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En agosto pasado, Donald Trump echó de mala manera de una rueda de prensa al periodista Jorge Ramos. El precandidato presidencial no quiso ni escuchar al mexicano que se ha convertido en referencia y altavoz de los latinos en Estados Unidos... ni sus críticas a su discurso antimigratorio.

"¡Vuelve a Univisión!", le lanzó con desprecio el magnate, diciendo que nadie le había dado el turno de palabra. Antes de que un miembro de seguridad lo sacara a la fuerza de la sala, Ramos, desafiante, siguió de pie ante Trump cuestionando su plan para deportar a millones de indocumentados y repitiendo: "Soy periodista, ¡tengo el derecho a hacer la pregunta!".

Este sonado episodio, sintomático del talante del empresario y del periodista estelar de la cadena hispana Univisión, ocurrió cuando Trump sólo llevaba dos meses en campaña y nadie podía imaginar que su discurso incendiario contra los inmigrantes y a favor de muros kilométricos en la frontera le convertirían en el favorito para ganar la campaña republicana de cara a las elecciones de noviembre.

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"Nos hemos equivocado garrafalmente en no haberlo enfrentado desde el principio. Muchos gobiernos y muchos medios de comunicación sencillamente no reaccionaron ante el peligro de alguien que atacaba a inmigrantes, musulmanes y mujeres", dice en una entrevista con la AFP en México este veterano presentador de 58 años, al que la revista Time incluyó el año pasado en la lista de las 100 personas más influyentes del planeta.

Ramos reconoce que "lo grave y lo peligroso" es que Trump capitalizó un sentimiento antisistema latente en Estados Unidos, de decepción con los partidos tradicionales, y "ha permitido que afloren sentimientos de racismo y discriminación que muchos creían que ya no existían".

"Lo que ha ocurrido es que hay una verdadera revolución demográfica en Estados Unidos, una revolución en que los blancos van a ser minoría dentro de 30 años. Entonces, yo creo que hay una resistencia de muchos norteamericanos a que su país, sus acentos, sus colores, cambien", cree.

Un inmigrante famoso

Este mexicano afincado en Miami (Florida) se autodefine como inmigrante pese a que, a diferencia de millones de sus compatriotas, tiene la nacionalidad estadounidense.

Llegó al 'otro lado' hace más de 30 años, después de que la cadena mexicana Televisa -cercana al gobierno- le censurara, asegura, su primer reportaje.

Su éxito en el país vecino ha crecido en paralelo a la población de latinos, que se estima en 55 millones, la mayoría indocumentados.

Desde 1986, Ramos conduce el informativo estelar de Univisión, que ven cada noche 2,5 millones de personas en Estados Unidos. Los domingos presenta un programa de entrevistas, escribe una columna semanal y, desde 2013, también lidera en inglés el programa "America with Jorge Ramos" en el canal Fusion.

Ramos -ojos azules, pelo blanco impoluto y apariencia apacible- se ha ganado la fama por sacar las garras para denunciar injusticias y desafiar con preguntas afiladas a los poderosos.

En el discurso de agradecimiento de la revista Time hace un año, pidió la renuncia del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, pero su última cruzada es contra Trump porque cree en un periodismo que "tome partido" y le horroriza imaginárselo en la Casa Blanca.

"Listo" para entrevistar a Trump

Trump dijo hace dos meses que estaba dispuesto a aceptar una entrevista del "anchor (not) baby" de Univisión, haciendo un juego de palabras con la palabra ancla o presentador y la forma en que en Estados Unidos se refieren a los niños nacidos de inmigrantes sin papeles.

Pero Trump no ha respondido a los mensajes del equipo de Ramos.

"Yo estoy listo cuando él esté listo para hablar, pero creo que él sabe que va a ser una entrevista dura, de confrontación y no quiere ahorita", sonríe el mexicano.

Luego, recuerda en voz alta: "Nadie, absolutamente nadie, puede llegar a la Casa Blanca sin los latinos".

Sin embargo, Ramos minimiza su poder entre esa población. "Yo no tengo el poder de cambiar un presidente, no tengo el poder de darle una visa a nadie. Nuestro poder, como periodistas, es hacer preguntas, es cuestionar a los que tienen el poder".

Pero Ramos acumula premios y libros. El 12° que presenta estos días es "Sin miedo" en el que, a través de una veintena de entrevistas a personajes "rebeldes" y políticos "poderosos", teje una suerte de decálogo personal.

"El lugar del periodista es el contrapoder", asevera.

Convencido de que un reportero no debe tener afiliación a ningún partido, Ramos parece un poco incómodo cuando se le pregunta por el trabajo de su hija Paola en la campaña de la precandidata demócrata Hillary Clinton.

De hecho, cuando le ha tocado entrevistar a la candidata o moderar un debate demócrata, lo recuerda en pantalla, para que quede claro que "no hay conflicto de interés".

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