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Si el inicio del año ha sido pésimo para los mercados bursátiles del mundo, ha sido totalmente desastroso para las acciones de los bancos. Las acciones financieras han bajado 19 por ciento en Estados Unidos. Las declinaciones han sido incluso más pronunciadas en otras partes. Las acciones de los bancos japoneses se han desplomado en 36 por ciento desde el 1º de enero, las de los bancos italianos en 31 por ciento y las de los bancos griegos en un horrible 60 por ciento. La caída del 24 por ciento en el índice general de la banca europea le ha acercado a los niveles a que cayó en el verano de 2012, cuando la zona del euro parecía al borde de la desintegración hasta que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, prometió hacer “lo que se requiera” para salvarla.

La aflicción en Europa comprende tanto a grandes bancos como a los más pequeños. Ha afectado a gigantes dentro de la zona del euro como Société Générale y Deutsche Bank, los cuales vieron caer sus acciones en 10 por ciento en cuestión de horas esta semana, así como a gigantes externos como Barclays y Credit Suisse, basados en Gran Bretaña y Suiza, respectivamente.

Capital social nuevo

La aparente fragilidad de los bancos europeos es especialmente decepcionante dados los esfuerzos hechos en los últimos años para hacerlos más vigorosos, a través de la recaudación de capital y una regulación más estricta. Los bancos de la zona del euro emitieron más de 280,000 millones de dólares en capital social nuevo entre 2007, cuando empezó la crisis financiera mundial, y 2014, cuando el BCE se hizo cargo de supervisarlos. Antes de asumir la tarea, peinó los libros de 130 de los bancos más importantes de la zona del euro y encontró solo modestos déficits en el capital.

Parte de la reciente debilidad en las acciones bancarias europeas surge de las preocupaciones más amplias sobre la economía mundial que también han hecho caer a las acciones financieras en otras partes. Una desaceleración en el crecimiento mundial es una amenaza. Otra es que las tasas de interés negativas que están siendo perseguidas por los bancos centrales para tratar de inyectar más vida a las economías debilitan más las utilidades de los bancos. Una retirada en las acciones de los bancos japoneses se convirtió en una desbandada tras esa decisión a fines de enero.

A los inversionistas en los bancos europeos les preocupa no solo el crecimiento deslucido sino también un posible descenso más profundo en territorio negativo por parte del BCE en marzo. El 11 de febrero, el banco central de Suecia redujo su tasa de referencia de -0.35 por ciento a -0.5 por ciento, provocando que las acciones en los bancos suecos se tambalearan.

Raíces profundas

Sin embargo, los males de las acciones bancarias europeas tienen raíces más profundas. El problema fundamental es que hay demasiados bancos en Europa y que muchos no son lo suficientemente rentables porque se han aferrado a modelos de negocios fallidos. Los bancos de inversión europeos carecen de los profundos mercados de capital locales que dan a sus competidores estadounidenses una ventaja. El Deutsche Bank, por ejemplo, solo recientemente resolvió reducir el tamaño de su banca de inversión ante un ambiente regulatorio menos hospitalario tras la crisis financiera.

Sigue habiendo demasiados bancos más pequeños con mal desempeño dentro de los mercados nacionales. Aunque las declinaciones de los precios accionarios de este año han sido más pronunciadas en Grecia, estas reflejan en gran medida las renovadas tensiones políticas en torno a la implementación del tercer rescate del país. Los bancos que provocan preocupación nueva son los de Italia, cuyos problemas van más allá de un exceso de ellos.

Un motivo de preocupación específico es el horrible estado del tercer banco más grande del país -y el más antiguo del mundo-, el Monte dei Paschi di Siena, que ha estado desde hace tiempo en cuidados intensivos y cuyo precio accionario ha caído 56 por ciento este año. Sus males reflejan una mala administración, un problema que plaga a los bancos italianos, muchos de los cuales son propiedad en parte de fundaciones locales políticamente conectadas.

