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Ahora que Uber se está metiendo en su actividad, los taxistas de Londres se han vuelto aún más malhumorados que lo habitual. Mientras tanto, los hoteleros del mundo están enfrentándose con Airbnb y los fabricantes de hardware con la computación en la nube. En todas las industrias, los disruptores están reinventando la manera en que funcionan los negocios.

Menos obvio e igualmente importante, es el hecho de que están reinventando lo que es ser una empresa.

Para muchos gerentes, la vida corporativa continúa involucrando tratar con dueños en gran medida anónimos, la mayoría de ellos representados por administradoras de fondos que compran y venden las acciones enlistadas en una bolsa de valores. 

En las compañías insurgentes, por el contrario, el eslabón entre propiedad y responsabilidad es fuerte. Los fundadores, el personal y los simpatizantes ejercen el control de manera directa. Sigue en sus primeros días, pero si esta innovación se propaga, pudiera transformar el modo en que funcionan las compañías.

El atractivo del modelo de las insurgentes es en parte resultado de la creciente insatisfacción con las compañías públicas. Cierto las mejores compañías públicas son organizaciones notables. Alcanzan un equilibrio entre los resultados trimestrales, los cuales las mantienen alertas y las inversiones a largo plazo, las cuales las mantienen en crecimiento. Producen un torrente de gerentes talentosos y productos innovadores. Pueden movilizar el talento y el capital.

Pistoleros a sueldo

Después de un siglo de dominio total; sin embargo la compañía pública está mostrando signos de desgaste. Una razón es que los gerentes tienden a poner sus propios intereses primero. Se suponía que la revolución del valor de los accionistas de los años 80 resolvería esto incentivando a los gerentes a pensar como dueños, pero resultó contraproducente. Cargados de opciones accionarias, los gerentes actuaron más bien como pistoleros a sueldo, manipulando el precio accionario para así impulsar sus ingresos.

El ascenso de las grandes instituciones financieras, que poseen un 70% del valor de los mercados bursátiles de Estados Unidos, ha debilitado más el vínculo entre las personas que nominalmente poseen las compañías y las compañías mismas. 

Las administradoras de fondos tienen que tratar con un grupo cada vez más grande de intermediarios, desde reguladores hasta sus propios empleados, y cada capa tiene sus propios intereses que atender y su propio valor que extraer. No sorprende que las administradoras de fondos regularmente fracasen en monitorear a las compañías individuales.

Últimamente una cotización pública se ha vuelto onerosa. Las regulaciones se han multiplicado desde el escándalo de Enron en 2001-2002 y la crisis financiera de 2007-2008. Aunque los mercados en ocasiones ven a largo plazo, muchos gerentes sienten que sus empleos dependen de producir buenos resultados a corto plazo, trimestre tras trimestre.

Los intereses en conflicto, las visiones a corto plazo y la regulación imponen costos. Ese es un problema en una época en que las compañías públicas están pasando apuros para exprimir utilidades a sus operaciones. 

Compañías familiares

En los últimos 30 años, las utilidades en el índice S&P 500 de grandes compañías estadounidenses han crecido en 8% al año. Ahora por segundo trimestre consecutivo, se espera que caigan en alrededor de 5%. El número de compañías enlistadas en las bolsas de valores de Estados Unidos ha declinado desde 1996, en parte debido a la consolidación, pero también debido a que los gerentes talentosos prefirieron que sus compañías siguieran siendo privadas.

No es un accidente que otras organizaciones corporativas estén en ascenso. Las compañías familiares han tomado un nuevo aire. La gente de negocios está experimentando con “híbridos” que recurren a los mercados públicos mientras siguen siendo de propiedad estrecha. Los inversionistas astutos, como Jorge Paulo Lemann de 3G Capital, se especializan en comprar compañías públicas y dirigirlas como privadas, con poco personal y un enfoque a largo plazo.

La alternativa más interesante a las compañías públicas es una nueva generación de empresas emergentes de alto potencial que llevan nombres exóticos como unicornios y gacelas. En las mismas ciudades donde Ford, Heinz y Kraft construyeron imperios hace un siglo, miles de jóvenes están creando nuevas compañías en espacios de oficinas temporales, alimentados por café y sueños. Sus compañías están siendo pioneras en un nuevo formato organizacional.

