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  • AFP

En un pueblo de Camboya, al menos 13 mujeres se han convertido en madres de alquiler en los últimos meses, pero la reciente prohibición de esta práctica pone en peligro una fuente de ingresos importante para muchas familias pobres.

En el sureste de Asia, la gestación subrogada fue durante años una especialidad de Tailandia, hasta que los militares en el poder decidieron prohibirla a los extranjeros.

La consecuencia es que Camboya ha tomado el relevo pero la prohibición de esta práctica en noviembre pasado ha creado una ola de pánico.

"El año pasado un agente vino a nuestra casa para proponer a mi hija 10.000 dólares para ser madre de alquiler", recuerda Chhum Long, una mujer de 60 años, que recibe a la AFP en el pueblo de Puth Sar, en la provincia de Takeo (sur de Camboya).

"Somos muy pobres, por lo que enseguida aceptó", recuerda mientras pela un mango verde en su modesta cocina.

El pueblo, rodeado de campos de arroz y de palmeras, está a sólo una hora de la capital de Phnom Penh, la capital de Camboya. Pero aquí las calles son de tierra, las casas de madera y chapa y la mayoría de habitantes no tienen electricidad.

"Finalmente nuestra vida no ha cambiado tanto como esperábamos. Pensábamos comprar una nueva casa pero seguimos sin tener una casa de verdad y seguimos siendo pobres", asegura.

El jefe del pueblo, Ouk Savouen, está de acuerdo. "Sus condiciones de vida no han cambiado. No se gastaron el dinero poco a poco y de manera inteligente", lamenta.

Según él, en el pueblo hay cuatro mujeres embarazadas, contratadas después de que prohibieran la maternidad subrogada en el país.

El negocio de las madres de alquiler se ha desarrollado muy rápidamente en Camboya, donde el precio para las familias es muy bajo, comparado con el de Estados Unidos, por ejemplo.

Además la falta de regulación facilita que las clínicas acepten tanto a parejas heterosexuales como homosexuales.

Pero en noviembre de 2016 el gobierno prohibió esta práctica para evitar "el tráfico de mujeres y niños".

Parejas angustiadas

Según Chou Bun Eng, que dirige un comité del ministerio del Interior contra el tráfico de seres humanos, la nueva ley era indispensable para evitar que "Camboya se convirtiera en una fábrica de bebés".

"Camboya es pobre pero no queremos reducir la pobreza comerciando con la gestación", asegura.

La semana pasada empezó un juicio contra una enfermera australiana, acusada de haber dirigido una clínica especializada en la maternidad subrogada.

La prohibición sin previo aviso desató una ola de pánico, tantos en las mujeres como en los futuros padres.

"Hay parejas que están muy angustiadas, no saben lo que pasará" explica Josh Lam, responsable de New genetics Global, una plataforma mundial dedicada a la gestación subrogada.

"Ahora los que quieren sacar a los bebés del país necesitarán meses, porque es obligatorio pasar ante un tribunal", explica por su parte el australiano Sam Everingham, fundador de Families Through Surrogacy, una asociación especializada.

A pesar de las dificultades, las mujeres camboyanas con las que habló la AFP y que ya fueron madres de alquiler están dispuestas a volver a serlo.

Romduol -el nombre ha sido modificado- gana 200 dólares al mes trabajando en una fábrica textil pero como madre de alquiler ganó 10.000 dólares, una cifra que puede llegar hasta 50.000 en los casos de algunas parejas extranjeras.

"Lo hice porque tenía muchas deudas que no podía pagar con mi salario de obrera", explica esta madre soltera con tres hijos.

No es la única en querer volver a hacerlo, como Champei -nombre modificado- que explica que pudo comprarse un terreno gracias a lo que ganó gestando un bebé para una pareja de holandeses.

"Quiere ser de nuevo madre de alquiler para construir una casa en el terreno", explica.

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