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A lomos de un búfalo, Shogun sonríe. El niño autista de cinco años participa en un taller del ejército tailandés donde estos animales sirven de terapia.

Shogun acude dos veces por semana a Lopburi, en el centro de Tailandia, como otros veinte compañeros aquejados del mismo síndrome.

Pasean, juegan con balones a lomos de búfalos y participan en pequeños talleres artísticos.

Varios estudios recientes han demostrado que la interacción con animales tienen consecuencias positivas en el desarrollo socioafectivo de los niños autistas.

Esta terapia, que cuenta con el respaldo de la familia real, es una excepción en Tailandia, donde los programas destinados a los niños con una minusvalía escasean.

Para los budistas las desgracias tienen una causa. Nada es fortuito y el destino depende de los actos realizados en vidas anteriores.

Pimporn Thongmee, la abuela de Shogun, ha visto progresos increíbles en su nieto desde que participa en el programa.

"Antes le costaba muchísimo separarse de mí", explica. "No conseguía tranquilizarse ni concentrarse y gritaba mucho pero ahora logra jugar con los demás".

En teoría, la legislación tailandesa otorga a los minusválidos los mismos derechos que el resto de la población, pero la realidad es menos idílica.

Tailandia va a la zaga en materia de equipamiento.

En el sudeste de Asia la idea budista del destino kármico frena la implementación de una política progresista y relega a muchos discapacitados a la pobreza o a vivir ocultos.

Manit Kaewmanee tuvo que sacar a su hijo del colegio, donde los demás niños lo acosaban.

"Me entristece cuando la gente dice que está loco, que no puede hablar, ni comportarse en sociedad, que es una vergüenza", cuenta.

El sargento mayor Kajohnsak Junpeng, responsable de la formación, asegura que la lentitud de los búfalos aporta serenidad a los niños.

"Y si los niños se cuelgan de la cola, no les dan coces como los caballos, no hay accidentes", explica.

El militar nunca se imaginó que un día estaría al mando de un ejército de búfalos al servicio de jóvenes autistas, pero se siente "orgulloso" cuando ve "los progresos de los niños".