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  • AFP

Una intervención precoz a los dos años de edad puede mejorar el pronóstico de los casos de autismo, si se ayuda a los padres a comunicarse con su hijo, disminuyendo los síntomas de la enfermedad, con resultados medibles incluso seis años después la acción terapéutica.

Esta es la conclusión de un estudio británico publicado este miércoles por la revista médica The Lancet, en el que se compara a 152 niños divididos en dos grupos.

El primer se benefició de una intervención precoz y el grupo control de la asistencia que se da habitualmente en los centros especializados.

Todos los menores fueron seguidos en promedio durante seis años.

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Según la revista, este es el primer estudio en identificar el efecto en el largo plazo de una intervención precoz en los casos de autismo.

Los resultados son "alentadores", estimó el director del estudio, el académico Jonathan Green, de la Universidad de Manchester, quien destacó la atenuación de la mayoría de los síntomas.

El experto destacó que esta terapia no es un "remedio", ya que los niños, pese a la mejoría, siguen presentando síntomas de la enfermedad.

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Este método se basa en grabar a los padres interactuando con sus hijos para que los terapeutas puedan ayudarlos a entenderse y a comunicarse mejor.

Después los padres reciben 12 sesiones de terapia durante seis meses, seguidas de sesiones mensuales durante el semestre siguiente.

Además deben comprometerse a dedicar entre 20 y 30 minutos cada día a las actividades de comunicación y a los juegos planificados con los niños.

En términos generales, los autores del estudio constaron que en el grupo en el que se aplicó este enfoque hubo una disminución del 17% de la proporción de niños con síntomas graves, frente al grupo control.

En el seguimiento se constató además una mejora de la comunicación de los niños con sus padres y los progenitores relataron además un progreso de sus hijos a la hora de vincularse con sus pares, de entender la comunicación social y un alivio de los comportamientos repetitivos.

Sin embargo, en ninguno de los grupos se registró una mejora de los indicadores de salud mental como ansiedad, depresión o de las actitudes desafiantes.

En su crecimiento, los niños con autismo van a seguir necesitando ayuda en muchos aspectos de su vida, estimaron los autores del estudio, que siguen trabajando para mejorar su método.

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