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Béa Diallo, uno de los mejores pesos medianos de su tiempo, busca sobre el cuadrilátero alejar a los jóvenes belgas del yihadismo, un acercamiento al lado oscuro que él mismo sintió después de ser atacado en su juventud por 'skinheads' en París.

"El boxeo me permitió ser el hombre que soy. (...) Ahora intento trasladar esta fuerza y las enseñanzas que recibí a una generación que se siente perdida y abandonada por la sociedad", explica este púgil musulmán a la AFP en el gimnasio donde imparte clases.

Diallo, nacido en Liberia hace 45 años de padre guineano y madre senegalesa, conoció en su juventud el rostro de la violencia. En la capital gala, donde su padre ejercía como diplomático, un grupo de 'skinheads' le atacaron a él y a un amigo suyo, que perdió un ojo.

"Fue a partir de ese momento que realmente sentí una revuelta en mi interior y me volví hiperviolento", recuerda. "Si hubiera ocurrido en un contexto como el actual, en el que hay gente que viene a lavarte el cerebro, podría haber terminado en la yihad".

La lectura sobre la vida de Gandhi y de Martin Luther King, históricos defensores de la no violencia como una herramienta de la desobediencia frente a las injusticias, hicieron que dejara atrás esa época oscura y el boxeo se convirtió en una escuela de autodisciplina.

El boxeo, con el que se inició a los 16 años y le reportó el primero de sus seis títulos internacionales en 1998 frente al estadounidense Rob Bleakley, dio paso a su compromiso político en Bélgica, donde actualmente se ocupa de los temas de juventud, empleo e inserción social como parlamentario regional.

Un combate contra todos

La pasión por este deporte de lucha, sin embargo, nunca le ha abandonado. En el gimnasio "Emergence XL" del distrito bruselense de Ixelles, este padre de cuatro niños, pañuelo rojo en la cabeza, se siente "muy próximo" a sus jóvenes aspirantes a púgiles, algunos de ellos vulnerables a la propaganda yihadista.

"Sienten que el mundo es injusto y, por tanto, que pueden convertirse en los justicieros de este mundo. Creen que actuando de tal o tal manera pueden cambiarlo", explica Diallo, quien, tras las clases de boxeo, suele conversar sobre islam, radicalismo o yihad con los "muchachos".

El 22 de marzo, un atentado reivindicado por el grupo yihadista mató a 32 personas en Bruselas. Un día después, pidió un minuto de silencio en su gimnasio, que pareció no gustar a alguno de sus alumnos a quienes preguntó: "¿Por qué ponen esa cara?".

"Musulmanes, cristianos, judíos, árabes, negros, blancos. Atacaron a todo el mundo. Podría haber sido su madre, su padre, su primo, su hermana (...) No es un combate del islam contra Occidente, es un combate contra todos ustedes", les respondió.

Según las últimas cifras oficiales, 465 belgas se encuentran actualmente en Siria en las filas del EI, regresaron de allí o intentaron enrolarse como combatientes extremistas, convirtiendo a este reino de 11 millones de habitantes en uno de los países europeos con mayor número de combatientes yihadistas respecto a la población.

Algunas salas de artes marciales de Bélgica atraen a los jóvenes candidatos a la yihad, pero "Emergence XL" rechaza admitir a nadie que quiera radicalizar a sus alumnos, explica Diallo, convertido en "un símbolo de integración exitosa" en Bélgica.

Para el parlamentario boxeador, "la yihad no es ir a matar a otra persona". "No, es el combate que he llevado a cabo toda mi vida que me ha permitido convertirme en alguien. Y este es el trabajo que intentamos enseñar a través especialmente del deporte".

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