•   Alemania  |
  •  |
  •  |
  • The Economist

Si echa un vistazo por Europa, verá que un líder destaca sobre todo el resto: la canciller Angela Merkel de Alemania. En Francia, el presidente François Hollande ha renunciado a la simulación de que su país dirige al continente. El primer ministro David Cameron de Gran Bretaña, triunfalmente reelegido, está convirtiendo a su país en la pequeña Inglaterra. El primer ministro Matteo Renzi de Italia está preocupado por la comatosa economía de su país.

En comparación, en sus 10 años en el cargo, Merkel ha crecido más con cada turbulencia. En la crisis de la deuda, empezó indecisa pero, al final, mantuvo unida a la zona del euro. Sobre Ucrania, unió a los europeos en torno de la imposición de sanciones a Rusia --el presidente Vladimir Putin piensa que ella es la única líder europea con la que vale la pena dialogar-- y en cuanto a la migración ha defendido audazmente los valores europeos, casi sola en su empeño por dar la bienvenida a los refugiados.

Se ha puesto de moda ver eso como una progresión de la prudencia y la primacía a la temeridad y calamidad. Sus críticos afirman que, con su actitud de bienvenida a los solicitantes de asilo, Merkel ha provocado una inundación que causará estragos en Europa y, mucho antes, también producirá su propio deceso político.

Formidable

Ambos argumentos son erróneos, así como profundamente injustos. Merkel es más formidable de lo que muchos suponen, lo cual está muy bien: dados los muchos desafíos de la Unión Europea, ella es más que nunca la europea indispensable.

El predominio de Merkel refleja, en parte, la importancia de Alemania, la economía más grande de la UE y su exportador más poderoso, con finanzas públicas sólidas y un desempleo históricamente bajo. También es la líder más veterana en la UE.

Sus cualidades personales también cuentan mucho. Ha defendido los intereses de Alemania sin perder de vista los de Europa, ha arriesgado el dinero alemán para salvar al euro, mientras mantenía a los alemanes escépticos de su lado, y se ha ganado el respeto de los otros líderes incluso después de dolorosas peleas con ellos. De manera más impresionante, y sola entre los líderes de centro-derecha en Europa, ha hecho esto sin ceder ante los populistas contrarios a la UE y a los inmigrantes. Pese a todos los defectos de la UE, ella no la trata como un saco de boxeo, sino más bien como un pilar de paz y prosperidad.

Camaleón político

Merkel está lejos de ser perfecta. No es dada a la oratoria grandilocuente o a las visiones grandiosas. Puede ser un camaleón político que adopta políticas izquierdistas para ocupar el terreno central, y un escorpión que discretamente elimina a potenciales rivales. Su cautela natural ha dado paso a un neologismo alemán, “merkeln”; “merkelear”, o postergar las grandes decisiones. Su timidez en el manejo de los males del euro profundizó la crisis innecesariamente, y ha desdeñado una distribución del riesgo que el área del euro necesita para prosperar.

Irónicamente, es su audacia, no su timidez, lo que ha presentado a Merkel el mayor desafío de su periodo en el poder. Su firme negativa a poner un límite máximo al número de refugiados que Alemania puede absorber ha causado una creciente consternación en su país y críticas en el extranjero. Mientras los municipios alemanes protestan, sus aliados políticos están denunciándola y los países de Europa Oriental están acusándola de “imperialismo moral”. Conforme la Willkommenskultur se desvanece, incluso se habla de que ella está perdiendo poder.

Personaje dominante

Las dudas son exageradas. Los críticos se equivocan al suponer que Merkel está a punto de caer. Dejando de lado las quejas, sigue siendo el personaje dominante en su Unión Democristiana. Un sondeo reciente encontró que 82 por ciento de los miembros de la UDC aprueba su liderazgo y 81 por ciento quiere que se postule para un cuarto mandato como canciller en la elección programada para 2017. Las matemáticas electorales favorecen otro gobierno encabezado por la UDC. En suma, es improbable que Merkel se vaya, a menos que ella lo decida.

Los detractores se equivocan al sugerir que ha perdido el camino en cuanto a la migración. Muy al contrario. Durante la crisis, como hija de un pastor luterano ha encontrado un vigoroso llamado político y moral.

Merkel no causó la afluencia de migrantes, como afirman sus críticos. Los migrantes estaban llegando de todos modos. Ella actuó para evitar un desastre humanitario. Las cercas no reprimirán el flujo. Merkel no puede detener las guerras que desplazan a los migrantes de sus casas ni establecer las políticas de los países por los que pasan.

Sus críticos no ofrecen alguna alternativa plausible. A menos que anulen la ley internacional y europea, y vean a los refugiados ahogarse o morir de congelación, los países de la UE deben procesar las solicitudes de los buscadores de asilo. El interrogante es, ¿el proceso será ordenado o caótico?

Bajo Merkel, está cobrando forma una política de cuatro partes: absorber sin remordimientos a los refugiados, compartir la carga en toda Europa y más allá, fortalecer los controles y el procesamiento de los solicitantes de asilo en las fronteras externas de Europa, y negociar con los países de tránsito.

Este enfoque está basado en fuertes principios y, a largo plazo, es el único que puede funcionar. Por supuesto que conlleva reveses y riesgos. Es probable que haya acuerdos menos ejemplares, particularmente con Turquía; haciéndose de la vista gorda ante la erosión de las libertades civiles y la perturbadora victoria electoral del gobernante partido Justicia y Desarrollo del presidente Recep Tayyip Erdogan, y otras concesiones, con la esperanza de que acepte actuar como portero de Europa.

Europa y la migración

No se niega que la masiva afluencia de refugiados está agravando muchos de los otros problemas acechantes de Europa. 

Está deteriorando las relaciones entre Alemania y los países de Europa Oriental, en una época en que la solidaridad es vital para contener la agresión de Rusia. 

Está sumándose a las cargas de Grecia, ya sofocada por años de austeridad y nunca lejos de abandonar el euro, y está haciendo más próxima una salida británica de la UE, también, al dar a los votantes más razones para separarse en el prometido referendo de Cameron sobre la permanencia en la unión. Está avivando el populismo en todas partes.

Esta es la mayor crisis de Europa en una generación. Si la integración alguna vez parecía inexorable, el interrogante apremiante ahora es cómo impedir que la UE se desintegre.

Angela Merkel no causó esta sombría realidad, pero es la mejor esperanza del continente para hacerle frente. Conviene más a Europa ayudar a la canciller, en vez de dejarla enfrentar la crisis sola.

Después de una década en el poder, los políticos habitualmente se retiran, se desconectan o son destituidos. Sin Merkel, sin embargo, es difícil ver a Europa controlando a sus fuerzas destructivas.

  • 10 años en el poder tiene Angela Merkel en Alemania, la figura más visible entre los líderes de Europa.
Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus