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En una ex fábrica de chocolates Hershey’s en las afueras de Ottawa, una compañía llamada Tweed produce ahora una golosina más bien diferente: mariguana para el mercado médico estrictamente regulado de Canadá.

Bajo la mirada de cámaras de vigilancia, científicos en batas de laboratorio preparan nuevas mezclas basadas en cannabis en condiciones casi estériles. Una mezcladora de dulces convertida hace la mezcla. Solo en las salas de cultivo parece presidir el espíritu de Cheech y Chong,  el dúo de comediantes de los años 70 famosos por estar drogados: las plantas tienen nombres como Black Widow, Deep Purple, Chem Dawg y Bubba Kush.

El mercado, aunque crece rápidamente, sigue siendo diminuto: solo 30,000 pacientes registrados compran sus suministros a empresas autorizadas como Tweed, cuyo nombre abrevia las palabras en inglés “therapeutic weed”, (Hierba Terapéutica). Su compañía matriz tuvo ventas de 3.1 millones de dólares estadounidenses en los seis meses que concluyeron el 30 de septiembre.

Los clientes

Sin embargo, la promesa del recién electo primer ministro Justin Trudeau de legalizar la mariguana ampliaría la base de clientes a muchos más de los tres millones de canadienses que se piensa la consumen hoy. El primer “discurso desde el trono” del gobierno el 4 de diciembre llamó a la legalización una de sus prioridades.

La existencia de compañías como Tweed, que obtuvo una cotización bursátil en 2014 -mucho antes de que pareciera probable que Trudeau, un tatuado exinstructor de snowboarding, se convirtiera en primer ministro-, sugiere que la transición de Canadá de la mariguana terapéutica a la recreativa se dará sin contratiempos. Probablemente no sea así.

Según reglas que entraron en vigor en abril de 2014,  en Canadá la responsabilidad de certificar a los pacientes consumidores de mariguana pasó a médicos y enfermeros. 

“Va a ser mucho más difícil de implementar de lo que piensan”, dijo a una agencia noticiosa canadiense Lewis Koski, hasta recientemente director de aplicación de las leyes sobre la mariguana en Colorado.

Los obstáculos

Colorado es uno de cuatro estados estadounidenses que han legalizado la droga. Canadá, que probablemente vaya a ser el primer país grande que dé ese paso, enfrenta obstáculos mayores.

Su industria de la mariguana legal empezó en 2001, después de que los tribunales dictaminaron que los pacientes de epilepsia, sida, cáncer y otras enfermedades tenían el derecho constitucional a consumirla. El gobierno federal de ese entonces, encabezado por el Partido Liberal de Trudeau, desarrolló un sistema híbrido para suministrarla y regularla. El Ministerio de Salud actuaba como vendedor y médico, certificando a los pacientes y vendiéndoles mariguana a un precio subsidiado de 3.58 dólares por gramo. Una compañía, Prairie Plant Systems, era el único proveedor del ministerio. Los pacientes podían cultivar su propia mariguana, con una licencia. Los conservadores de Stephen Harper, que reemplazaron a los liberales en 2006, aborrecían los narcóticos, pero no pudieron cerrar la industria de la mariguana médica.

La certificación

En vez de ello, la privatizaron.  Según reglas que entraron en vigor en abril de 2014,  la responsabilidad de certificar a los pacientes pasó a médicos y enfermeros.  El gobierno liberó los precios y autorizó a 25 empresas privadas estrictamente reguladas, incluida Tweed, para que compitieran con el único proveedor. Podrían hacer entregas solo por medio de paquetes postales o a un médico. Los “cultivos” domésticos fueron prohibidos.

Sin embargo, estas regulaciones conservadoras rigen solo a una parte del mercado de la mariguana médica, y por lo demás reina la anarquía. Los 30,000 pacientes registrados son una pequeña fracción del millón de personas que se piensa fuman mariguana con propósitos medicinales. Unos 25,000 siguen cultivando su propia mariguana mientras esperan un fallo en una demanda presentada por cuatro cultivadores domésticos que dicen que no pueden pagar los precios más altos.

