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En las finanzas, las cosas que crecen rápidamente tienen una irritante tendencia a estallar. Las hipotecas de alto riesgo estadounidenses antes de 2008, la deuda soberana del sur de Europa antes de 2010 y los bancos japoneses en los años 80 son ejemplos recientes.

Por tanto, es preocupante que el crédito bancario en los mercados emergentes se haya inflado en los últimos años, de alrededor de 77 por ciento del PIB en 2007 a 128 por ciento a principios de este año, según JPMorgan Chase. Ese salto de 51 puntos porcentuales hace empequeñecer al aumento de solo 20 puntos en el crédito en el mundo rico entre 2002 y 2007.

Ahora que las perspectivas económicas de los mercados emergentes se han empañado, los bancos desde Shanghái hasta Sao Paulo están bajo los reflectores. Anteriormente, los problemas en esos lugares apenas se habrían percibido en los círculos financieros mundiales. En 1990, solo tres de los 100 prestamistas más grandes por activos del mundo estaban en países en desarrollo.

Poderosos

Ahora, sin embargo, los cuatro bancos más grandes del mundo están en China, y el quinto más grande, HSBC, realiza muchas de sus operaciones desde Hong Kong. Más de un tercio de los bancos más grandes del mundo tiene sus oficinas centrales en mercados emergentes, y muchos de los bancos del mundo rico --como Standard Charter, con sede en Londres, o BBVA, un banco español-- operan ahí.

Los bancos que se han ampliado a un ritmo tan rápido en el pasado típicamente han emitido más que unos cuantos préstamos malos en el proceso y presionado sus hojas de balance más allá de la zona de confort. Felizmente, los reguladores en la mayoría de los mercados emergentes han aprendido las lecciones de crisis pasadas, así que es poco probable una turbulencia sistémica. Lo que está en duda es la capacidad de los bancos para financiar un regreso a un crecimiento económico rápido.

El Instituto de Finanzas Internacionales, un grupo comercial, predice que 2015 será el primer año de salidas de capital netas de los mercados emergentes desde 1988. La buena noticia es que los bancos de los mercados emergentes tienen pocos problemas para financiarse. Muchas economías emergentes, especialmente en Asia, tienen altos índices de ahorro. Eso deja a la mayoría de los prestamistas con más depósitos que préstamos, aun cuando los préstamos hayan estado creciendo con mayor rapidez últimamente. Los bancos de los países ricos, en comparación, tienen que compensar una escasez de depósitos recurriendo a los volubles mercados mayoristas, lo que les deja vulnerables a repentinos cambios en el sentimiento.

La solvencia

Si la liquidez no es un problema, la solvencia quizá lo sea. Los bancos en los mercados emergentes tienden a ser rentables: los listados generaron ingresos netos de 563,000 millones de dólares el año pasado, por encima de los 94,000 millones de dólares de hace una década. A diferencia de sus similares occidentales, pocos tienen subsidiarias de banca de inversión, las cuales han atraído una regulación que mina sus utilidades y las multas de los supervisores.

Sin embargo, las utilidades también pueden ser aniquiladas por los préstamos malos, los cuales deben ser eventualmente amortizados. Aunque el crédito a los consumidores está creciendo, los bancos de los mercados emergentes prestan principalmente a las compañías. Desafortunadamente, industrias en problemas como la inmobiliaria, la de desarrollo de infraestructura y la de materias primas destacan prominentemente en los libros de préstamos. En India, los préstamos sin desempeño o reestructurados ahora representan más de 14 por ciento de los activos de los bancos públicos, los cuales controlan tres cuartas partes del mercado. En China, son menos, pero están creciendo rápidamente.

Los desfases monetarios son otra preocupación. La perspectiva de tasas de interés más altas en Estados Unidos, más los declinantes precios de las materias primas vinculados con una desaceleración en la economía china, ha hecho caer a las divisas de los mercados emergentes en relación con el dólar. Colectivamente, han caído en alrededor de 30 por ciento frente al dólar desde principios de 2013.

La prudencia

Eso puede afectar a los bancos directamente, si han pedido prestados dólares para financiar préstamos en monedas locales; un truco que es rentable cuando las monedas se mantienen estables. Los reguladores en Asia, cuyos bancos quedaron atrapados en esta trampa en 1997, ahora monitorean la exposición de los bancos a los movimientos cambiarios. Sus contrapartes en Nigeria y Turquía, en particular, no han sido tan estrictos.

Aun cuando los bancos hayan evitado los desfases monetarios, sus clientes no siempre son tan prudentes. Las bajas tasas de interés en Estados Unidos han estimulado a algunos países en desarrollo a lanzarse a un frenesí de endeudamiento denominado en dólares: la deuda corporativa externa en los mercados emergentes representa 1.3 billones de dólares, según el Banco para Pagos Internacionales. Los préstamos denominados en dólares conforman 25 por ciento del crédito corporativo en Rusia, quizá 30 por ciento en Turquía y, probablemente, incluso más en Nigeria; los datos son confusos. Las compañías pasarán apuros para pagar esos dólares con rublos o nairas devaluados. Los productores de materias primas normalmente serían inmunes a este problema, ya que sus ingresos son en dólares, pero el desplome en los precios de las materias primas los ha atrapado también.

La inflación, que ha sido avivada por las devaluaciones en varios mercados emergentes, también causará problemas. Los precios crecientes debilitan el poder adquisitivo de los consumidores y provocan aumentos en las tasas de interés, las cuales son de dos dígitos en Brasil y Rusia. Eso puede dificultar que los deudores paguen el servicio de sus deudas. La porción del ingreso familiar que se destina al servicio de la deuda parece estar aumentando en Brasil, China y Turquía, entre otros lugares.

No hay catástrofe

Hay pocos signos aun de que las deudas malas vayan a alcanzar niveles catastróficos. A menos que los bancos les hagan frente, sin embargo, sus consecuencias a largo plazo pudieran ser nefastas. Los prestamistas a menudo tratan de barrer sus problemas bajo la alfombra. Una estrategia común es “extender y fingir”, lo que da a las compañías con poca perspectiva de pagar un préstamo años de contención. Esto amarra el capital escaso a empresas zombies, lo cual puede conducir a años o incluso décadas --en el caso de Japón-- de crecimiento por debajo del promedio.

Hay signos de que los bancos de los mercados emergentes están ocultando las pérdidas de esta manera. Los chinos, por ejemplo, sitúan los préstamos sin desempeño en apenas 1.6 por ciento de los activos, menos de la mitad del promedio mundial. Los inversionistas simplemente no les creen: sus precios accionarios implican préstamos malos de más del 8 por ciento, según Barclays. De igual forma, los bancos internacionales que hacen negocios en los mercados emergentes a menudo revelan niveles mucho más altos de préstamos en problemas que los bancos locales.

Los bancos de los mercados emergentes ya no son los pigmeos de las finanzas mundiales. La forma en que son dirigidos importa más que nunca. Sus hojas de balance son lo bastante sanas para sortear las consecuencias del frenesí de crédito que iniciaron, pero si se recuperan o terminan renqueando depende de cuán rápidamente admitan sus fracasos.

  • 128 por ciento aumentó el crédito bancario en los mercados emergentes en los últimos años, según JPMorgan Chase.
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