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Enero es un mes letárgico en Brasil. Más allá de la algarabía en las escuelas de samba —que practican para su lujurioso enfrentamiento anual durante el Carnaval, el cual empezó el 5 de febrero—, los negocios hacen una pausa mientras los brasileños se van de vacaciones en el ardiente verano sureño. Menos autos congestionan las calles y más cuerpos atestan las playas.

Los políticos acostumbran a desconectarse junto con todos los demás. Los congresistas regresan de su receso navideño el 2 de febrero, pero hicieron poco hasta después del martes de carnaval, una semana más tarde. Sin embargo, ni ellos ni la presidenta Dilma Rousseff pudieron relajarse. Una atemorizante enfermedad transmitida por mosquitos ha puesto en máxima alerta a las autoridades de salud. Mientras tanto, las crisis política y económica de Brasil están profundizándose.Militares visitan casas brasileñas para recomendar acciones contra el zika.

Cuando los políticos regresaron al trabajo, tal vez lamentaron el tiempo que no dedicaron a tratar de resolverlos.

 

LA ECONOMÍA

El deslizamiento económico continúa. El número de empleos en el sector formal cayó en 1.5 millones en 2015, el ritmo más rápido de destrucción de empleos desde que empezaron los registros comparables en 1992. Otro millón pudiera perderse este año, estiman analistas. Las ventas de vehículos descendieron en 20 por ciento el año pasado. El Fondo Monetario Internacional predice ahora que el PIB se contraerá en 3.5 por ciento este año, más de tres veces lo que esperaba en octubre. Pese a la recesión, la inflación se ha elevado a casi 11 por ciento, su nivel más alto desde 2002.

Los varones, que son el sostén de su familia, conforman una proporción más alta de los recientemente desempleados que en crisis anteriores, las cuales afectaron principalmente a mujeres y trabajadores jóvenes, señaló Naercio Menezes de Insper, una universidad en Sao Paulo. Eso significa que las penurias causadas por la recesión actual serán mayores.

Para los relativamente jóvenes, el desempleo es una novedad. Muchos entraron en el mercado laboral formal durante el auge de las materias primas de 2003-2013. Nadie sabe cómo reaccionarán a su infortunio, advierte el expresidente Fernando Henrique Cardoso, quien también es sociólogo.

EL CASO PETROBRAS

Conforme crece la miseria, disminuye la capacidad del gobierno para hacer frente a sus causas. Se espera que los fiscales que investigan el enorme escándalo de sobornos centrado en Petrobras, el gigante petrolero y gasero controlado por el Estado, presenten cargos adicionales contra personajes destacados en el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, que ya ha resultado muy empañado por el asunto.

Un motivo de preocupación aún mayor para Rousseff es la amenaza de un juicio de impugnación en su contra por denuncias no relacionadas de que estuvo de acuerdo con el uso de trucos contables para ocultar el verdadero tamaño del déficit fiscal de Brasil.

Su debilidad la hace más dependiente de la buena voluntad del PT y los sindicatos alineados con él, que se oponen visceralmente a las reformas necesarias para estabilizar la economía. Este mes, Rousseff se atrevió a reconocer que los brasileños se retiran demasiado pronto; a los 55 años de edad para los hombres, en promedio. De hecho, admitió que el gobierno no puede estabilizar sus finanzas si continúa dedicando 40 por ciento del gasto sin intereses a las pensiones.

Sin embargo, se retractó ante la resistencia de su partido y los sindicatos. Elevar la edad de retiro sería inaceptable, declaró el PT la semana pasada.

Esto hará mucho más difícil que Nelson Barbosa, el recién designado ministro de Finanzas, contenga el déficit presupuestario, que se acerca al 10 por ciento del PIB. Su idea principal es reintroducir un impuesto a las transacciones financieras, que es aborrecido por las empresas pero es popular entre los aliados izquierdistas de Rousseff. Sin embargo, esto recaudaría solo 2,500 millones de dólares en ingresos extras, una fracción del endeudamiento gubernamental neto, que se espera sea de 122,000 millones de dólares este año.

Rousseff quiere convocar de nuevo a un concejo de expertos, al cual desintegró durante su primer mandato, para que sugieran reformas. Esa parece una táctica dilatoria.

Mientras la política fiscal se tambalea, los economistas también están empezando a preocuparse por la política monetaria.

Después de semanas de insinuar que elevaría las tasas de interés para combatir la inflación, el Banco Central decidió el 20 de enero mantenerlas constantes en 14.25 por ciento. La decisión quizá haya estado justificada, ya que las tasas más altas debilitarían más a la economía y harían incluso más difícil controlar el déficit fiscal, pero pareció una rendición ante la presión política.

El presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, se reunió con Dilma Rousseff dos días antes de la decisión sobre las tasas de interés. Luego anunció el cambio de decisión del banco señalando las predicciones más sombrías del FMI sobre el crecimiento brasileño y mundial, las cuales para entonces no deberían haber sido una sorpresa. En vez de apuntalar la credibilidad financiera de Brasil, el Banco Central la dañó más así.

Camino sin salida

PUGNA • Había pocas posibilidades de que los congresistas adoptaran medidas para reparar la crisis económica cuando regresaron al trabajo. Quienes están presionando a favor del juicio de impugnación de Dilma Rousseff admiten en privado que es poco probable que reúnan la mayoría de dos tercios en la Cámara baja necesaria para enviar la moción al Senado, pero planean alargar el procedimiento en tanto lo permitan los vagos plazos legales.

Eso les permitirá lograr su objetivo de socavar a la presidenta. No hará nada por animar a Brasil.

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