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Para los inversionistas chinos comunes, los dolorosos recuerdos del desplome bursátil del verano están desvaneciéndose, mitigados por una nueva recuperación en los precios accionarios. Para el Gobierno, sin embargo, las consecuencias apenas están empezando. En las últimas semanas, ha lanzado investigaciones sobre funcionarios, banqueros y administradores de fondos de cobertura sospechosos de operaciones ilegales. Ha hecho más estrictas las reglas sobre el uso de deuda para comprar acciones. Ahora está planeando la mayor revisión de la regulación financiera china en más de una década.

La idea es crear un “súper regulador”, combinando tres agencias separadas y, posiblemente, el banco central en una sola entidad poderosa que sería responsable de monitorear a todas las firmas financieras: bancos, aseguradoras, casas de bolsa, administradoras de activos, etc. La consolidación ha sido sugerida antes, solo para que el sistema permaneciera sin cambios.

No obstante, según personas familiarizadas con las discusiones gubernamentales, los grandes cambios son virtualmente seguros esta vez debido a la debacle bursátil.

China elaboró su marco regulatorio en forma fragmentada en los años 90 y principios de la década de 2000 a medida que tomaba forma el sistema financiero. Diferentes agencias supervisan diferentes bancos, casas de bolsa y aseguradoras, y el banco central supervisa al sistema financiero en general. Esta elaborada división de tareas ha representado una supervisión desarticulada.

Aunque el banco central a menudo es descrito como preeminente, las cuatro agencias tienen el estatus de ministerios y reportan ante el Consejo Estatal, el gabinete del país. Sin embargo, el Consejo Estatal tiene demasiadas obligaciones.

“Las cosas casi necesitan llegar a un nivel de crisis para que ponga atención”, dijo un banquero en Pekín.

La caída de las bolsas de valores que empezó a mediados de junio fue un claro ejemplo. En los meses previos, analistas se alarmaron ante el aumento en el financiamiento del margen a medida que los inversionistas pedían prestado efectivo para comprar acciones.

Amarga experiencia

Analizando los datos de las casas de bolsa solamente, el regulador bursátil confió en que los riesgos estaban bajo control. Al mismo tiempo, sin embargo, los prestamistas entre pares, que son supervisados por el regulador bancario, creaban productos que permitían a los inversionistas apilar más deuda.

No fue la primera vez que las divisiones regulatorias oscurecían los crecientes riesgos en China. La banca sombra explotó durante los últimos cinco años, conforme los bancos trabajaban de manera distinta con compañías aseguradoras, administradoras de activos y casas de bolsa para aprovechar los resquicios. Los límites de deuda a los gobiernos locales también han sido eludidos fácilmente por las provincias y las ciudades usando entidades tipo corporativas para pedir prestado a los bancos.

Los funcionarios aún tienen que explicar cómo reformarán la regulación financiera, y pudiera pasar al menos otro año antes de que lo hagan, pero la dirección general es clara. El nuevo plan quinquenal del Partido Comunista, para 2016-2020, establece una mayor coordinación regulatoria. A principios de este mes, el presidente Xi Jinping dijo que el sistema financiero se había vuelto demasiado complejo para esa supervisión dividida. Señaló que muchos países habían creado marcos reguladores más unificados después de la crisis financiera mundial, y que China debería aprender de ellos.

Modelo británico

En discusiones en Pekín, el modelo británico ha sido planteado como digno de estudio. Gran Bretaña abolió la Autoridad de Servicios Financieros, su regulador bancario, juzgando que había fallado en controlar adecuadamente a los bancos antes de la crisis de 2008. Su papel de garantizar la estabilidad financiera fue transferido al Banco de Inglaterra.

El hecho de que los grandes bancos y otras instituciones financieras sean propiedad del Estado presenta desafíos singulares a los reguladores chinos. Si la agencia que supervisa a la banca fuera a reportar ante el banco central, podría tener que ser degradada al rango viceministerial para connotar su estatus inferior dentro del súper regulador. Incómodamente, eso le pondría a la par de los bancos más grandes, cuyos jefes son también viceministros. Una opción es reducir la posición de los directores bancarios, una propuesta que seguramente se topará con oposición.

Además, el problema principal en el sistema financiero chino sigue siendo un exceso de intromisión gubernamental, no el mal comportamiento privado. Corregir las líneas de comunicación para asegurar un mejor monitoreo de los riesgos tiene sentido.

Sin embargo, cuando el mayor riesgo financiero son las deudas garantizadas por el Gobierno que las compañías propiedad del Gobierno tienen con los bancos controlados por el Gobierno, el manejo que haga el Gobierno de todo eso siempre será visto con sospecha.

 

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