Préstamos malos

Una preocupación más general es que el sector bancario de Italia en general se ve agobiado por los préstamos malos que se han acumulado en los últimos años. Aunque el PIB italiano ha estado creciendo desde principios de 2015, sigue siendo alrededor de 9 por ciento menor a su punto más alto de antes de la crisis, alcanzado a principios de 2008. Esto ha perjudicado a las compañías italianas, y su sufrimiento ha sido transferido a los bancos que les hicieron préstamos. Los préstamos sin desempeño brutos representan 405,000 millones de dólares, 18 por ciento del total, de los cuales 225,000 millones de dólares están especialmente en problemas.

No hay nada nuevo en el alto nivel de préstamos sin desempeño de Italia y, si se puede sostener la recuperación, eventualmente deberían empezar a bajar. Además, más de la mitad de los préstamos más enrarecidos están cubiertos por estipulaciones, lo cual significa que la potencial factura es más manejable, en alrededor de 100,000 millones de dólares en vez de 225,000 millones de dólares.

Lo que ha cambiado este año es un nuevo enfoque europeo para enfrentar a los bancos en problemas, que traslada la carga de los rescates de los contribuyentes a los acreedores quienes son los que “recapitalizan internamente” cuando surgen grandes pérdidas. Estas reglas, que entran totalmente en vigor este año, aunque algunos países las han aplicado en 2015, significan que los tenedores de bonos principales y los depositantes con saldos de más de 112,000 dólares pueden resultar afectados cuando los bancos sean rescatados.

El capital

Los bonos bancarios generalmente están en poder de inversionistas institucionales que pueden cuidar de sí mismos, pero en Italia alrededor de 225,000 millones de dólares están en manos de clientes minoristas que hasta 2011 se sintieron atraídos a invertir en ellos por un tratamiento fiscal favorable. Estos bonos minoristas serían vulnerables si los bancos se quedan cortos de capital tras las grandes cancelaciones.

Este peligro quedó de manifiesto a fines del año pasado cuando cuatro bancos pequeños fueron rescatados en una estampida para evitar las estipulaciones de recapitalización interna más estrictas de este año. Ese proceso atrapó a los tenedores de bonos minoristas que tenían deuda junior, quienes ya podían ser recapitalizados internamente según las reglas anteriores. Uno se suicidó. El furor ha puesto nerviosos a los italianos. Ignazio Visco, gobernador del banco central del país, ha dicho que una transición menos abrupta al nuevo régimen de recapitalización interna habría sido mejor.

Las reglas estrictas también han reducido la capacidad del gobierno italiano, encabezado por el primer ministro Matteo Renzi, para calmar los nervios eliminando los préstamos malos del sistema bancario. En vez de establecer un “banco malo” respaldado por el gobierno para eliminarlos, Renzi ha tenido que adoptar un enfoque más débil en el cual el gobierno garantizará los pagos principales de los paquetes titularizados de los préstamos malos. Los inversionistas simplemente dudan de que este plan les ayude mucho, a juzgar por el desempeño de las acciones bancarias italianas.

Decisiones políticas

PUJA• La frustración con las restricciones europeas sobre el intento de Italia de poner en orden a sus bancos es una razón por la cual Matteo Renzi ha estado haciendo punzantes críticas a la forma alemana de dirigir la zona del euro. Esa tensión política está intensificando el nerviosismo en torno de los bancos italianos.

Las acciones de la banca portuguesa también se han tambaleado, en parte porque un nuevo gobierno de coalición de izquierda alarmó a los inversionistas internacionales por su decisión de imponer fuertes pérdidas a algunos bonos gubernamentales superiores a fines del año pasado.

En la búsqueda de transferir el riesgo de los bancos en quiebra de los contribuyentes a los acreedores, los formuladores de políticas europeos quizá hayan pensado que estaban despolitizando a los bancos. Sin embargo, en la periferia de la zona del euro, la política nunca es periférica.

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