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Dieciséis años después del mensaje de Nelson Mandela que hizo despegar la movilización contra el sida, expertos y políticos se reúnen el lunes en Sudáfrica en la 21º conferencia internacional sobre el virus para impulsar una batalla que pierde fuelle.

Unos 18.000 científicos, médicos, militantes, juristas y suministradores de fondos acudirán a la ciudad costera de Durban (este) para evaluar hasta el viernes los avances en la lucha contra la enfermedad, que ha causado más de 30 millones de muertos.

"El mensaje dirigido al mundo entero este año desde Durban será que es muy temprano para cantar victoria. El camino es todavía largo", dijo a la AFP el presidente de la Sociedad internacional sobre el sida, Chris Beyrer.

Para presionar a los participantes, unas mil abuelas sudafricanas, obligadas a cuidar de sus nietos huérfanos por culpa de la enfermedad, organizaron una manifestación en Durban.

"Para nosotras las abuelas, la vida es muy difícil. Tengo que salir adelante con todos estos niños, y nadie me ayuda", dijo Thandiswa Ndovela, de 63 años, que perdió a dos de sus hijas enfermas de sida y está criando sola a sus ocho nietos.

"Hay millones de abuelas sufriendo en silencio. Estamos en una situación desesperada", explicó otra manifestante, Sylvia Sibisi, de 66 años, a cargo de tres nietos.

En el año 2000, Sudáfrica -con una de las tasas de infección más elevadas del mundo- ya acogió la conferencia bienal, con un cariz esa vez más político que científico.

El presidente sudafricano de entonces Thabo Mbeki suscitó una polémica al negar, meses antes, la relación entre el virus de la inmunodeficiencia adquirida (VIH) y el avance del sida. Mbeki defendía que la enfermedad se debía en los países subdesarrollados a la malnutrición y la falta de higiene, y no al virus.

"Fue un momento muy lamentable", subrayó Chris Beyrer.

Finalmente, bajo impulso del expresidente sudafricano Nelson Mandela, quien describió la epidemia como "una de las mayores amenazas para la humanidad", la conferencia superó una etapa clave frente a la inconsciencia oficial del gobierno.

Reveló también la desigualdad en el acceso al tratamiento entre los países ricos y pobres, e hizo posible reducir los precios de los medicamentos.

Dieciséis años más tarde, no hay todavía vacunas contra el sida. Los pacientes dependen de tratamientos antirretrovirales, con efectos secundarios y precios elevados.

La ONU se fijó por objetivo poner fin a la epidemia en 2030. Pero después de la importante reducción registrada en 2010, empezó a invertirse la tendencia en algunas regiones, especialmente en Rusia.

Unos 36,7 millones de personas padecen sida en el mundo, principalmente en África subsahariana. Y solo 17 millones reciben tratamiento.

"Debemos llegar a los 20 millones restantes, y eso requiere medios", explicó Chris Beyrer.

¿Generación sin sida ?

La francesa Françoise Barré-Sinoussi, premio nobel de medicina por haber participado en el descubrimiento del sida, insiste en la necesidad de financiamiento.

"Este año es crucial. Necesitamos (...) hacer todos los cambios necesarios para evolucionar hacia una generación sin sida. Pero no estamos listos", advierte.

"La incidencia de la infección en muchos países no disminuye", agregó a la AFP. "Debemos invertir de nuevo en la investigación, pues se requieren instrumentos suplementarios de prevención y tratamiento".

En el mundo, los avances son desiguales. Los casos de nuevas infecciones por el VIH cayeron un 6% desde 2010, de 2,2 millones a 2,1 millones, y las muertes relacionadas con el sida bajaron casi a la mitad desde los 2 millones registrados en 2005.

Sudáfrica administra el más importante programa de tratamiento del mundo. "El mundo ya no nos mira como a parias", se congratuló el ministro sudafricano de Salud, Aaron Motsoaledi. Pero la batalla está lejos de estar ganada con 300.000 nuevas infecciones en ese país en 2014-2015, y unos 2.000 jóvenes contagiados cada semana.

El número de infecciones crecen en el norte de África y en Oriente Medio, región donde más progresa la epidemia.

En Rusia, donde el número de infecciones alcanzó un millón el año pasado, la resistencia del gobierno a organizar programas para los homosexuales y los toxicómanos exacerba la crisis.

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