La diferencia central radica en la propiedad: mientras que nadie está seguro de quién es el dueño de las compañías públicas, las empresas emergentes se esfuerzan mucho por definir quién es dueño de qué. Al principio en la vida de una compañía, los fundadores y los primeros reclutas poseen una participación mayoritaria e incentivan a la gente con participaciones accionarias de propiedad o recompensas relacionadas con el desempeño.

Aprovechan tecnología

Eso siempre ha sido así en las empresas emergentes, pero actualmente los derechos y responsabilidades son meticulosamente definidos en contratos elaborados por abogados. Esto alinea los intereses y crea una cultura de trabajo duro y camaradería. Como son privadas, en vez de públicas, miden cómo les está yendo usando indicadores de desempeño, como cuántos productos han producido, en vez de elaborados estándares contables.

Las nuevas compañías también aprovechan la nueva tecnología, que les permite globalizarse sin ser grandes. Antes las empresas emergentes enfrentaban decisiones difíciles sobre cuándo invertir en grandes y bastos activos como propiedades y sistemas computacionales. 

Hoy en día, pueden ampliarse rápidamente comprando servicios como y cuando los necesiten. Pueden registrarse en línea por unos cuantos cientos de dólares, recaudar dinero en sitios de financiamiento colectivo como Kickstarter, contratar programadores en Upwork, rentar potencial de procesamiento computacional en Amazon, encontrar fabricantes en Alibaba, orquestar sistemas de pago en Square y lanzarse de inmediato a conquistar el mundo. 

Vizio fue la marca de televisores de mejor venta en Estados Unidos en 2010 con solo 200 empleados. WhatsApp convenció a Facebook  que la compra por 19,000 millones de dólares, pese a tener menos de 60 empleados e ingresos de 20 millones de dólares.

Tres objeciones penden sobre la idea de que esta es una revolución en marcha. La primera es que está confinada a un rincón de Silicon Valley.

Sin embargo, la economía insurgente se está volviendo dominante. Las empresas emergentes están en todas las industrias, desde anteojos hasta finanzas, con Warby Parker y Symphony, respectivamente. Airbnb hospedó a casi 17 millones de huéspedes el verano pasado y Uber desplaza a millones de personas todos los días. WeWork, una compañía estadounidense que ofrece alojamiento a empresas incipientes alberga a 8,000 compañías con 30,000 empleados en 56 locales en 17 ciudades.

La segunda objeción es que la compañía pública será la que ría al último, porque la mayoría de las empresas emergentes eventualmente se cotizarán públicamente o se venderán a una compañía pública.

Sin embargo, de hecho un creciente número elige seguir siendo privadas y están encontrando cada vez más fácil recaudar fondos sin recurrir a los mercados públicos. Aquellas compañías de tecnología que se cotizan públicamente en Estados Unidos ahora lo hacen después de 11 años, comparado con cuatro años en 1999. Aún cuando se coticen públicamente, los emprendedores tecnológicos conservan el control a través de acciones clase “A”.

Distanciadas del resto

Las empresas emergentes de hoy no las tendrán todas consigo. Las compañías públicas tienen su lugar, especialmente para las industrias que hacen uso intensivo del capital como el petróleo y el gas. Muchas empresas emergentes inevitablemente fracasarán, incluyendo algunas de las más famosas.

Sin embargo, su enfoque para crear un negocio les sobrevivirá y servirá como una asombrosa adición a la caja de herramientas capitalista. Airbnb y Uber; y el resto son más adecuadas para las redes virtuales y las tecnologías rápidamente cambiantes. Están siendo pioneras en un nuevo tipo de empresa que puede realizar un mejor trabajo al convertir sueños en empresas.

  • 8 por ciento habían venido creciendo las utilidades de las grandes compañías de EE.UU. en el índice S&P 500 en los últimos 30 años.
  • 5 por ciento caerán por segundo trimestre consecutivo en este año las utilidades de las grandes compañías en el índice S&P 500.
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