reciente devaluación china. Los kazajos tuvieron poca opción, aun cuando un movimiento similar en febrero de 2014 condujo a protestas callejeras, cuando los artículos de lujo importados quedaron fuera del alcance de la gente común. El país también ha tenido que hacer frente a una caída en el rublo ruso, un gran socio comercial. Mantener la fijación con el dólar habría hecho que los exportadores kazajos se volvieran dolorosamente poco competitivos.

Otros productores de petróleo han adoptado estrategias que corren el riesgo de hacer más daño que bien. La naira nigeriana y la kwanza angoleña se han depreciado en 19 y 27 por ciento, respectivamente, frente al dólar desde junio de 2014, a medida que sus bancos centrales les han permitido descender en una serie de medidas. Según Yvonne Mhango, de Renaissance Capital, un banco de inversión en mercados emergentes, ambos aún tienen espacio dónde moverse.

VENEZUELA EN PROBLEMAS

En vez de asumir la postura de al mal paso darle prisa, el gobierno nigeriano está tratando de hacer que la economía cubra la brecha entre los ingresos por importaciones y exportaciones. En junio, el Banco Central de Nigeria produjo una lista de 41 artículos que no pueden comprarse usando divisas extranjeras, incluidos arroz, caucho, palillos de dientes y jets privados. Según Mhango, estas restricciones a las importaciones están causando una recesión en su sector manufacturero, el cual no puede tener acceso a las materias primas que necesita.

“No hay nada que sugiera que la brecha en la oferta que se ha creado por la prohibición de importaciones pueda ser cubierta”, dijo. “A corto plazo, los precios de estos productos simplemente aumentarán”.

El gobierno está creando el problema que está tratando de evitar.

Venezuela también está en un aprieto. Se espera que el precio declinante del petróleo convierta el superávit de su cuenta corriente en un déficit. Con suficientes reservas para solo tres meses de importaciones, ha restringido el acceso a los mercados cambiarios. El FMI espera que sea uno de los países con peor desempeño económico de este año. Se estima ampliamente que la tasa inflacionaria alcanza los tres dígitos.

Para países como estos, echar mano de las reservas del Banco Central es una solución a corto plazo para defender una divisa, y restringir el comercio es contraproducente. Angola y Nigeria ya han devaluado más de una vez y los inversionistas sienten que lo volverán a hacer. El único interrogante es ¿qué forzará la decisión: los especuladores externos o la presión económica interna?

Eurozona no decide sobre política monetaria

EFE

Retraso • El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Vitor Constancio, aseguró esta semana que “nada se ha decidido” con respecto a la posibilidad de que la institución amplíe en breve sus estímulos monetarios.

Constancio realizó estas declaraciones al intervenir en una conferencia sobre estabilidad financiera en Berlín, en la que recordó no obstante que el BCE está “listo para actuar” cuando sea necesario con todo el instrumental a su disposición.

Afirmó además que la política monetaria en la eurozona seguirá siendo “acomodaticia” y que se prevé que los tipos de interés sigan estando a niveles bajos por un buen tiempo.

Asimismo, Constancio reconoció que un plan de compra de bonos a gran escala rebaja los precios de la deuda pública y puede afectar también a otros mercados.

En este sentido, indicó que el BCE está “examinando atentamente” la evolución de los mercados en la eurozona y que su diagnóstico actual es que “no hay signos de sobrevaloración” de activos y que, en general, tampoco perciben efectos perniciosos de su política monetaria ni en el mercado inmobiliario ni en la concesión de créditos.

La semana pasada el presidente del BCE, Mario Draghi, dejó entrever con una claridad inusual que la entidad va a aplicar en diciembre más estímulos monetarios en la zona del euro.

“Estamos listos para ajustar el diseño de nuestro programa (de expansión cuantitativa) a las necesidades”, dijo Draghi.

El BCE inició el pasado marzo un programa de compra de bonos soberanos y corporativos que inyecta en el sistema unos 60,000 millones de euros al mes y tiene por objetivo reafirmar la evolución de los precios.

 

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