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La perspectiva del “despegue” de las tasas de interés en Estados Unidos da a los inversionistas razones para llevar su dinero ahí. Por tanto, ha sido extraño ver a una procesión de funcionarios de mercados emergentes hacer un llamado a la Fed para que siga adelante con ello; entre más pronto, mejor. Los banqueros centrales de India, Indonesia, Malasia, México y Perú están entre los que han expresado el deseo de que aumenten las tasas de Estados Unidos, que finalmente se anunció la semana pasada.

Una explicación es que son un poco como donantes que esperan que les extraigan sangre, cansados de la insoportable espera y deseos de que termine ya. Las cosas ciertamente pudieran resultar dolorosas. Como están las cosas, el capital ya está siendo desviado de los países en desarrollo hacia Estados Unidos. En 2010-2014, no residentes destinaron 22,000 millones de dólares a acciones wy bonos de mercados emergentes cada mes, en promedio. En noviembre, retiraron 3,500 millones de dólares, el cuarto mes de esas salidas de capital en los últimos cinco meses, según el Instituto para las Finanzas Internacionales, una asociación comercial.

Salidas de capital adicionales en los próximos meses ejercerían más presión sobre las asediadas monedas de muchos mercados emergentes. La depreciación hace a sus elevadas deudas externas aún más abrumadoras. El crédito en dólares a entidades no bancarias fuera de Estados Unidos alcanzó los 9.8 billones de dólares a mediados de este año. Un poco más de un tercio de esa cantidad es adeudada por deudores en mercados emergentes, según el Banco de Pagos Internacionales, un foro para los banqueros centrales.

Decisiones

Para defender sus monedas, los bancos centrales pueden elevar las tasas de interés en línea con la Fed. En las últimas semanas, Chile, Colombia y Perú han hecho exactamente eso en anticipación del despegue, como lo han hecho Angola, Ghana, Zambia y otros. Sin embargo, las tasas de interés locales más altas se dan a costa de la desaceleración de la actividad económica. También hacen más costoso que las compañías se refinancien localmente, un problema porque en los últimos años el grueso de su deuda nueva ha sido en sus divisas locales. En otras palabras, cualquiera que sea el camino que elijan tomar los mercados emergentes, algo de dolor es inevitable; de ahí el deseo de superarlo rápidamente.

Otra explicación para su sangre fría ante la Fed es que quizá ya hayan dejado atrás lo peor. Ha sido un año brutal para los activos y las monedas de muchos países en desarrollo. Los tipos de cambio reales promedio para los mercados emergentes, excluyendo China, son ahora tan débiles como a fines de 2002, cuando los inversionistas aún tenían recuerdos frescos de las crisis de los años 90.

Una década de crecimiento vigoroso había atenuado esos recuerdos, pero este año los ha revivido. El índice MSCI de valores de los mercados emergentes ha caído en 15 por ciento, desempeñándose muy por debajo de los mercados desarrollados y alcanzando su nivel más bajo desde el apogeo de la crisis financiera en 2008.

Los afectados

Desde esta perspectiva, mucho del efecto a la baja debido a las tasas estadounidenses parece ya haber sido tomado en cuenta en los precios. Consideremos dos de las monedas más afectadas, el ringgit malayo y el rublo ruso. Han bajado en alrededor de 25 por ciento y 50 por ciento, respectivamente, durante los dos últimos años. Una inmovilidad en su valor haría que los ingresos corporativos nominales en ambos países parecieran mucho más sanos en términos de dólares: si otras cosas permanecen iguales, pasarían de caídas de dos dígitos a no registrar cambios. Jonathan Anderson de Emerging Advisors pronostica que el gran tema de 2016 serán las “operaciones de estabilización”, conforme los inversionistas de cartera se sientan atraídos de nuevo hacia los países en desarrollo.

El Fondo Monetario Internacional ve una trayectoria similar para las economías en general. Pronostica que el crecimiento de los mercados emergentes promediará 4.5 por ciento el año próximo, por encima del 3.9 por ciento de este año, rompiendo una racha de cinco años consecutivos de crecimiento en desaceleración. No es que los mercados emergentes vayan a recuperar de pronto su brillo, sino más bien que las recesiones serán menos severas, si no es que terminan, en lugares como Brasil y Rusia.

“Pataleta”

Sin embargo, si lo mejor que puede decirse sobre los mercados emergentes es que se estabilizarán, esto apunta a una razón más inquietante para su relativa indiferencia: el que se den cuenta de que la Fed es el menor de sus problemas.

En 2013, los inversionistas se deshicieron de los activos de mercados emergentes cuando Estados Unidos indicó el inicio del fin de su programa de relajación cuantitativa. Ese episodio llegó a conocerse como la “pataleta de la reducción”. Esta vez, la pesadumbre que envuelve a los mercados emergentes podría describirse más precisamente como un “enfurruñamiento temporal”.

El temor es que una era dorada de crecimiento, alimentada por el voraz apetito de materias primas de China, haya terminado, exponiendo profundas grietas en sus cimientos económicos. David Lubin de Citigroup habla de un “modelo de crecimiento roto”. Los gobiernos no pueden estimular sus economías porque sus acreedores no tolerarán grandes déficits. Las compañías también son incapaces o están poco dispuestas a invertir más porque han acumulado grandes deudas. Las exportaciones son de poca ayuda, porque muchas de estas economías ahora dependen excesivamente de las materias primas.

El estado débil de la manufactura en todos los mercados emergentes, con excepción de partes de Asia, significa que muchos quedarán excluidos de una gran ventaja del despegue. La Fed elevó las tasas debido a la relativa fortaleza económica de Estados Unidos. Estados Unidos, a su vez, debería ofrecer estímulo a los países que producen las cosas que quiere comprar. Sin embargo, los mercados emergentes como Indonesia y Sudáfrica que se especializan en materias primas no solo han sido los más duramente afectados por la desaceleración de China, sino también son los que tienen menos probabilidad de beneficiarse con el crecimiento de Estados Unidos. Para ellos, el “despegue” de las tasas de interés suene como una broma cruel. Ellos permanecerán fijos en tierra.

 

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