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Una negociación técnica y la llegada de decenas de jefes de Estado y de Gobierno marcó hoy el inicio de la cumbre del clima de París con medidas de seguridad extraordinarias y algunos choques entre policías y manifestantes violentos que no se quisieron resignar a la prohibición de concentraciones.

El ministro peruano del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, presidió hoy la última reunión del buró de la COP20, un encuentro sobre las bases y la metodología que se utilizará en la nueva Conferencia de las Partes de la ONU sobre el Cambio Climático (COP21), que se va a desarrollar hasta el próximo 11 de diciembre.

La sesión de trabajo, que se inició con un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los atentados terroristas de París del pasado día 13 -en los que murieron 130 personas-, sirvió también para establecer un borrador de agenda.

Fuentes de la negociación destacaron que se respiraba allí un "muy buen clima, un muy buen ambiente" de cara al trabajo que se espera, y eso a pesar de los puntos de fricción que se esperan entre las 196 delegaciones (195 países más la Unión Europea).

Entre esos puntos, uno de los que se saben más conflictivos para cerrar un acuerdo universal que permita mantener la perspectiva de limitar el calentamiento climático a dos grados centígrados para finales de siglo es el de cómo se plasmará la "diferenciación", es decir, las obligaciones y compromisos de los países ricos para con los pobres por su responsabilidad histórica en las emisiones de CO2.

El presidente francés, François Hollande, como anfitrión de esta conferencia, mantuvo hoy algunos encuentros preparatorios, con el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, y con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, antes de cenar con Xi Jinping, el jefe del Estado de China, que ahora es ya el principal emisor de dióxido de carbono.

Hollande, que mañana cenará con el presidente del segundo mayor contaminador, Estados Unidos, Barack Obama, dejó claro que su gran reto para la COP21 es lograr el consenso de todos los países implicados para dar al compromiso un alcance universal y vinculante.

"Si no hay elementos vinculantes, no tendrá credibilidad", advirtió el presidente francés, sabedor de que Washington y Pekín son los que más obstáculos han puesto a un texto que los obligue jurídicamente, y que implicaría controles externos y sanciones.

Hollande también avanzó que se tendrá que establecer un mecanismo para "revisar periódicamente los compromisos y contribuciones para estar a menos de 2 grados al final del siglo", ya que los 183 programas nacionales de reducción de emisiones presentados hasta ahora supondrían un calentamiento de entre 2.7 y 3.5 grados.

Mañana llega el plato fuerte de la COP con la intervención de los alrededor de 150 jefes de Estado y de Gobierno que han anunciado su presencia, y que han empezado a llegar a París, donde para garantizar su seguridad se han cerrado al tráfico las principales vías de acceso a los aeropuertos.

Según los datos de la prefectura, hasta las 16:00 locales (15:00 GMT) habían llegado 65 líderes a los aeropuertos de la ciudad, a los que se debían añadir casi otros tantos hasta el final de la jornada.

De todos ellos se espera que den un impulso político a las negociaciones y que ofrezcan mayores márgenes de flexibilidad a las mesas que van a trabajar sobre los diferentes temas, y que tienen la misión de resumir en un tratado internacional las 50 páginas llenas de paréntesis con que se ha llegado a la COP21.

En torno a ellos, 2,800 policías y gendarmes franceses vigilan las instalaciones donde se celebra la cumbre en Le Bourget, a una decena de kilómetros al norte de París, y 15,600 en toda la región, con medidas de excepción auspiciadas por el estado de emergencia decretado tras los atentados yihadistas de París.Manifestantes chocan con policía antidisturbios durante una manifestación contra el calentamiento global. /AFP

Unas medidas que se tradujeron en la detención esta tarde de más de un centenar de personas en torno a la plaza de la República de París, cuando grupos violentos trataron de hacer oídos sordos de la prohibición de manifestarse y se enfrentaron con un dispositivo impresionante de agentes antidisturbios.

Ante la imposibilidad de concentraciones en la vía pública, varias asociaciones habían optado, para mantener sus mensajes en dirección a los negociadores de la cumbre, por acciones alternativas.

Avaaz reunió más de 10,000 zapatos -un par de ellos aportados por el papa Francisco- en la plaza de la República para simbolizar los pasos de los que no pudieron manifestarse en París, y otras ONG consiguieron convocar a varios miles de personas en una cadena humana de tres kilómetros entre ese mismo punto y la plaza de la Nación.

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