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La temperatura de Ciudad de México aumentó hasta 3 grados en los últimos 100 años, por encima del promedio mundial, debido a un crecimiento urbano descontrolado que también ha multiplicado en el año los días de calor intenso, despojándola del confort climático que la caracterizaba, según expertos.

Los ventiladores y aires acondicionados no son habituales en las casas de la capital, así que algunos capitalinos enfrentan malhumorados los fuertes calores de estos días, y otros simplemente corren hacia las fuentes de plazas públicas.

En una tarde de esta semana, que coincidió con una de las más contaminadas del año, parejas de adolescentes sudorosos besándose y mujeres con hijos pequeños, esperaban a la sombra a que el agua de la fuente del Monumento a la Revolución volviera a correr.

"¡Corre, corre, hija!", le gritó eufórica Cruz Bonilla, una cirujana dentista, a su nieta cuando las hileras de chorros de agua que surgen del piso se volvieron a activar.

"El calor está demasiado fuerte. Las recomendaciones son ahorita que no se ponga uno a andar mucho en el sol (...) pero pues uno quiere hacer su vida cotidiana, no podemos estar encerrados en la casa", comentó luego la mujer.

Las ondas de calor, llamadas así porque suben el mercurio del termómetro por arriba de los 30 grados Celsius, se han vuelto cada vez más frecuentes en esta ciudad rodeada de montañas, que la convierten esos días en una enorme olla bochornosa a la que los estresados capitalinos no están acostumbrados.

Sustitución de bosques por cemento

"La temperatura en la Ciudad de México ha aumentado entre 3 y 4 grados centígrados, que es mucho más que el grado centígrado del promedio mundial", comenta Víctor Magaña, investigador del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma deMéxico (UNAM).

Esos datos están sustentados en cifras de la Red de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México. Esa base de datos indica que la temperatura máxima promedio de 1986 fue de 20,1 grados Celsius, mientras que en 2015 fue de 23,9 grados.

En los últimos años el aumento de la temperatura "se ha acelerado en las regiones hacia las que crece la ciudad (...) donde se sustituye bosque por cemento", expuso el experto.

Como resultado de ese crecimiento "caótico, que se deja a la oferta y demanda de las inmobiliarias", en la metrópoli de más de 20 millones de habitantes, las ondas de calor en los últimos años han pasado de ser "dos o cinco" por año "a unas 20", prosiguió.

"Paradigma naturalista"

Esta semana las autoridades activaron medidas de contingencia ambiental prohibiendo durante tres días el uso del 40% de los 5,5 millones de vehículos que hay en la ciudad, después de que el lunes la concentración de ozono pasó de los 150 puntos.

La relación entre aumento de temperatura y contaminación es compleja.

Magaña explicó que las "condiciones de altas temperaturas favorecen la reacción química de ciertos contaminantes", pero consideró que debe evitarse caer en el "paradigma naturalista" que consiste en atribuir el aumento de la temperatura al cambio climático global para evadir responsabilidades, como lo ha hecho el gobierno "en los últimos años" a pesar de "su discurso ecologista".

En la capital mexicana "no hay reglas de construcción en cuanto a los niveles de vegetación o los cuerpos de agua que debe haber", así que además de más calor, la Ciudad de México sufre también más humedad y como resultado "estamos perdiendo ese confort" que caracterizaba el clima de la ciudad, añadió el experto.

Conocimiento ecológico lento

Algunos ambientalistas proponen la instalación de terrazas verdes como medida para contener el calentamiento climático local, pero requeriría del apoyo del gobierno para que fuera efectivo.

Rodeada de plantas comestibles cultivadas en pequeños contenedores de madera reciclada, que están colocados en puntos estratégicos del techo de un edificio que destaca por la frescura que lo envuelve, la activista Lily Foster consideró que por el momento esa alternativa no puede ser "el freno para el aumento de la temperatura de la Ciudad deMéxico".

El calentamiento de la Ciudad de México, y el de otras ciudades superpobladas, se debe en efecto al crecimiento de grandes zonas habitacionales edificadas sobre cerros o a veces incluso sobre viejos y ya secos cuerpos de agua, reconoce María Amparo Martínez, titular del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INCC) del gobierno mexicano.

"El conocimiento de las consecuencias de nuestros actos no ha evolucionado al mismo tiempo que nuestras capacidades para evitarlos", lamentó la funcionaria.

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