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  • EFE

El inminente traslado del mercado tokiota de Tsukiji, la mayor lonja de pescado del mundo, está en el aire debido a la contaminación del subsuelo en su nueva sede, tras una serie de errores políticos que podrían pasar factura tanto al turismo como a los comerciantes.

Millares de turistas extranjeros y compradores locales abarrotan a diario las decadentes callejuelas de Tsukiji, entre pescaderías y restaurantes que exhiben cajas de más de 450 especies autóctonas de pescados, mariscos, moluscos y otros productos frescos y preparados.

Pero esta lonja tiene los días contados en su céntrica ubicación entre el barrio de Ginza y la desembocadura del río Sumida, donde se encuentra desde hace ocho décadas.

Dentro del proceso de renovación que vive la capital nipona para acoger los Juegos Olímpicos de 2020 y en plena explosión del turismo extranjero, el Gobierno decidió trasladar el mercado a Toyosu, una isla artificial adentrada en la bahía de Tokio y próxima a la Villa Olímpica, donde contará con instalaciones más amplias y modernas.

El proyecto ha suscitado el rechazo de muchos turistas, de parte de la población local y de los trabajadores del mercado, oposición que ha crecido con una serie de complicaciones y fallos de gestión que han retrasado indefinidamente el traslado inicialmente previsto para noviembre.

La alarma pública saltó con la detección de sustancias tóxicas en las aguas subterráneas bajo la nueva sede -procedentes de una planta de gas anteriormente situada en el mismo terreno- y su posible impacto sobre la salubridad del mercado.

Personas comprando en el mercado Tsukiji / EFETsudoi Fukuhara, propietaria de una tienda de tamagoyaki (tortilla japonesa), señaló a Efe que le "preocupa" el problema del terreno contaminado al tratarse de unas instalaciones que albergarán alimentos.

La incertidumbre sobre el traslado puede acarrearle pérdidas económicas puesto que ya ha pagado el nuevo su equipamiento, por lo que reclama al Gobierno de Tokio "que aclare ya la situación" y explique si va a compensar a los comerciantes.

Por los mismos motivos, Masato Miyake, responsable de una pescadería, ve "imposible" que el mercado pueda ubicarse en Toyosu, y destacó además la necesidad de "proteger la tradición" que representa el viejo Tsukiji.

Tanto su tienda como otras incluidas en el área denominada Tsukiji Jogai (zona exterior a la lonja) y que representa aproximadamente un tercio del actual Tsukiji permanecerán en su situación, mientras que el grueso del mercado irá a parar a Toyosu.

La "maldición" de la nueva sede se remonta a 2008, cuando las autoridades tokiotas encargaron un estudio del subsuelo y obras para descontaminarlo, pero la ineficacia de estas medidas ha causado que los niveles de arsénico y benceno sean aún mayores y ha disparado el coste del proyecto de traslado.

La nueva gobernadora de la capital, Yuriko Koike, quien llegó al poder en agosto tras situar entre sus prioridades la transparencia y la revisión de costes de todas las obras para Tokio 2020, encargó una investigación cuyas conclusiones señalan a altos funcionarios de la anterior administración.

"El Gobierno falló gravemente a la hora de cumplir su responsabilidad y de dar explicaciones a los ciudadanos", dijo Koike al presentar a comienzos de mes las primeros resultados de la investigación, quien también calificó la actual situación de las instalaciones de Toyosu como "una vergüenza".

El coste del traslado podría elevarse hasta los 588.400 millones de yenes (unos 5.100 millones de euros), un 36 por ciento más de lo inicialmente previsto, pero también reportará al Gobierno metropolitano ingresos cuantiosos gracias a la recalificación del terreno, en el cotizado distrito de Chuo-ku.

Las nuevas instalaciones también han recibido críticas por su lejanía -se ubican a unos dos kilómetros al este del actual Tsukiji, aunque conectadas por metro- y por su aséptico aspecto exterior, que se asemeja a un gigantesco hangar o almacén industrial.

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