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El mundo se está volviendo menos acogedor para los evasores fiscales. Esa es la conclusión del más reciente Índice sobre el Secreto Financiero, publicado cada dos años por la Red para la Justicia Fiscal, una ONG.

Analiza varias mediciones de la transparencia financiera y la práctica de compartir información en más de 90 países, luego los sopesa según el nivel de servicios financieros que cada país ofrece a los no residentes. Las calificaciones de la mayoría de los países han caído desde 2013, indicando una mayor transparencia. Entre aquellos que han mejorado más están las Islas Caimán, anteriormente un famoso refugio fiscal, y Luxemburgo, al cual los activistas fiscales acostumbraban llamar la "estrella muerta" de Europa en cuanto al secreto financiero.

La razón para el cambio es la campaña mundial en la era de la austeridad para que los países compartan más información sobre las disposiciones fiscales. Según el Estándar de Reporte Común patrocinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que se está propagando rápidamente, los países intercambiarán rutinariamente datos sobre los ciudadanos de los demás para que puedan ser gravados adecuadamente en sus países de origen. Las reglas sobre el registro de propiedad corporativa también están siendo hechas más estrictas para reducir las oportunidades de ocultar dinero sucio en compañías fantasma anónimas.

Sin embargo, Estados Unidos --el país que ha presionado a tantos otros para que se unan a la revolución de la transparencia-- está rezagándose. Ahora es la tercera jurisdicción más reservada, detrás de Hong Kong e, inevitablemente, Suiza, donde los rumores del fin del secreto bancario han sido exagerados.

Estados Unidos estaba a la vanguardia de la lucha contra los refugios fiscales, primero tomando como blanco a los suizos, luego aprobando la Ley de Cumplimiento Fiscal de Cuentas Extranjeras, que obliga a las compañías financieras en todo el mundo a dar información sobre sus clientes estadounidenses. Sin embargo, aunque demanda concesiones de otros, Washington ha hecho pocas. Peor aún, los regímenes de constitución empresarial que favorecen el anonimato a nivel estatal significan que Estados Unidos no es parejo en cuanto al secreto corporativo.

Esto importa, porque Estados Unidos alberga a muchas operaciones extraterritoriales; pregunte a un multimillonario de Caracas o de El Cairo dónde compra propiedades o establece las compañías fantasmas que las posee. La Red para la Justicia Fiscal ofrece una solución: estima que Europa debería imitar la Ley de Cumplimiento Fiscal de Cuentas Extranjeras imponiendo un elevado impuesto de retención --sugiere el 35%-- sobre los pagos de Europa a instituciones financieras estadounidenses, hasta que Estados Unidos ofrezca tantos datos como solicita.

 

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