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Suena un tango. Las parejas se abrazan y danzan entrelazadas, en un diálogo mudo donde él guía y ella se deja llevar, pero en Argentina el "tango queer" se baila sin importar el sexo con un audaz viceversa de roles por el placer de bailar.

"El tango es reflejo de la sociedad, un código social donde el poder lo tiene el varón", explica Yuko Artak en una clase de tango queer en Buenos Aires.

La escuchan parejas de hombres, de mujeres y mixtas abiertos a la idea de bailar un tango más horizontal y despojado de etiquetas de género.

"Uno, dos y tres", Yuko guía los pasos de baile a Liliana Chenlo, su partenaire y desde hace una década bailarina del 2x4. Poco después se detienen cambian el abrazo y Liliana conduce. Toda una revolución en el rígido y masculino mundo tanguero.

En sus albores el tango era "cosa de hombres". Lo bailaban entre ellos en reductos de poca monta.

Su aceptación en la sociedad más acomodada permitió incluir a la mujer como compañera de baile, aunque siempre sujeta a los pasos que marque el varón. Jamás se bailó entre mujeres.

"El tango queer busca una apertura de ese código, la pluralidad de pasarnos los roles y romper el binomio exclusivo de baile hombre-mujer", explica Yuko, nombre artístico de esta argentina de 35 años.

Liber-tango

Los puristas del tango fruncieron el ceño con Astor Piazzolla, el fallecido creador del "Libertango", que revolucionó el género con su estilo contemporáneo con aires de jazz.

También la libertad que propone el tango queer presenta resistencias.

En marzo dos mujeres que bailaban tango juntas fueron expulsadas de una milonga en una plaza pública de Montevideo, la otra capital tanguera en el Río de la Plata.

"La cabeza de la gente está un poquito cerrada en este tema", admite Liliana con una sonrisa comprensiva. "Es cuestión de que lo puedan entender desde el sentimiento. No importa el sexo de la persona con la que bailes sino cómo sentís el tango", sostuvo.

Alexis e Ignacio están pisando los 30 años y toman clases de tango queer. "Es bueno poder salir de la masculinidad forzada, ver el tango como movimiento", dice Ignacio.

Abrir caminos

En ese andar Yuko y Liliana subieron este año al escenario del Mundial de Tango en Buenos Aires para competir como pareja queer.

En el Mundial compitieron unas 500 parejas de 45 países, entre ellas dos parejas gays, una de Rusia y otra local. Pero la de Yuko y Liliana fue la única 'queer'.

Apenas pudieron bailar en las rondas clasificatorias, pero el objetivo no era ganar.

Para la competición fue Liliana quien guió los pasos de Yuko y no hubo cambio de roles en el escenario, una concesión "para no confundir al público y al jurado", explican al unísono.

"El vestuario y el arreglo se propuso destacar que somos dos mujeres que bailan tangojuntas", sostiene Liliana que llevó su largo cabello recogido y vistió un ceñido pantalón rojo con un corset negro que resaltaba su figura.

En el pasillo donde aguardaron para subir al escenario, algunos bailarines se acercaron a felicitarlas.

"¡Son dos mujeres!", se asombró Julián Sotelo, un jubilado de 74 años con traje a rayas y estirpe tanguera, revolviéndose en el asiento de la platea cuando Yuko y Liliana salieron al escenario. "Eso no es tango", murmuró con una sonrisa ladeada aún antes de verlas bailar.

Milonga queer o queer en la milonga

"Todavía el ambiente de milonga para el tango queer es reducido", explica Yuko.

En Buenos Aires hay algunas, muy pocas para el florido universo milonguero que ofrece la noche porteña.

"Ninguna milonga 'convencional' incluye un espacio queer, lo queer está limitado a milongas exclusivas, falta dar ese paso", dice.

Las dos coinciden en que su participación en el Mundial contribuye a la inclusión.

"Nos da una visibilidad única para que se vea al tango de otra manera", afirma Liliana.

"Cuando la gente se concientice de que el tango es sólo abrazarse y bailar, enconces todas las cuestiones de género se borrarán", se esperanza.

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