• Mayo 22, 2013, media noche

La calidad de la educación, no solamente es una construcción social compleja, y que por serlo es de difícil aprehensión teórica y metodológica, sino que también es una categoría relativa, imposible de conceptualizar en términos generales, que sirva a todas las personas, clases, sectores sociales o instituciones, para todos los países y todas las épocas.

 

Asumir la calidad de la educación como una construcción compleja, multivariable y multicausal, y en la que en el proceso de su producción intervienen múltiples factores exógenos y endógenos, es radicalmente diferente y opuesto, a la posición promovida por un sector de la inteligencia educativa en nuestro país, que esgrimiendo una ideología que por su reduccionismo podríamos llamar magisteriocentrista, concentra su atención en los maestros y maestras señalándolos de ser los únicos responsables de la calidad de la educación.

 

Como si en estas personas, cuyo oficio es ser docentes, se realizara este constructo social, y como si los estudiantes, que es en quienes sí se realiza el mismo, pasaran las veinticuatro horas del día bajo el mismo techo y compartiendo la misma mesa de sus maestros y maestras, sin la intervención de ningún otro factor, interno o externo, a la relación de quien aprende y quien enseña.

 

Entiéndase, no afirmamos que el factor docente no sea importante. Claro que lo es. Si afirmase lo contrario sería negar mis cincuenta y un años de vida en el magisterio. El problema es que junto al maestro y la maestra existen muchos otros factores de todo tipo, que facilitan u obstaculizan el proceso de aprendizaje de los estudiantes y por ende el proceso de enseñanza de los maestros.

 

Los factores externos al proceso enseñanza-aprendizaje en el aula de clases son más, mucho más, que los propios padres y madres de familia, yendo desde el propio estudiante como unidad biológica, psicológica y sociológica, hasta el origen social de clase de sus padres y por ende el tipo de colegios al que asisten sus hijos, y los factores endógenos o internos a la vida escolar, que son más, mucho más, que solamente los propios maestros, yendo desde el currículum y su pertinencia hasta el número de horas que el estudiante asiste a la escuela y comparte con sus maestros y sus compañeros de clase la experiencia de aprender.

 

Así las cosas, diario cuando una niña, un niño o un adolescente van camino a la escuela, él o ella cargan consigo, junto a sus cuadernos en la mochila, una determinada cantidad de insumos objetivos y subjetivos de carácter cognitivos, afectivos y actitudinales, que le preparan a desaprender, reafirmar viejos aprendizajes o aprender, bien o mal, nuevos contenidos culturales para ser convertidos en nuevos aprendizajes.

 

De la cantidad y calidad de esos insumos de entrada al proceso educativo, va a depender en mucho la cantidad y calidad de esos aprendizajes, los que después se van a reflejar no sólo en las calificaciones en el boletín escolar del o la estudiante, sino también en sus diferentes tipos o niveles de actuación en la vida personal, familiar y social, y aún más en la vida futura del o la estudiante, en su tránsito camino a su educación permanente.

 

Estos son algunos de los factores exógenos productores de calidad en el campo de la educación escolarizada. No obstante en el proceso enseñanza-aprendizaje no participan solamente insumos externos a las instituciones educativas, sino también internos a las mismas, entre los cuales se encuentran, obviamente, los maestros y maestras.

 

Así las cosas, cuando esos niños, niñas y adolescentes cruzan el umbral de sus centros educativos, con lo primero que se van a encontrar antes de llegar al aula de clases a reunirse con su maestro o maestra, va a ser con los carteles que recuerdan obediencia a las normas y reglamentos disciplinarios de la administración escolar. Ahí comienza a construirse la calidad de su educación. Después vendrán las notas en conducta, los Actos de Graduación, las Leyes de Tránsito y el Estado de Derecho.

 

 

* Profesor UNAN-Managua

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