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“Estados Unidos siempre ha sido ambivalente sobre la inmigración”, dijo Anna Crosslin, directora del Instituto Internacional de San Luis, el cual patrocina a refugiados y les ayuda después de que llegan.

En la década de 1840, estallaron peleas en San Luis cuando los alemanes tomaron aversión a los irlandeses recién llegados. Lo mismo sucedió cuando los primeros italianos arribaron a una ciudad entonces considerada la puerta hacia el Oeste. A fines del siglo XX, la afluencia de inmigrantes hispanos y asiáticos creó una tensión conocida.

No fue diferente cuando miles de refugiados bosnios que huían de la guerra civil en la ex Yugoslavia se asentaron en San Luis en los años 90. La ciudad y sus anteriores olas de inmigrantes temían e incluso resentían a los recién llegados, que eran casi todos musulmanes.

Jack Strauss, de la Universidad de San Luis, concluyó que San Luis ahora estaría mucho mejor, comparada con otras grandes ciudades, si hubiera atraído a más inmigrantes.

Cuando algunos construyeron ahumadores en sus patios traseros y asaron corderos enteros, el Instituto Internacional recibió llamadas telefónicas de los residentes locales diciendo que los bosnios estaban asando perros.

RECONSTRUYEN VIDAS

El temor y la sospecha duraron dos o tres años, durante los cuales los recién llegados reconstruyeron sus vidas con una rapidez a veces asombrosa.

Ibrahim Vajzovic tenía 35 años de edad cuando llegó a San Luis en 1994 con su esposa y tres hijos. Pese a que no hablaba inglés, a las seis semanas tenía un empleo a nivel inicial en una planta impresora y rápidamente avanzó para convertirse en gerente de almacén. En 1999, se escribió en una escuela de posgrado y posteriormente obtuvo un doctorado. Hoy es dueño de tres empresas y da clases en la Universidad de Webster. Su hijo es ingeniero, su hija es abogada en un despacho bien conocido en Chicago y su otra hija está en la Escuela de Derecho de Harvard.Bosna Gold es el restaurante donde se disfruta la cocina de Bosnia.

“Hicimos grandes sacrificios”, dijo Vajzovic. Gracias a los industriosos bosnios, todo un vecindario en el sur de San Luis, Bevo Mill, se ha transformado de un área plagada de delincuencia y salpicada de edificios abandonados en un distrito decente con pequeñas tiendas y restaurantes con nombres en los que escasean las vocales: Stari Grad, Grbic.

ASENTADOS

Hoy, más de 50,000 refugiados bosnios y sus hijos viven en el área de San Luis. Han construido dos mezquitas y establecido una cámara de comercio. Su comunidad tiene tasas de criminalidad y desempleo más bajas que en la población en general, y ellos están mejor: Jack Strauss de la Universidad de San Luis ha encontrado que los inmigrantes en el área, muchos de ellos bosnios, ganan en promedio 83,000 dólares anuales o 25 por ciento más que quienes nacieron en Estados Unidos. Se inclinan más por abrir un negocio, son tres veces más propensos a ser calificados en lugar de poco calificados y es mucho más probable que tengan un título avanzado. En general, también los inmigrantes tienen menos probabilidad que los nativos de recibir cupones de alimentos o asistencia en efectivo del gobierno.

Strauss concluyó que San Luis ahora estaría mucho mejor, comparada con otras grandes ciudades, si hubiera atraído a más inmigrantes.

Su población inmigrante conforma 4.5 por ciento del total,  comparado con el 21 por ciento de Chicago.

Como  muchas ciudades en el Medio Oeste, San Luis sufrió por la declinación de la manufactura y el consecuente éxodo de los residentes hacia los suburbios.  En el censo de 1950, se registraron 856,796 residentes, lo que le hacía una de las ciudades más grandes del país. Para 2010, solo 319,294 personas vivían ahí.

APROBACIÓN Y RECHAZO

Esta es una de las razones por las cuales el alcalde Francis Slay no ha cejado en su llamado de dar la bienvenida a los refugiados sirios a su ciudad, pese a la reacción negativa después de los ataques terroristas en París y California. A los líderes de la comunidad bosnia local les gustaría ver más sirios en San Luis. En lo que va del año solo 29 se han reubicado aquí.

En Bosna Gold la actividad era lenta a la hora del almuerzo en un soleado día de diciembre. Ni los empleados ni el solitario comensal hablaban inglés. Toda la atención se enfocaba en la telenovela bosnia que se transmitía en el televisor detrás de la barra. Bosna Gold tiene más actividad en la noche, cuando los hombres llegan a comer tripice, sarma y cevapi (callos, col rellena y salchicha, respectivamente), beber, fumar y hablar de deportes; los bosnios elevaron el nivel del fútbol en San Luis.

La generación de más edad siente nostalgia, dividida entre la buena vida que han creado aquí y el país que dejaron atrás, dijo el abogado Nedim Ramic.

Sin embargo, incluso en medio de las historias de éxito como San Luis, cierta evidencia apoya a los que preferirían mantener fuera a los refugiados sirios.  A principios de este año, seis inmigrantes bosnios fueron acusados de enviar dinero y suministros a terroristas en Irak y Siria. Tres de ellos vivían en el condado de San Luis.

 

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