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El Día Internacional de la Internet Segura, realizado este martes, estuvo centrado este año en el ciberacoso y sus consecuencias para los niños y adolescentes. Ya sean fotos malintencionadas en Snapchat, comentarios desagradables en Instagram, perfiles falsos en Facebook o videos humillantes en WhatsApp, el “ciberbullying” tiene muchas formas. Algunas claves:

¿Cuán grave es el problema? Al fin y al cabo, los ataques en internet no son nuevos.

Es cierto, pero recientes encuestas apuntan a que el ciberacoso está siendo subestimado. “Está muy vigente, por ejemplo, a través del uso creciente de los dispositivos móviles”, asegura Peter Widlok, de “klicksafe.de”, una iniciativa de la Unión Europea (UE) que coordina las acciones en torno al Día Internacional en Alemania.

Este martes se inició además una semana contra el acoso escolar para aumentar la sensibilización de la gente. Una gran parte de la comunicación de los jóvenes se produce hoy en día online. Si se ven afectados por el “bullying”, hay que esperar que esto se produzca tanto de forma analógica como digital, subraya Widlok. “Ya casi no existe el acoso a secas, sin el prefijo ciber”.

¿Qué hace tan peligroso al ciberacoso? 

Por una parte el efecto multiplicado de la red y por otra la dificultad de borrar las agresiones, señala Uwe Leest, de la Alianza contra el ciberbullying. Los contenidos negativos se propagan a enorme velocidad y pueden ser guardados, editados y reenviados prácticamente siempre.

Otro problema grave es que el anonimato hace que el agresor no se contenga. Y muchos acosadores no son conscientes de las consecuencias de sus actos, porque no las viven de manera directa. “Las lágrimas no se ven. A causa de ello falta el reflejo psicológico de parar una vez que la víctima está hundida”, opina Leest.

¿Cuán extendido está el acoso en internet?

Es difícil decirlo con exactitud, porque las cifras varían. Un estudio mundial online de la empresa de telefonía Vodafone y del instituto de opinión pública YouGov de 2015 reveló que uno de cada cinco jóvenes ha sido víctima en algún momento de ciberacoso. Y según otro estudio reciente, uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 19 años se han enterado de que en su círculo de conocidos alguien ha sido acosado en internet o a través del smartphone. Un ocho por ciento reconoció haber sido víctima de ciberacoso, las niñas algo más (un nueve por ciento) frente al siete por ciento de los varones.

¿Qué efectos psíquicos y físicos tiene?

“Sabemos de la neurología que los centros del dolor del cerebro reaccionan ante este aislamiento y humillación”, explica Joachim Bauer, neurobiólogo y psicoterapeuta de la Uniklinik de Friburgo. Y esto se refleja en comportamientos agresivos o depresivos. “La autestima se ve golpeada masivamente, los afectados se retraen por vergüenza”. Muchos, sin embargo, también reenvían las agresiones a otros, “son víctimas y victimarios a la vez”.

¿Solamente se ven afectados jóvenes? 

No. “No se creería la edad que tiene la gente que nos llama”, dice Leest, de la Alianza contra el Ciberbullying. Cada vez hay más ataques online en el trabajo entre compañeros, y muchas víctimas acaban de baja por enfermedad. Algo que convierte al ciberacoso en un problema incluso económico.

 

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