•   Yakarta, Indonesia  |
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  • EFE

Promesas de sanidad y educación gratuitas, matrimonios forzados y decapitaciones son algunas de las experiencias relatadas por una familia indonesia que vivió durante 22 meses en los territorios del Estado Islámico (EI) en Siria.

El funcionario Dwi Djoko Wiwoho y su familia, que según la ley no pueden ser procesados por crímenes cometidos fuera de Indonesia, viajaron a la "capital" del proclamado califato del EI, Al Raqa, en el verano de 2015 y permanecieron allí hasta junio de 2017, cuando escaparon para regresar finalmente a su país el pasado agosto.

En Indonesia fueron interrogados durante un mes por la Agencia Nacional Antiterrorista (BNPT, en indonesio), que recientemente difundió un vídeo con testimonios de varios miembros de la familia que cuentan su odisea y lo que vivieron en la utopía islámica.

Tras escuchar la propaganda del EI y contactar con militantes a través de Internet, Wiwoho y 26 miembros de su familia, incluidos niños y bebés, abandonaron la estabilidad de su hogar en las islas Riau, en el oeste del archipiélago.

En el verano de hace dos años, viajaron desde Singapur a Turquía y desde allí intentaron cruzar la frontera con Siria en grupos separados.

Las autoridades turcas arrestaron a nueve de ellos y les deportaron a Indonesia, mientras que el resto consiguió llegar a su destino, según la BNPT.

Nurshadrina Khaira Dhania, la hija de 16 años de Wiwoho, asegura que la decepción de los que consiguieron acceder a territorio del EI fue inmediata y que los hombres de su familia se negaron a combatir, por lo que fueron apresados temporalmente.

"Dicen que como musulmanes, todos somos hermanos y hermanas. Pero la realidad está alejada de lo que dicen y comparten en internet", dice Dhania en el citado vídeo.

Los deportados relatan a la cámara su experiencia y motivaciones mientras la música y edición añade dramatismo, como parte de una campaña de las autoridades de Indonesia, país que cuenta con la mayor población musulmana del mundo (más de 225 millones).

Además de trabajo para los hombres, operaciones gratuitas y educación para los niños, la familia esperaba vivir en una "auténtica" sociedad islámica.

"Dijeron que habría escuela gratuita, pero cuando llegamos allí ordenaron a mis hijas que se casaran. Muchas personas se ofrecieron para casarse con mi hija y me pidieron que les dijese si empezaba a menstruar", asegura Wiwoho, que en otro momento de la grabación rompe a llorar.

"Nunca las vi (las ejecuciones), pero he visto cadáveres que han sido ejecutados. Ocurrió dos semanas antes de volver. Había una torre con un reloj, los cuerpos fueron colgados, y utilizaron sus cabezas para que los niños jugasen con ellas", afirma por su parte Heru Kurnia, tío de Dhania.

Finalmente, la familia escapó el pasado junio a una zona en las afueras de Al Raqa controlada por las Fuerzas de Siria Democrática, lideradas por milicias kurdas y, tras pasar por Irak, fueron deportados a Indonesia.

Una fuente de la BNPT que estuvo presente durante los interrogatorios a la familia tras su vuelta a Indonesia y prefiere mantener el anonimato dijo a Efe que "nadie sabe si es verdad que nunca fueron miembros del Estado Islámico".

La familia, que ya se encuentra en libertad, sigue un programa antiradicalización que provee formación profesional y que continuará un máximo de seis meses.

La actual ley antiterrorista indonesia no permite procesar a personas que han cometido crímenes fuera del territorio indonesio, aunque el Parlamento discute desde principio de año un borrador de ley que sí permitiría responsabilizarles en el país asiático o retirarles la nacionalidad en el extranjero.

A pesar de que los números son relativamente bajos en comparación con la población total musulmana en Indonesia, fuentes oficiales estiman que más de 500 nacionales han viajado a Siria para unirse al EI y más de 400 han sido deportados en la frontera con Turquía desde 2015.

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