• Jul. 23, 2007, 3:25 p.m.

Es increíble ver las imágenes de unas veinte personas “churequeras”, del basurero municipal de Tipitapa, desenterrando una cantidad de latas de sardinas vencidas, que minutos antes habían sido quemadas y sepultadas por una empresa distribuidora.
El factor común, ségún estas personas, era el hambre, pese a que no faltó quién les dijera que el producto estaba vencido, y que las consecuencias podrían ser hasta mortales.
Como si se encontrasen en el coro de alguna Iglesia repetían: “No, si está bueno”, y hasta llegaron al punto de ofrecerle una probadita a una periodista de canal de televión local.
Una mujer expesó que con lo obtenido del desperdicio municipal iba a apaciguar el hambre por un mes ¿Quién le asegura que iba a sobrevivir ese tiempo, después de sufir la intoxicación alimenticia?
A lo largo del tiempo he comprendido que estas personas han encontrado un estilo de vida, no sé si heradada de algún gobierno, y que se escudan bajo la excusa de que no hay trabajo.
Aún recuerdo la última ocasión en que por mi casa pasó una mujer de unos 35 años, con un niño en brazos y con una lánguida niña de unos seis años, quienes llegaron a pedir comida, pero esa vez mi mamá le dijo:
-Vé, necesito a alguien que me ayude con los quehaceres domésticos y de paso te doy el almuerzo y unos centavitos.
Esa propuesta para aquella mujer fue como que mi madre le echara encima un balde de agua fría y sin decir nada se fue a prisa, para no volver más.
¿Qué habrá sido de ella y de las criaturas? Seguramente la pequeña familia cambió de rumbo ante la propuesta laboral.
He escuchado incontables veces el dicho, en boca de madres, que reza: “Hago cualquier sacrificio por mi hijo” y me extraña que esa mujer no haya pensado en sus criaturas.
Así es que no les creo el cuento de que no hay trabajo, porque lo que me parece que hace falta voluntad para ganarse un dinero con dignidad y no andar mendingando. Más bien mendigar se ha vuelto un estilo de vida de unas décadas a la actualidad.
Me pregunto: ¿Quién no ha pasado hambre? Y me refiero a la mayoría de ciudadanos que no nacimos en cuna de oro y aguantamos hambre en una época, para ser alguien en la vida.
Mi memoria guarda aquellos dos años difíciles en la que “me tiré la roja” en la universidad. El estómago “rechinaba” por un alimento y no tenía la posiblidad de comprar al menos un paquete de galletas, para “matar el tigre”.
La mayoría de compañeros de trabajo comentamos las penurias que pasamos por superarnos y ser alguien en la vida, así que sufrir hambre no es una historia ajena a nosotros, los periodistas.
Así es que creo que en la veintena de personas que vi en la “chureca” municipal de Tipitapa podría estar un profesional, pero no los culpo por una “cultura” heredada por algún gobierno que favoreció a unos cuantos con cosas ajenas.

Escrito por Orlando Barrios · viernes julio 20, 2007 ·

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