En vez de recibir entregas por correo, muchos consumidores -tanto pacientes como usuarios recreativos- obtienen su mariguana a través de “dispensarios”, los cuales han surgido en toda Canadá, alentados por la liberalización en todo Estados Unidos. Vancouver tiene el sector minorista más activo, con 176 dispensarios o “clubes de la compasión”, los cuales compran el excedente producido por los cultivadores domésticos. Estos esperan convertirse en la base de una red de distribución legal.

Zona gris

Sin embargo, a diferencia de los distribuidores de mariguana médica de Colorado, que se convirtieron en la base de su red minorista recreativa, los dispensarios de Canadá operan en una zona gris traicionera. Redmed, localizada en una calle sórdida en el distrito de Gastown de Vancouver, se parece a una tienda de discos indie más que a un dispensario. Un cartel en la caja registradora anuncia un concierto de rap. Playeras con temas musicales cuelgan en las paredes. Frascos etiquetados como “Girl Scout Cookies”, “Crystal Coma” y “Soccer Mom” exhiben la mercancía principal de la tienda junto con tazones de pretzels y frituras.

Pese a las apariencias, Redmed no vende a nadie que espere drogarse. La gente piensa que puede entrar de la calle y comprar mariguana, dijo Jessica Jade, quien llegó como paciente y ahora trabaja en la tienda.

“No podemos simplemente atenderle si no tiene sus documentos a la mano”, afirmó.

Otros dispensarios son menos quisquillosos. En junio, el concejo municipal de Vancouver decidió regularlos, aún cuando siguen siendo ilegales a los ojos de la ley federal. Es mejor que perder los negocios ante el estado de Washington, el cual ha legalizado la mariguana y está a 90 minutos de distancia en auto, estimó el concejo.

Bajas ventas

Otras autoridades locales, y partes de la industria de la mariguana, no son tan tolerantes. La policía en Saskatoon, una ciudad en el centro de Saskatchewan, cerró su único dispensario en octubre. Los fumadores atrapados con “un porro sobrante” podrían ser encausados, advirtieron.

Los productores legales responsabilizan a los dispensarios y otros distribuidores ilegales de sus insuficientes ventas. Si son hechos a un lado, un grupo más pesado de minoristas pudiera tomar su lugar: los monopolios de propiedad provincial que venden alcohol para consumo doméstico en todas partes excepto Alberta. El de Ontario es el comprador de alcohol más grande en Norteamérica. La premier de la provincia, Kathleen Wynne, dijo que está “muy bien preparado para poner en práctica los aspectos de responsabilidad social” de vender mariguana.

Sin embargo,  a los distribuidores provinciales les preocupa que los amantes de la botella miren con desconfianza a los devotos de la hierba. Sus jefes deben reunirse a mediados de 2016 para discutir sobre si ofrecer brotes de Jamaica Gold junto con Chianti.

Trabajan como hormigas

Trabajan como hormigas

Preparándose. Los productores autorizados deberían encontrar más fácil la transición. Están almacenando un excedente en anticipación de la legalización. El lado médico ofrecerá cierto crecimiento. Tweed y Prairie Plant Systems tienen equipos de ventas como los de las compañías farmacéuticas, que abordan a los médicos directamente. Cannimed, una subsidiaria de Prairie, está realizando ensayos clínicos para ver si el cannabis pudiera aliviar la osteoartritis, potencialmente una fuente de crecimiento conforme los canadienses envejecen.

Sin embargo, la diversión probablemente es la mayor oportunidad. El director ejecutivo de Tweed, Bruce Linton, sueña con bebidas azucaradas impregnadas de cannabis y salmón ahumado con mariguana, aunque no está claro que esos productos vayan a estar permitidos. Aunque la publicidad está prohibida, Tweed está impulsando su marca vendiendo playeras, tarros y patrocinando eventos. Dijo no a un Santa drogado,  pero patrocino el evento Jamaican & World Cannabis Cups, “el principal festival de mariguana del mundo”, que tuvo lugar en noviembre.

Cheech y Chong estuvieron ahí, en espíritu al menos.

 

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