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Pocas personas dan gran importancia a la capacidad de los negociadores para alcanzar un acuerdo significativo durante la conferencia sobre cambio climático que empezó en París esta semana. Un problema es que algunos políticos se rehúsan a admitir que el problema es real.

Sin embargo, quienes trabajan en los mercados financieros deben tomar en serio el problema. Desde que fueron afectadas por las pérdidas ocasionadas por el huracán Andrés en 1992, las compañías de seguros han estado haciendo modelos sobre los riesgos climáticos. Bank of America Merrill Lynch presentó recientemente un reporte de 332 páginas sobre su impacto económico y financiero.

Un clima cambiante, y los eventuales esfuerzos de los gobiernos -aunque renuentes- para hacerle frente, pudiera tener un gran impacto en los rendimientos de los inversionistas.

Las compañías que producen o usan grandes cantidades de combustibles fósiles enfrentarán impuestos más altos y cargas regulatorias. Algunos productores de energía podrían encontrar imposible explotar sus reservas conocidas y se quedarán con “activos varados”, depósitos de petróleo y carbón que tienen que ser dejados en el suelo. Otras industrias pudieran verse afectadas por el daño causado por un clima más extremo, que incluya tormentas, inundaciones, ondas de calor y sequías.

Impacto

“Los inversionistas tienen que preocuparse por una pérdida de capital material e inesperada”, dijo Ewan Cameron Watt, jefe de estrategias de inversión en Blackrock, un grupo de administración de fondos.

Moody’s, una agencia calificadora, ha tratado de cuantificar el impacto para los mercados de bonos. Sitúa a tres industrias -generación de energía desregulada, minería carbonífera y terminales de carbón- en riesgo “inmediato y elevado” debido al cambio climático. En conjunto, estos sectores tienen 512,000 millones de dólares en deuda calificada. Otros ocho sectores, incluidos fabricantes de autos, mineras y refinerías petroleras, con 1.5 billones de dólares de deuda calificada, tienen un riesgo “emergente y elevado”. Dieciocho más, con 7 billones de dólares de deuda, enfrentan riesgos a mediano plazo, el cual se define como a más de cinco años.

Eso deja a la enorme mayoría del mercado de bonos corporativos, que comprenden 59 billones de dólares de deuda calificada, en la categoría de bajo riesgo.

Los enfoques

Hablando ampliamente, los inversionistas que están preocupados por el tema siguen tres enfoques. El primero es un boicot total a las industrias más sucias. El ejemplo más reciente es Allianz, un grupo asegurador alemán, que ha anunciado que ya no invertirá en compañías que “deriven más de 30 por ciento de sus ingresos de la extracción de carbón o generen más de 30 por ciento de su energía del carbón”. El resultado será una desinversión de 238 millones de dólares en las acciones de grupos carboníferos. Allianz continuará conservando sus 4,130 millones de dólares de bonos en esas compañías, pero no comprará nada adicional. Más de 400 instituciones de inversión se han comprometido de manera similar, según 350.org, un grupo cabildero ecologista.

El segundo enfoque es conservar las participaciones accionarias en las empresas que producen carbono pero tratar de involucrarse con su administración en un intento por cambiar su comportamiento. Investigación realizada por Blackrock demuestra que las compañías que han reducido su intensidad de carbono, que se define como las emisiones divididas entre las ventas, han superado el desempeño del mercado desde marzo de 2012, cuando empezaron a recolectarse datos exactos sobre las emisiones corporativas.

Un tercer enfoque es inclinar las carteras hacia las compañías que obtienen buenos resultados de los intentos de otras por frenar las emisiones de carbono. Algunas tecnologías de bajo uso de energía ya han tenido éxito. Por ejemplo, las bombillas de diodos que emiten luz consumen menos de 15 por ciento de la energía de las bombillas incandescentes. Tenían solo un 1 por ciento del mercado de la iluminación en 2010. Este año, su participación de mercado es del 28 por ciento, y Goldman Sachs predice que será de 95 por ciento para 2025.

Energía verde

Luego está la energía renovable. Hasta ahora genera solo una pequeña porción de la energía mundial, pero Bank of America Merrill Lynch dice que, mundialmente, la energía eólica y solar conformó casi la mitad de la capacidad de generación de energía adicional instalada en 2014 y podría comprender entre 70 y 80 por ciento de la nueva capacidad de aquí a 2030.

 

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